Los relatos que crean nuestros mundos y tu marca personal.

Cada uno de los mundos que conocemos y en los que vivimos (oriental, occidental, árabe, latino, economía, trabajo…), está constituido en torno a un relato, es decir, de una ficción inventada por alguien que le confiere su esencia. Sin darte cuenta, el mundo, a ti también te  valora por el relato que vas contando de ti mismo.

Básicamente el ser humano, a diferencia de otros animales, es un mono que cuenta cuentos. Fabricamos historias para dar sentido a nuestro pasado y a nuestro futuro, así hilamos acontecimientos pretéritos a nuestra conveniencia para elaborar leyendas sobre las que sustentar identidades, patrias y quimeras.

Una nueva forma de ver la historia de la humanidad y a nosotros mismos como creadores y seguidores de relatos.

De la misma manera inventamos cuentos del futuro en forma de utopías y distopías (paraísos e infiernos). Al recrear las posibilidades del futuro en clave positiva (posibilidad/oportunidad), facilitamos que los acontecimientos puedan seguir un determinado curso de acción para crear valor. Para que una realidad cuaje, necesita de un discurso que la preceda, y esto está en la base de cualquier acto creativo, y en la declaración misma que pone en marcha el nacimiento de un mundo (“primero fue el verbo” en sus diferentes variantes está en el origen  de diversas cosmogonías).

En muchas ocasiones he sostenido que el ser humano es un animal relatodependiente que necesita una interpretación trascendente de su pasado y una dirección significativa de su futuro, por eso compramos historias fabricadas de lo que fuimos y de lo que seremos junto a otros.

Si quieres construir una nueva realidad, crea un relato poderoso.

La historia de la humanidad está hecha a partir de comunidades de personas que se han organizado en torno a narrativas, dando origen a identidades históricas, religiones, países, economías, culturas… Así los relatos del Corán, La Biblia, La Torá, Los Vedas, El Capital, Locke, Heráclito, Parménides…; con sus utopías y distopías, crean nuestros mundos.

Cooperamos como especie cuando encontramos un relato que nos inspira y conmueve. Así, una persona puede dar su vida por una patria o una causa, aún a sabiendas de que la realidad que subyace a ambas solo es un relato inventado.

Creamos nuestra realidad cuando nos ponemos a colaborar en torno a un relato, cuando todos nos creemos una misma historia, la damos por buena y  elevamos a la categoría de verdad. Y esto funciona con la economía, la religión, el deporte…

El relato es el cemento que une a las personas en torno a una ficción colectiva que nos permite coordinarnos y hacer cosas juntos.

Y en esencia, ¿qué es una civilización? Mas que un cuento del pasado y del futuro, de lo que fuimos y seremos juntos aceptado por una gran parte de una comunidad humana en un tiempo histórico para conferir sentido a una ficción que alguien inventó.

Los relatos de dónde venimos y adónde vamos. La historia de las religiones y los nacionalismos.

Tal es nuestra dependencia y fascinación por los buenos relatos, que estamos dispuestos a comprar todo tipo de historias verosímiles e inverosímiles, incluidas las que nunca podremos verificar, las del más allá.

Tan fructífero es el campo del relato en este dominio que ha permitido el surgimiento de 4.200 religiones, cada una de ellas pobladas de deidades compitiendo en poder y señorío.

Pese al reguero de muerte y destrucción que han sembrado las religiones a lo largo de la historia, genocidio solo comparable a los nacionalismos en todas sus formas y manifestaciones. El aporte de ambos a la civilización ha sido muy importante.

Desde los primeros estadios de la humanidad, las religiones lograron unir a personas y pequeñas comunidades que “iban por libre” para colaborar y cooperar. Así pudimos entender que juntos éramos más fuertes y tal vez algún día lleguemos a descubrir que nuestras “capacidades divinas” y súper aumentadas aparecen cuando nos reunimos para hacer algo noble.

El relato del más allá nos llevó a levantar obras descomunales (construcciones megalíticas, templos, pirámides, catedrales, mezquitas…); y con ello a un desarrollo de la ciencia y la tecnología, millones de personas trabajando y aprendiendo juntas.

Los nacionalismos tienen una construcción similar pero su foco está en el pasado, un cuento acerca de donde venimos para inventar una identidad que nos legitima en oposición a otros. La fuerza de este relato nos troceó el mundo con fronteras y países, y nos desangró en torno a cuentos inverosímiles sobre el origen común de nuestras vidas. Pese a ello, nuestra naturaleza proclive al sentido gregario, generó identidades patrias en torno a cuya construcción produjimos organización y coordinación humana para materializar grandes logros.

Una nueva forma de ver el mundo. Nuestros mundos, grandes y pequeños, son un cuento.

Sí, una auténtica ficción, pero con un poder descomunal, de hecho es la mayor fuente de poder que tiene el ser humano para convertirse en creador de realidades nuevas. Cuando una persona inventa un cuento poderoso y se abre paso en las conversaciones de la gente, un futuro inédito está en camino. El único requisito es que la comunidad lo compre, si es así, no habrá barrera que lo pueda frenar.

A todo lo que damos importancia y solemnidad, en su origen era un cuento en la cabeza de una persona que fue contado a otras, luego validado por ellas y finalmente ejecutado. Las cosas se crean tres veces, en tres momentos: primero en la mente, luego en las conversaciones y finalmente en la acción.

