Lecciones de liderazgo y emprendimiento con miles de años de antigüedad.

Si fuésemos capaces de recoger la sabiduría que está presente en las bases filosóficas y religiosas de las civilizaciones milenarias,  separándola de su carga doctrinaria, encontraríamos claves esenciales para aplicarla a nuestra vida, ayudar a desenvolvernos en el mundo y desplegar todo nuestro potencial de emprendimiento y liderazgo.

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Si indagamos en el budismo, las filosofías orientales o el cristianismo, se nos desvelan profundos secretos de la mente humana, su funcionamiento y emociones, las conexiones del ser con las leyes de la física, las relaciones interpersonales … Si somos capaces de tomarlas en su esencia y desligarlas de su interpretación interesada (hermenéutica), tendríamos una fuente de extraordinaria valía para conducirnos en la vida, construir relaciones fructíferas, crear ofertas valiosas, ampliar horizontes, satisfacer necesidades y producir valor en todas las facetas de la existencia.

Desde las culturas antiguas el ser humano, a través de diversas fuentes de conocimiento (meditación, experimentación…) ha ido descubriendo  la plasticidad del universo, las fuerzas que pueden actuar para deformarlo y crear realidades nuevas.  En la escala humana los instrumentos para inducir esas alteraciones son el control de la mente, el liderazgo y el emprendimiento. Con la maestría en su manejo podemos producir cambios en el mundo.

Las reglas que mueven el liderazgo y el emprendimiento están entrelazadas con las leyes de la física, aunque en otro plano, forman parte de la misma realidad. La historia de la humanidad, sus fases de esplendor  y oscuridad, ha estado condicionada por la entrada en escena de los conocimientos que desencadenan estas fuerzas, a menudo en manos de pequeños grupos de poder que los han utilizado en su interés propio.

En el mundo actual, adquirir competencias de liderazgo y emprendimiento, es una cuestión esencial para el desarrollo personal y profesional de cualquier individuo, no es un rol reservado a una minoría encargada de mover el mundo. Sin embargo, la mayor parte de instituciones y personas que se encargan de esas tareas (universidades, escuelas de negocio, organismos gubernamentales, agencias de desarrollo…) no tienen ni idea de sus verdaderos fundamentos y calado, como mucho se quedan en la última capa de la cebolla en el conocimiento y aplicación de estos dominios tremendamente complejos.  Liderar y emprender es el arte de cambiar el mundo desde  el conocimiento en profundidad de la mente humana, las relaciones interpersonales y las leyes de la física; en un entendimiento del ser humano desde una triple realidad (lenguaje, emociones y corporalidad); en un espacio recursivo (universo) con todos los medios a su alcance imaginables e inimaginables para producir abundancia. Hasta que no entendamos éstas dimensiones que son sus bases constitutivas, no podremos producir  líderes y emprendedores verdaderos. Y para todo esto es muy útil recurrir a las fuentes de sabiduría que han sido amasadas a lo largo de milenios. A nosotros nos corresponde compilarlas y organizarlas para desarrollar nuevos líderes y emprendedores.

Los textos antiguos que sirven de base a las corrientes filosóficas y religiosas son fuente de sabiduría, donde aparecen “encriptadas” las claves de muchas reglas universales. Si somos capaces de acercarnos a ellos desde una mirada crítica y reflexiva, analizando el paradigma histórico bajo el que fueron formulados, obtendremos una serie de pautas esenciales para conducirnos.

Si además tenemos la paciencia de analizar cómo esa sabiduría se ha destilado desde diferentes tradiciones, cómo esos hallazgos han sido realizados desde posicionamientos diferentes; y cómo esas “conjeturas” van siendo confirmadas por la ciencia moderna. Podremos aumentar extraordinariamente todo nuestro potencial.

Liderar y emprender es abrir nuevos mundos y crear nuevas realidades. Para ello es necesario conocer la mente humana, la naturaleza del ser y la interacción de éste con el universo. El autoconocimiento que me lleva al conocimiento del otro en el que me reconozco, de lo que necesita, de lo que espera, de lo que anhela…;  el autocontrol, la meditación, la paz interior, la fortaleza emocional… Son disciplinas cultivadas desde la tradición oriental, a partir de ellas encontramos las claves para apaciguar nuestra mente, conectarnos con los demás, fluir con la vida, eliminar el ruido, descubrir lo auténtico, empatizar…

El simple gesto de reconocernos como mortales y la aceptación de esa condición mirando con sinceridad a los ojos de las otras personas, cambiaría por completo nuestra postura ética, y con ella  las formas de relacionarnos, trabajar juntos, construir ofertas y crear valor.

Te voy a ofrecer un botón de muestra en relación al objeto de estudio que nos ocupa para poder entender la enorme potencia y aplicación práctica que contienen los conocimientos extraídos de las grandes corrientes filosóficas, en cuanto al entendimiento del ser humano, la mente y la interacción de planos (realidad física e inmaterial). Muchos de ellos ya están confirmados por la ciencia moderna y otros sin duda lo estarán muy pronto.

