Los mundos que nos tocó vivir.

Muchas veces hemos escuchado “el mundo que me tocó vivir”, y esa frase ya no la podemos dar por buena, porque la mayor parte de nosotros ya hemos vivido en varios mundos y los que nos quedan. Esta situación nos obliga a convertirnos en seres “súper flexibles”, capaces de adaptarnos con rapidez a los cambios de mundos en el seno de una modernidad líquida que se derrama sin tregua.

A la gran mayoría de nuestros antepasados les tocó vivir un mundo al que tuvieron que acomodarse, eso suponía que debieron adaptarse a unos estándares económicos, sociales, laborales, familiares… Nosotros tendremos que acostumbrarnos a cambiar varias veces de maneras de vivir.

A mis 53 años me ha tocado vivir varios momentos históricos que han funcionado como  mundos regidos por patrones diferentes. Por eso, muchas personas de mi edad y anteriores a la mía, asistimos atónitas y sin dar crédito a lo que está ocurriendo porque en una sola generación se acumulan cambios históricos que en otros periodos de la humanidad han necesitado siglos y generaciones en producirse. Así el presente/futuro se nos presenta como un horizonte de acontecimientos que se amontonan  con rapidez en un frenético fluir.

Mis mundos. Así los habité, estoy habitando y preparándome permanentemente para habitarlos.

Los primeros recuerdos que tengo son de los años 60 del siglo XX, ante mí se desplegaba un mundo con unas coordenadas bien definidas en lo social donde el futuro era predecible en función de la cuna. Un mundo que se había fosilizado en el tiempo tras una guerra cuyos efectos psicológicos se extendían a las décadas siguientes.

Ese mundo estaba regido por unos estándares, cuya fusión determinaba un paradigma (forma de ver la realidad) con unos esquemas mentales rígidos, dando lugar a una realidad económica, social y laboral. Yo era parte de ese mundo que surgió décadas atrás.

El objetivo en este mundo era ganarse la existencia, encontrar una estabilidad laboral y formar una familia.

A finales de los años 70 y principios de los 80 el mundo comenzaba a cambiar, me di cuenta que debía deshacerme de muchas cosas y pensamientos automáticos que había aprendido, ya no me servían. Realmente no sabía qué cosas tenía que cambiar, pero seguir pensando como me habían enseñado lo veía tiempo perdido.

En estos años se produjo un quiebre histórico, el futuro dejó de ser una cosa predecible, la tecnología cambió, el círculo social de relaciones se amplió, la televisión sustituyó a la radio, los horizontes mentales se agrandaron, el miedo entró en regresión y dejó su lugar a la esperanza.

El objetivo en este mundo era estudiar una carrera y conseguir un trabajo cualificado de por vida.

A mediados de los años 90, experimenté como el mundo se expandía y se comenzaba a atisbar un tiempo completamente nuevo con unos rasgos desconocidos, desconcertante y lleno de incertidumbre pero a su vez atractivo y cargado de posibilidades.

Un mundo nuevo por inventar donde el objetivo no era la carrera sino el ser partícipe de la transformación del mundo mismo.

Mi devenir por estos mundos ha hecho que transite por diversos itinerarios laborales (ganadería, obrero del campo y la construcción, funcionario, cargo público, formador, consultor gubernamental, emprendedor…); un proceso acompañado de un esfuerzo diario  y a lo largo de la vida de aprender/desaprender/reaprender, más allá de la carrera y resto de estudios académicos que cursé. Sin embargo, hace 25 años entendí que las oportunidades del nuevo tiempo estaban en la innovación, el emprendimiento y el liderazgo.

Los horizontes de los mundos ¿con qué soñamos en cada momento histórico? ¿Cuáles son nuestras conversaciones de presente y de futuro?

Cada momento histórico tiene un estado de ánimo definitorio que se hace transparente en las conversaciones sociales de ese tiempo. En mi pueblo, cuando era pequeño, el estado de ánimo reinante era el miedo, más por la impronta del pasado que por la existencia de peligros reales, ahí descubrí que la historia puede derramarse en el futuro y condicionarla  por completo si no aprendemos a superarla. Mis paisanos hablaban de la dureza del tiempo pasado y la añoranza de un futuro mejor pero sin grandes sueños, como si el hecho mismo de soñar fuese una frivolidad más propia de inconscientes. La clave de este tiempo era la posición social que habías heredado y con la que habías nacido (un mundo rígido).

A principios de los años 80 pude experimentar como comenzaba a abrirse paso otro mundo que rompía las coordenadas del anterior, un tiempo que invitaba a hacer nuevas cosas y abría el horizonte de posibilidades. La clave de ese tiempo era el conocimiento, a través del esfuerzo y el estudio se podía mejorar la posición y la condición con la que uno venía al mundo. Los jóvenes podíamos ser artífices de nuestro futuro y con ello resarcir a nuestros mayores de lo que para ellos fue prohibitivo (nunca podremos compensarlos por sus desvelos y fatigas).

A mediados de los 90 aparecen las primeras evidencias no de un cambio de tiempo, sino de algo mucho más profundo, un cambio de época; la emergencia de un mundo completamente nuevo que se atisba en su plenitud con la llegada de Internet. La clave de este tiempo es la acción, la innovación y el emprendimiento. La posición y el conocimiento pierden su significado frente a los nuevos rasgos de la modernidad. El estado de ánimo es de desconcierto pero en clave de posibilidades.

