Una causa por la que vivir.

El mundo se nos ha desordenado, en los próximos años tendremos que construir un nuevo orden para poder seguir viviendo juntos, necesitaremos llegar a acuerdos globales para redefinir la economía, las finanzas, el trabajo o la educación. Estamos abocados a un nuevo contrato social para habitar la complejidad y la incertidumbre, a un New Deal (nuevo trato). 

En la construcción del nuevo orden, cada uno de nosotros tenemos una tarea, y hay que hacerlo bien, con responsabilidad,  porque de lo contrario estamos expuestos a un estallido social con graves consecuencias y sufrimientos.

Y ya que tenemos que crear un nuevo mundo, hagámoslo mejor que el actual. Es el momento para arrimar todos el hombro, animando a cada persona a que construya un legado para las futuras generaciones, que encare su vida desde un propósito elevado, desde una causa por la que merezca la pena luchar y vivir.

Los desafíos que enfrentamos son tan grandes que no vale con que cada persona tenga una carrera, un oficio, un proyecto o un propósito. Necesitamos que cada persona defina su propia causa con la que pueda inspirarnos y darnos fuerza para seguir adelante.

Cultivar la sensibilidad, la responsabilidad por el todo, el hacerse cargo de lo que nos aqueja, de lo que nos aflige. Son tantos y tan grandes los retos que tenemos por delante que va a ser necesario comprometer, equipar y empoderar a cada persona para que invente o abrace una causa. ¿Qué quieres ser de mayor? Ya no es la pregunta, la pregunta es: ¿Cuál es tu causa?

La sociedad te necesita, en este momento tienes una responsabilidad contigo mismo y con todos nosotros, con tu familia, con tu comunidad, con tu ciudad, con tu país y con el mundo. Necesitamos que te hagas cargo de algo que no funciona; nos da igual si eres estudiante, camarero, oficinista, político o banquero. Necesitamos que nos ofrezcas la mejor versión de ti mismo.

De hecho, estamos esperando de ti que nos declares una causa, una causa para tener un aire más puro, un agua más limpia, unos alimentos más saludables, una ciudad más acogedora, unas relaciones más sanas, un espíritu más noble, unas personas más felices… Y en todo este escenario tienes muchas causas vacantes esperando a que te hagas cargo de alguna de ellas, en el trabajo, el arte, la cultura, el deporte, la ciencia, la tecnología… muchos espacios de poder esperando a que los ocupes… muchas personas huérfanas de sentido y horizontes que estarían dispuestas a seguirte

Es el momento de que des el salto de espectador a actor, de figurante a protagonista.  No es tiempo para el titubeo, es tiempo de acción. Necesitamos sentirte fuerte en tus convicciones, aunque dudar es de humanos. El error forma parte de tu aprendizaje, es tu indicador de éxito, porque significa que ya estás en marcha, que te estás moviendo, que avanzas.
Si apuntas al cielo puedes llegar a la Luna, si apuntas cien metros más adelante, te pegarás el tiro en los zapatos. Si intentas lo imposible puedes lograr lo difícil.

Al mundo le importa un bledo lo inteligente que eres, las cosas que sabes o los títulos que tienes. La gente está esperando a ver si detrás de lo que haces hay un valor superior para la comunidad, da igual si eres agricultor, profesora, médico, alcaldesa o albañil. El mundo se está preguntando quién eres, en quién te quieres convertir y qué valor puedes aportar a los demás.

Así que sorpréndenos con un fuerte compromiso, que sea motivante, original, retador, transformador… capaz de convocarnos como comunidad y movilizarnos en torno a un gran proyecto colectivo de futuro. Invítanos a construir una gran obra y no nos preguntes por nuestras identidades ni de dónde venimos, emplea tu esfuerzo en la acción, en construir algo juntos, algo grande, algo que merezca la pena.

Cuando tengas una causa de verdad y estés entregado por completo a ella, los demás nos sumaremos a ti, el mundo se convertirá en tu aliado, el universo conspirará contigo y dios se unirá a tu propósito.

Para empezar, lo único que tienes que hacer es dar el primer paso, si tu propósito es noble y tu ánimo inquebrantable, el camino se abrirá ante ti.

Tú no has venido al mundo para hacer lo fácil, estás aquí para mejorar el curso de la historia, para hacer un mundo mejor, para dejar la casa de todos mejor de como te la encontraste. Tú eres un ser improbable que has tenido la suerte de nacer fruto de un cúmulo de casualidades. Tú no puedes desperdiciar tu vida subiéndote al tren de la historia para mirar por la ventanilla y vivir de la inercia y la herencia del pasado.

Tú eres un ser único e irrepetible, un ser que cuenta con la potencia para curar enfermedades, sanar el planeta, hacernos la vida más cómoda, el trabajo menos fatigoso, para impresionar nuestro oído con una bella melodía, para escribir un poema que nos levante la mirada…  Y lo que esperamos de ti es que nos inspires, que te hagas cargo de algo que nos importa, que nos hagas partícipes de algo grande, que hagas de tu vida una obra de arte, que nos ilumines el camino. Necesitamos que nos proporciones un sueño pensado con grandeza, pero a su vez concreto y práctico. Y que consagres tu vida a ello, en cuerpo y alma, entregando lo mejor de ti.

Puede ser que cuando te vayas, tu obra no haya concluido aún, pero recuerda que lo que haces en vida tiene su eco en la eternidad. Nos habrás legado una causa, una causa por la que merece la pena luchar, vivir y morir.

Una causa por la que te recordaremos siempre. Eso es lo que esperamos de ti en este complejo momento en el que necesitamos repensarnos, rediseñarnos y resignificarnos.

Adelante!!!

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4 comentarios en “Una causa por la que vivir.

  1. Margarida Giralt Doya

    Una muy buena reflexión, espero que muchas personas lean tus aticulos y los difundan, para expandir esta energía y compromiso por lo humano.Gracias

    Responder
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