Las ciudades (mundo urbano) son un cuento, el fútbol (mundo del fútbol) es un cuento, Internet (mundo de internet) es un cuento, el capitalismo (mundo capitalista) y el comunismo (mundo comunista) son un cuento, el medio rural (mundo rural) es un cuento, la familia (mundo social) es un cuento, las normas (mundo legal) son un cuento, la moral (mundo moral) es un cuento, la economía y el dinero (mundo económico) son un cuento, las empresas (mundo empresarial) son un cuento, los empleos y profesiones (mundo laboral) son un cuento, …

Podríamos analizar uno por uno los relatos que en sus diversas modalidades hemos elaborado a lo largo de la historia para constituir nuestros mundos (cuentos, historias, narrativas, convenciones, novelas, poemas, tratados, leyendas, quimeras, mitos…); y en todos ellos, en su origen, encontraríamos unos rasgos de inverosimilitud y ficción, pero a su vez de fascinación magnética que acabó enamorando a unos monos inquietos dispuestos siempre a asumir nuevos retos con los que superarse y fascinarse. Definitivamente somos compradores compulsivos de cielos y paraísos, de pasados heroicos inexistentes, de ficciones que poder validar…

Muchas veces he intentado imaginar el origen de la agricultura y la domesticación de animales, es decir, del relato de sus precursores. ¿Qué es la revolución agraria que trajo el Neolítico más que una narrativa en su origen? Una ficción de algún habitante del Extremo Oriente hace 8000 años, que mientras recolectaba en una calurosa tarde de verano unos  granos menudos de trigo, imaginó un futuro nuevo basado en una nueva economía en torno a la multiplicación de granos (agricultura) y pastoreo de animales (ganadería).

Me imagino también cómo se fue abriendo paso esa ficción, ese pobre e inconsistente relato en su origen pero capaz de excitar la imaginación de la pequeña comunidad. Lo que está claro es que la fuerza del cuento fue secundado por la tribu, quien decidió elevar la ficción a la categoría de realidad, y con ello al nacimiento de nuevos mundos (las primeras ciudades, la división y la especialización del trabajo…). La especie humana que llevaba más de 2 millones de años desplazándose de un lugar a otro y “trabajando” de todo un poco, se apoltrona en un reducido territorio y se condena a llevar una existencia rutinaria y a hacer un trabajo de por vida. Pese a la exaltación del modelo civilizatorio del Neolítico frente a la vida nómada anterior del Paleolítico, las ventajas no fueron  tantas, como ponen de manifiesto Flannery y Binford en sus trabajos: dominación, nacimiento de las clases sociales, explotación, opresión, dieta más pobre, más enfermedades, vida más aburrida… Pero el relato era tan atractivo que tuvo la capacidad para aglutinar y nuclear en torno a él a una gran masa crítica de comunidades, a coordinar esfuerzos, a desarrollar grandes obras de infraestructura… Un cuento tan romántico y atractivo que se abrió paso de manera imparable en varios continentes, achicando el espacio inexorablemente de las pequeñas comunidades de cazadores y recolectores para cuya civilización no era necesario congregar a grandes poblaciones ni coordinar acciones que llevaran implícitas tareas de colaboración y cooperación a gran escala.

No solo la agricultura y la ganadería son mundos que han nacido de un relato, también la economía. Por ejemplo, el dinero es una de nuestras mayores ficciones, y funciona porque todos hemos decidido darla validez; así somos capaces de otorgar valor a un trozo de papel para intercambiarlo por comida, ocio o vestido ¡Increíble!

Nuestras empresas también son entes inventados, una ficción legal que ponemos en un papel firmado por un notario ¡Inverosímil!

Las instituciones, las familias…; ficciones legales que tratan de dar solemnidad a un relato que un día inventó una persona y por algún motivo convinimos en dar carta de naturaleza. Relatos en definitiva que han permitido convocarnos y reunirnos para hacer grandes cosas en común.

El Posthumanismo. Un salto sin precedentes en la historia de la humanidad que necesita nuevos relatos para conducirse.

Aunque hoy no te lo parezca, el relato del mundo paleolítico al mundo neolítico, fue en su momento tan radical y disruptivo, como el paso del mundo agrario al mundo industrial. Pero ninguno de esos pasos es tan grande como el que estamos dando en estos momentos hacia el posthumanismo, un salto sin precedentes en la historia de la humanidad donde el ser humano está creando nuevas formas de vida, alterando la evolución de las especies y acelerando procesos que habían tardado en producirse millones de años mediante la ingeniería genética, hibridando seres humanos y máquinas… Condiciones todas que generan un espacio para que inventes  nuevos relatos mediante los cuales conducir la historia, como ese recolector lo hizo hace 8 milenios.

¿Cuál es tu marca personal? ¿Cuál es tu relato?

… Y tú también eres un relato, una historia, un cuento; y es menester que lo observes así  y analices la calidad de tu relato (marca personal, identidad…) porque de ello depende por completo tu productividad e impacto en el mundo.

Todo lo que te he contado hasta este momento no tiene el objetivo de describir cómo funciona el mundo, mi interés es proporcionarte un conjunto de recursos para que puedas convertirte en arquitecto y constructor de nuevos mundos. Y todo ello comienza por el diseño de un poderoso relato de ti mismo, de tu discurso, de la oferta que eres para los demás, de tus declaraciones, de tu fiabilidad y sustento de tu discurso en afirmaciones y juicios fundados, de tu compromiso con los desafíos globales…

Si quieres cultivar tus relatos y construirte una marca potente, aquí tienes las herramientas para poder hacerlo (te lo dejo en los Artículos relacionados), y si quieres hacerlo con maestría, no dudes en contactar con nosotros.

Adelante!!!

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