Estos son mis 3 mundos vividos en tan solo medio siglo, lo que me ha supuesto un esfuerzo titánico para reinventarme y adaptarme a cada situación con fortuna desigual. Mis conversaciones, sentimientos, sueños y aspiraciones forman parte de estos 3 dominios a los que he tenido que ir acomodándome. Los mundos cuando han sido habitados con plenitud no desaparecen por completo, dejan poso y marcan el devenir.

Reconozco los sueños que dominan en cada mundo en las personas que conocí y que nacieron a finales del siglo XIX y principios del XX, también de las que lo hicieron en los años 30 y 40, aspiraciones relacionadas con lograr un oficio en la vida con el que construir una posición, y más adelante con tener una carrera. Lo que me preocupa de este hecho es que los nacidos después de mediados del siglo XX no entendamos que esos mundos murieron y se abren otros completamente nuevos, un nuevo paradigma con nuevos esquemas mentales y nuevas reglas. Y no me preocupa especialmente por las personas de edad que ya tenemos nuestra vida hecha, sino por la imagen distorsionada del mundo que vendemos a nuestros hijos, al empujarlos desde la educación a un mundo agotado y en desaparición por nuestra incompetente falta de visión histórica.

En las largas conversaciones de las noches de verano escuchaba las predicciones que las personas mayores hacían acerca de la tecnología y el futuro, me sorprendía que las cosas que pronosticaban ya estaban sucediendo; ahora también me sorprenden las conversaciones pobres que tenemos las personas de mi generación (obsesivos de las carreras) donde hablamos de más bienestar, más tiempo libre, más consumo… Mientras nos perdemos las grandes conversaciones transformadoras de nuestro tiempo, esas que están manteniendo las personas que crean el futuro: convergencia tecnológica, singularidad tecnológica, fin de la muerte, hibridación ser humano/máquina, posthumanismo…

La clave para habitar el nuevo mundo es la actitud, el arrojo, el atrevimiento; el conocimiento es auxiliar por ubicuo, abundante y barato. El nuevo mundo se edifica desde la innovación, que no es conocimiento sino sensibilidad, visión y actitud. Al mundo ya no le importa el conocimiento que tienes sino lo que sabes y pretendes hacer con él; innovar, emprender y liderar tu vida y tu sueño es tu carrera en el futuro.

Si ya es complejo adaptarse a las coordenadas de un mundo, no digamos a las de 3 y de los que quedan por venir, pues la única certeza que tenemos es el cambio mismo. Una mirada al horizonte nos hace entrever que los cambios serán cada vez más bruscos y repentinos (nos tocará vivir y adaptarnos a más mundos que están por llegar).

Abrazar la incertidumbre no es una elección, es una condición necesaria para desenvolvernos con éxito en la vida, la especie humana después de ser sedentaria durante 7000 años ha vuelto al nomadismo, convirtiéndonos en viajeros y nómadas laborales (knowmads).

¿Qué necesito aprender para desenvolverme en los nuevos mundos que vienen?

Un conjunto de competencias que son antiguas y no obsolescentes, que funcionaban desde tiempos inmemoriales y lo seguirán haciendo en cualquier contexto en el que estén presentes seres humanos. A través de ellas desarrollamos la innovación, el emprendimiento y el liderazgo. Las hemos reunido para ti en el MODELO 6-9 y las aplicamos a la educación, la administración, las organizaciones y las empresas.

El MODELO 6-9 nos ayuda a dar saltos y hacer la transición de un mundo a otro.

Los antiguos griegos tenían un olfato especial para leer el tiempo histórico, por eso inventaron dos palabras para definir el tiempo: Cronos para referir el tiempo anodino y Kairós para describir los momentos donde ocurren las cosas importantes. Irremediablemente, en este momento vivimos el Kairós y este simple descubrimiento debe transformar toda nuestra emocionalidad para atrevernos a hacer cosas importantes y nobles.

El tiempo es implacable, Machado nos dejó una lección para vivirlo con humildad pero a su vez con vocación transformadora (todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre el mar… ).

Al final, ¿qué es nuestra vida sino paso y camino? Desde el pasado que llevamos en la mochila, la esperanza en el futuro y la utopía que nos da fuerza  para perseguir nuestros sueños, como lo canta Atahualpa Yupanqui: “…cada cual con sus trabajos, con sus sueños cada cual, con la esperanza delante, con los recuerdos detrás… con un horizonte abierto que siempre está más allá y esa fuerza para buscarlo con tesón y voluntad. Cuando parece más cerca es cuando se aleja más…”.

Lecciones de vida para descubrir cuando los mundos se acaban y hay que aprender a vivir en otros nuevos e inventar el nuestro propio.

Adelante, siempre Adelante!!!

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2 pensamientos en “Los mundos que nos tocó vivir.

  1. Josilen Soza

    Interesante Juan Carlos todo lo que escribes con mucha lógica a lo largo de los años van terminando etapas y comenzando otras nuevas y hasta aveces desconocidas me a llamado mucho a atención aprender / desaprender/ reaprender porque sin casi darnos cuenta esto es lo que pasa.

    Un saludo

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