Todo es mental, el universo es mente, energía. Por tanto, la realidad  se crea dos veces, primero en la mente de un ser y luego en el plano material. La materia es una forma temporal e inestable de la energía. La realidad existe en función de un observador que la crea (relatividad), la realidad se construye en la mente del observador (sin observador no hay realidad).

Las cosas primero tienen que ser creadas en la mente, y necesitamos entrenar a las personas en esa práctica, una vez creadas en la mente de manera efectiva, ya hemos practicado la primera deformación en el universo, el molde elemental para que el nuevo futuro se abra paso.

El lenguaje es generativo (crea realidades nuevas). Sin verbo no hay creación (“primero fue el verbo” está en el origen de diversas cosmogonías). El universo se crea desde la palabra, la palabra (voz interior, pensamiento) nos conecta con la “voz del universo”. El verbo universal, la mente universal (dios para algunos) puede ser escuchada a través de la concentración, de la meditación, de la oración; en ese acto reconocemos nuestro propio verbo como una parte constitutiva de la mente universal. Sabemos que existimos y somos porque escuchamos el verbo que habla en nuestra mente (“cogito ergo sum” que diría Descartes).

Cuando lideramos y emprendemos, partimos de una elaboración mental  para materializarla a través de los actos del habla (declarar, pedir, prometer, hacer ofertas).

Descubrir tu verbo interior, que se manifiesta a través de esas 60.000 conversaciones que tienes cada día contigo, es el primer paso para domesticarlo y encauzarlo. Luego, aprender el uso del verbo aplicado a declarar futuros, hacer pedidos, promesas, ofertas, movilizar personas y recursos; es el instrumento más poderoso que el universo ha puesto a nuestro alcance y en cuyo manejo somos extremadamente incompetentes.

Las conversaciones poderosas traen a la mano futuros cargados de riqueza (material e inmaterial). Las conversaciones pobres reproducen la escasez. Por eso, en muchas civilizaciones, y en la nuestra es una regla, el liderazgo y el emprendimiento están abiertos a aquellos dominios sociales que cultivan el verbo entendido como el aprendizaje de conversaciones poderosas.

La ley de la atracción. Atraemos a nuestra vida lo que somos en función de los estándares mentales que producimos y el conversar (pobre/rico) que practicamos.

Si entrenas la práctica de crear en la mente imágenes potentes  (el pensamiento es energía), y lo acompañas de un entrenamiento de conversaciones poderosas (contigo mismo, con el universo y con los demás); serás fuente de riqueza, no te queda otra.

Nuestra fuerza creadora, que desde estos postulados parece infinita,  sin embargo tiene otras dimensiones limitantes: las emociones y las reglas de nuestra biología, que nos definen como seres inacabados… ¿Cuáles son nuestros límites? No lo sabemos, la intuición que nos proporciona nuestro impulso natural e infinito de emprender y liderar, nos llevará a la consecución de logros que hoy nos parecen imposibles. Todo lo imaginado por la mente puede ser creado, si está en la mente ya está en camino (la mente es la fuente de la creación universal).

Estoy recopilando textos que revelan desde distintas tradiciones la existencia de patrones observados y experimentados en diferentes épocas históricas, revelando una serie de reglas que si sabemos despojarlas de lo superfluo, nos ofrecen una fuente de conocimiento práctico de valor incalculable.

Pedid y se os dará, llamad y se os abrirá, buscad y encontraréis.

Mateo 7,7-12.

Reflexiona sobre esto y aplícalo a un propósito vital, a una visión, a un fin “in mente”, a la acción misma del liderazgo y el emprendimiento. Invoca a la función  del verbo como fuerza poderosa para lograr (si aprendes a pedir al universo, te dará), si aprendes a invocarlo se abrirá, si aprendes a buscar, encontrarás. Quien pide recibe (pero a la vez tiene que dar), a quien llama se le abre la puerta (pero a la vez tiene que abrir su puerta cuando se le llama), quien busca encuentra (pero a su vez tiene que ayudar a quien está buscando). Si sabemos tomar y aplicar esta simple lección práctica, nos será más útil que todos los manuales de liderazgo y emprendimiento que conozco.

Solo es un botón de muestra, pero si indagas en profundidad en todas las fuentes de conocimiento antiguas, podrás observar como refrendan los dominios que están presentes en nuestro modelo metodológico para entrenar líderes y emprendedores y crear valor en las organizaciones.

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Desde el Kybalión, los textos del budismo, hinduismo, judaísmo, cristianismo, islamismo… Todos ellos, si sabemos despojarlos de su pátina  doctrinaria son fuente de sabiduría para elevar nuestro potencial de liderazgo y emprendimiento.

Adelante !!!

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