El país de Prometerás y no Cumplirás.

Érase una vez un lejano país en el que sus gentes dejaron de cumplir sus promesas. Al principio las personas se enfadaban y exigían lo prometido. Pasado un tiempo la situación se agravó tanto que el incumplimiento se convirtió en una práctica social generalizada. Ante esa situación, los gobernantes tuvieron que dedicar gran parte del gasto público a regular los compromisos y a sancionar los incumplimientos (policía, tribunales, burocracia, inspectores, controladores, interventores, cárceles…).

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La situación llevó al colapso de las cuentas públicas y disparó los costes de producción de las empresas. La gente dejó de centrarse en la creación de valor, y el país terminó en la desidia colectiva de la crítica fácil, la habladuría, el rumor, la deslealtad, el miedo, la frustración, la envidia… El cinismo.

La enfermedad colectiva comenzó en las pequeñas cosas, como vicios menores (tics sin importancia!?) en las relaciones diarias: lo haré mañana…es que me quedé dormido… bueno otro día quedamos… te pagaré luego… perdona pero no pude… Después, estas prácticas se trasladaron a las organizaciones, empresas, administraciones. Finalmente las personas empezaron a incumplir las promesas que se hacían entre ellas y sus clientes, colaboradores, usuarios, alumnos, votantes… La cosa llegó a tal extremo que hasta los políticos y presidentes acabaron haciendo lo mismo. Ya se sabe: como es arriba es abajo, como es adentro es afuera.

Después de muchos años, la situación se generalizó tanto que la desconfianza se convirtió en la moneda de cambio en las relaciones sociales. Desconfía de tu pareja, desconfía de tu vecino, desconfía del comerciante, desconfía de tus compañeros y amigos, desconfía de tu jefe, desconfía de tu presidente…. Desconfía porque la gente no  hace lo que dice que va a hacer.

Al cabo del tiempo la fuerza laboral y la energía productiva y creativa de aquellos pobres ciudadanos se invertían en vigilarse y controlarse unos a otros, hasta el punto que casi todos los que trabajaban lo hacían en labores de vigilancia: policías, ejército, abogados, trabajadores de todas las ramas de la administración, supervisores, inspectores, secretarios, jueces, fiscales, interventores, procuradores, empresarios, gestores, controladores, controladores de controladores, controladores de controladores de controladores…

Como el incumplimiento era masivo, el deporte nacional se convirtió en descubrir y poner en evidencia a otros, un juego vil y una ruleta rusa, donde cualquiera podía ser víctima y verdugo. Un estado de convivencia colectiva en una cárcel de negatividad alimentada por unos noticiarios que se recreaban diariamente en lo malo de la vida y alimentaban la mala baba y la murmuración.

El compromiso y el valor de la palabra dada perdieron todo su significado, proliferaron leyes y ordenamientos jurídicos, sistemas de sanción, tribunales de todo pelaje…

El estado generalizado de promesas incumplidas y excusas amenazaba las relaciones sociales, la economía y el sistema en su conjunto. La situación se tornó tan delicada que el presidente hizo llamar a un sabio del lejano país Prometerás y Cumplirás, el cual, después de diagnosticar la terrible enfermedad se la comunicó al presidente e ideó un plan para salvar al país.

Inventó el Banco del Crédito Social y acuñó una nueva moneda (Creditín). Después repartió proporcionalmente el total del capital entre todos los ciudadanos. Para que cada individuo pudiera negociar con su crédito le hizo entrega de una chequera.

Las reglas para negociar el crédito social consistían en que cuando un ciudadano hacía una promesa a otro, adquiría la obligación de extenderle un cheque. Al cumplirla, el cheque era devuelto por la otra persona debidamente confirmado. Con los cheques confirmados, el Banco le daba una nueva chequera para seguir operando.

Pasado un tiempo, los ciudadanos se esforzaban en reunir el máximo número de creditines, aunque no eran dinero como tal ni tenían valor fiduciario, pasaron a ser un activo mucho más codiciado que el dinero porque la posesión de creditines garantizaba tener aliados, colaboradores, prescriptores, compradores, seguidores, clientes, financiadores…

El nuevo sistema permitía comprobar a todos los ciudadanos desde Internet, la cuenta de creditines de cualquier persona, significando una importante categoría social y estatus su acumulación.

Como por arte de magia, la confianza se restableció, la vida social comenzó a fluir, los índices bursátiles se dispararon, la economía creció. La gente comenzó a dormir mejor, el consumo de ansiolíticos y las enfermedades mentales decrecieron, los excedentes generados  por la  disminución de costes no productivos se invirtieron en investigación e innovación, la ciudadanía perdió el miedo a emprender … Y el país despegó.

El sabio antes de partir dejó una carta:

….Para progresar necesitáis hacer promesas y cumplirlas, cuando eso ocurre, florece la confianza y la inspiración, abriéndose la puerta a la innovación, el emprendimiento y el liderazgo…. Realizar promesas y no cumplirlas crea desconfianza, además de ser un virus que se propaga con rapidez, genera dolencias del alma (resignación, resentimiento…); y del cuerpo (somatización de los males, úlceras, estrés …); desidia colectiva, parálisis de las iniciativas, freno a la innovación, desemprendimiento … La desconfianza sostenida en el tiempo es sinérgica del miedo, predictora de la envidia y de la avaricia; dolencias que también os afectan… Todo esto unido es lo que los gurús del país de Irás y no Cumplirás diagnosticasteis erróneamente como CRISIS…. Estáis advertidos como comunidad, el incumplimiento de las promesas que os hacéis  y la pérdida de valor de la palabra dada os destruye A TODOS!…

Para no olvidar esta lección, debéis recordar periódicamente los conocimientos de los grandes pensadores, empezando por tener presente la nefasta tradición que se inicia en la Escuela de los cínicos en la Antigua Grecia, y más recientemente a Bertrand Russell cuando advirtió de la profunda ola de cinismo que se había instalado en la sociedad, una auténtica caja de Pandora que se destapó entre vosotros hace décadas y se extendió como un cáncer con metástasis en todas las facetas de vuestras vidas …. Para combatir la enfermedad, además del Banco del Crédito Social (BCS) os dejo también un remedio casero que debéis tomar cada día: escribid las promesas que hacéis y cumplidlas a rajatabla, reclamando a su vez el cumplimiento a las personas que os han prometido y han incumplido, si es necesario, poniéndolas en evidencia….

Adelante!!!

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