No pidas peras al olmo. La administración mata la innovación y las creencias limitantes hacen el resto.

Vivimos buena parte del tiempo contándonos mentiras, haciéndonos trampas en el solitario, diciéndonos medias verdades, hablando de lo superficial, postergando lo importante, procrastinando (aplazando los deberes y las decisiones), dominados por emociones paralizantes. Sin salir de este círculo vicioso no podemos abrirnos a la innovación, el liderazgo y el emprendimiento; en un entorno institucional que en lugar de favorecer el progreso es un lastre para el avance económico y social.

Poder, institucionalidad e innovación. Las instituciones actualmente son un freno al progreso.

La innovación necesita un ecosistema  favorable para su desarrollo, y eso es incompatible con el celo de las administraciones por tenerlo todo bajo control.

Vivimos en una realidad líquida caracterizada por la velocidad, la obsolescencia y un acontecer frenético que desborda sus límites a cada momento. Y ante ese mundo líquido que fluye como un magma incandescente, la administración (institucionalidad, poder) trata de frenarlo haciéndolo sólido a través de la regulación. La realidad líquida choca con la administración sólida, una contradicción en toda regla.

Normas y leyes frenan en seco la innovación. La nueva realidad exige flexibilidad y vivimos en una hiperregulación que estrangula el progreso global. ¡Lamentable!

Instituciones y administraciones viven temerosas de perder su poder ante los cambios frenéticos que se están produciendo, de ahí que se encastillen en el marco legal para mantener su estatus,  y por otro lado, generan nuevas normativas que atascan el avance de la modernidad. De esta manera tenemos una tecnología capaz de solucionar problemas globales en la salud, movilidad o medio ambiente; y no podemos hacerlo porque quienes detentan el poder no tienen la voluntad de introducir los cambios normativos para hacerlo posible.

El talento no prospera, está perseguido, como norma general: + talento = – recompensa social. Cuando las instituciones y el poder hablan de la importancia de cultivar el talento, la intención última es identificarlo para neutralizarlo.

La innovación se frena de manera intencionada. A ver si nos enteramos de una vez: la innovación es la antítesis del statu quo, de lo establecido.

El emprendimiento se debilita. El emprendimiento necesita ambientes favorables que faciliten el desarrollo de iniciativas.

Y el liderazgo decae. Frenado por los celos de los que detentan el poder, temerosos de perder sus prebendas.

La innovación es el juego para alterar el orden de las cosas. Retar lo  establecido para crear algo nuevo, rebeldía positiva para encauzar la realidad por nuevos derroteros, una guerra abierta y permanente a la vulgaridad.

Cuando abrimos las puertas a la innovación, el emprendimiento y el liderazgo, hemos de estar dispuestos a sacrificar la posición en aras a un propósito mayor.

El exceso de regulación nos está matando, los ecosistemas más fértiles y los países más prósperos son los que menos puertas ponen al campo, los que entienden los signos de los nuevos tiempos y favorecen su llegada.

En la lógica de nuestras viejas instituciones, cuando algo comienza a funcionar, échate a temblar porque pronto aparecerá la administración para poner un marco regulatorio que frene su avance y acabe frustrándolo.

En la misma lógica se diseñan las políticas públicas, y en consecuencia se gastan los dineros de los presupuestos. Así se construyen infraestructuras y polígonos industriales para la Segunda Revolución Industrial cuando estamos en la Cuarta, modelos educativos del siglo XIX y XX para el siglo XXI… Siempre intentando solidificar el futuro con los moldes del pasado, repitiendo clichés para que nada se escape al control.

Cuando la administración se enfrenta a una situación nueva, en lugar de mirar a las tendencias del futuro, lo hace al pasado y pregunta: ¿Cómo se hizo? Y actúa en consecuencia. Así paraliza el avance, levantando barreras regulatorias por todos lados. Todo ello genera una crisis y unos costes enormes de confianza, dedicándose la mayor parte del gasto público al control (funcionarios, policías, abogados, jueces, fiscales…). Al final la mayor parte de la sociedad trabaja de controlador y supervisor, vigilándonos unos a otros para que se cumplan unas leyes (supervisores, supervisores de supervisores, supervisores de supervisores de supervisores…). Un ambiente irrespirable en el que todos desconfiamos de todos.

El poder es refractario al cambio. La lógica de las viejas formas de institucionalidad es cortar la cabeza al que sobresale.

El viejo poder es el subterfugio de los incompetentes que harán todo lo posible para que nada se mueva, si quieres mover algo, hazlo de abajo arriba y no esperes a que las estructuras administrativas te lo faciliten ¡Será tiempo perdido!

Lógicamente, si acabas influenciado por la negatividad de las situaciones que te acabo de contar, seguro que no podrás edificar nada positivo ni abrirte a la innovación, el emprendimiento y el liderazgo. Y  ¡Cuidado!  Porque ese es uno de los enemigos más potentes que tienes que vencer, pudiéndote  conducir a la inacción y anular tu fuerza de voluntad.

Los falsos mitos que nos limitan e impiden la realización de nuestros logros.

Si al efecto del freno de las administraciones al progreso global le unimos una serie de malas prácticas que están presentes en nuestro actuar y formas de conducirnos:

  • El mito “yo frente al mundo”: “lo logré yo solo”, “todo fue gracias a mi esfuerzo”…
    Para hacer cualquier cosa importante necesitamos a los demás, si vives en la patología del llanero solitario, estás a punto de convertirte en un don nadie.
  • El mito del “habilidoso intrigante”: “lo logré sin esfuerzo”, “gracias a mis dotes de persuasión”…
    Y así, puede que todavía puedas encantar a alguna serpiente despistada más, pero el cenit y la caída en el pozo es sólo cuestión de tiempo.
  • El mito del “desconfiado”: “no te fíes”, “nunca des el primer paso”, “no arriesgues”…
    Y acabarás con el mundo dándote la espalda.
  • El mito del “agraviado”: “yo soy bueno y los demás son malos”, “tengo mala suerte”, “la culpa de lo que me pasa es de otros”…
    Y el mundo huirá de ti como de un apestado, la gente no quiere cenizos a su lado (bastante tiene cada uno con sus problemas).
  • El mito del “vengativo”: “sé el daño que me hiciste y no olvido ni perdono”, “espero el momento oportuno para ajustar cuentas”…
    Vivirás como un prisionero, amarrado a quien te causó el quebranto y la gente se alejará de ti.

Si analizas los rasgos de nuestra cultura y sus reflejos en el arte, la literatura, el cine; verás como reproducen una serie de patrones que nos destrozan (individualismo, manipulación, victimismo, venganza, desconfianza…). Emociones desde las que creamos los relatos y realidades que acaban penetrándonos hasta el tuétano.

De los referidos mitos y las emociones que nos producen, no podemos deshacernos, pero al menos es posible reconocerlos y trabajar sobre ellos para no convertir ñ nuestra existencia en un erial.

No pidas peras al olmo, nuestro mundo está diseñado para frenar el ímpetu creador, la innovación, el emprendimiento y el liderazgo; una parte del trabajo lo realizan nuestras instituciones y el resto nuestras convenciones sociales. El futuro está ahí para conquistarlo, enfocándonos en lo importante y huyendo de los tics de una sociedad e institucionalidad cuyo cometido es desbaratar la iniciativa humana. Si decides hacerte presente y ser protagonista, deberás hacerlo con otros, construyendo alianzas y compromisos.

Adelante!!!

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Un pensamiento en “No pidas peras al olmo. La administración mata la innovación y las creencias limitantes hacen el resto.

  1. Manuel Palomo Calderón

    Enhorabuena Juan Carlos, generalmente me gustan mucho tus articulo, pero este es escepcional porque describe claramente la realidad actual que estamos viviendo, y como dices, es lamentable que al final todo se limite a mantenes el status de unos pocos que dirigen.

    Sólo tengo al esperanza, de que con los avances actuales, el acceso a la gran cantidad de información y cultura, hagan de las próximas generaciones, pueblos lo suficientemente críticos como para realmente dejar que le mundo avance a su propio ritmo.

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