El camino de la felicidad.

“Cuando yo tenía cinco años, mi madre siempre me decía que la felicidad es la clave para la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande, escribí feliz. Me dijeron que yo no entendía la pregunta. Les respondí que ellos no entendían la vida”. John Lennon.

felicidad

Aprender a ser feliz como objetivo vital del ser humano. El auténtico sentido de la vida es la felicidad, una meta que en realidad es camino. Un reto tan importante y de sentido común, que tendría que convertirse en Agenda del milenio. Si como seres humanos, desde los gobiernos y las organizaciones, adoptásemos este objetivo, podríamos abrir una senda nueva para la humanidad, pero esa transformación global nos convoca a hacer un cambio en el yo, en cada uno de nosotros de manera individual.

"Todo el mundo quiere ser feliz, todo el mundo quiere tener una vida exitosa". Dalai Lama.

Esta reflexión nos convoca a una serie de preguntas: ¿Soy realmente feliz? ¿Nuestra vida se enfoca en la felicidad? ¿El concepto de éxito de la sociedad de consumo y la felicidad son la misma cosa? ¿Me doy permiso para ser feliz? Y en ese caso ¿Me abro al aprendizaje para serlo?

En el momento actual, nuestra sociedad vive en una crisis existencial porque ha perdido el verdadero sentido de la vida. Pese a que tenemos más bienes, mejor calidad de vida, más recursos materiales… Somos más infelices.

Buscamos ofuscados el sentido de la existencia, cuando la existencia tiene su propio sentido y lo que necesitamos es conferir sentido a la nuestra propia y la de nuestras comunidades.

La psicología tiene que jugar el  importante papel de ayudar al ser humano en este momento para la búsqueda de la realización personal y la consecución del bienestar y la felicidad.

La felicidad no es una meta, es un camino.

“La felicidad no está en la propia felicidad, sino en la puerta de espera de la misma”.  Esta reflexión hace que nos replanteemos el sentido de la existencia y que vivamos activa y plenamente el presente sin postergar la llegada de la felicidad. Vivir el aquí y el ahora. Este pensamiento nos lleva al disfrute en el ahora de lo que queremos conseguir.

El cerebro humano anticipa continuamente hechos, en muchas ocasiones se produce mayor bienestar en el camino de conseguir un logro, que cuando éste se ha materializado.

Felicidad y personalidad. La apertura al cambio.

¿Qué podemos entender por bienestar? ¿ Cómo podemos llegar a él? Para responder a estas preguntas tenemos que mirar a nuestro interior y abrirnos al cambio, tenemos que aceptar que podemos cambiar nuestra forma de pensar y ver el mundo, adaptarnos al cambio.

La adaptación juega un papel esencial en la personalidad, nuestra personalidad no es inamovible, si nuestros comportamientos no nos conducen a la felicidad, siempre podremos modificarlos.

La personalidad posee automatismos pero podemos actuar sobre ellos si desarrollamos  la voluntad y el dominio emocional para hacerlo. No es una realidad fija que perdure de por vida, como personas vamos forjando nuestra personalidad en el tiempo. El conocimiento consciente de nuestras emociones y el desarrollo de mecanismos para su regulación, haciendo uso de la “metapersonalidad” para intervenir sobre aquellos pensamientos que nos producen malestar y neutralizarlos; es un camino para crear una personalidad positiva en torno a la consecución de una meta.

El ser humano puede evolucionar desde la postura “yo soy así” a “yo puedo cambiar”, como movimiento que nos abre el espacio al bienestar y a la felicidad (primer giro transformacional).

El segundo giro transformacional hacia la felicidad nace de la modulación de las conversaciones del ser en torno a sus 3 ejes conversacionales (Martin Bubber): las conversaciones que mantenemos con nosotros mismos (alrededor de 60000 cada día), las que tenemos con los demás y con el misterio de la vida. De no propiciar una regulación de las mismas, podemos sucumbir desbordados en su enorme torrente.

En esta senda, también podemos aprender a cambiar el signo de nuestras conversaciones (de negativo a positivo). Si la deriva arbitraria de nuestro cerebro a la hora de producir juicios y sentimientos negativos, no tiene un contrapeso, nuestra vida puede quedar atrapada en un estado de ánimo de negatividad permanente.

“Mi vida estuvo llena de desgracias, muchas de las cuales jamás sucedieron.” Descartes.

El ejercicio no es fácil, exige una disciplina para interpelar nuestros pensamientos negativos, poner en cuarentena los juicios destructivos, desarrollar hábitos saludables (hacer deporte, sonreír, cooperar…).

Efecto Pigmalión, efecto Galatea y actitud positiva.

En este caso, juegan un importante papel las expectativas que tenemos de nosotros mismos o que los demás tienen de nosotros: ¿Qué esperan los demás de mí? ¿Qué espero yo de mí misma? Aquí se refleja  la función del efecto Pigmalión y el efecto Galatea. A menudo actuamos en función de lo que los demás esperan de nosotros, y esto nos genera situaciones de estrés que nos cierran la puerta al bienestar. Así por ejemplo, ante las cosas de la vida que consideramos importantes, nuestra tensión aumenta cuando analizamos lo que los demás esperan de nosotros y si estaremos o no a la altura de las expectativas, en lugar de actuar desde la convicción en nuestras propias posibilidades.

El efecto Galatea se basa en cómo mis expectativas condicionan mis resultados, si son altas me ayudarán a alcanzar mis objetivos, desde esta posición, el control de mi vida está en mí. Con el efecto Pigmalión, mis resultados dependen de las expectativas y opiniones de otros.

Cultivar el efecto Galatea ayuda a poner el centro de gravedad de mi vida en mi persona, a no depender de otros, a crear un pensamiento y actitud positiva, a reconocer mi valía, a atreverme a enfrentar grandes desafíos sin esperar opinión o permiso de terceros.

El ejercicio de la visualización que consiste en traer imágenes a nuestra mente, en este caso de nosotros logrando aquello que nos hemos propuesto, es de gran ayuda para alcanzar con éxito nuestra meta. El hecho de visualizarnos haciendo lo que soñamos enriquece nuestro deseo actual y nos motiva a realizar todo lo que esté en nuestras manos para alcanzarlo, abriendo el camino al aprendizaje.

Cuando los demás tienen una interpretación de mí, debo tener en cuenta esa percepción si me motiva a ser una mejor persona, cuando sus opiniones son negativas, es mejor evaluar si hay algo de cierto en ello, y por ende, admitir y trabajar en lo que puedo mejorar, siendo objetiva conmigo misma, y si no, desechar eso que no me ayuda.

El cultivo de la personalidad basada en un optimismo fundado, que pone el control en el individuo, en torno a la dedicación, el esfuerzo y el aprendizaje; está en la base de la felicidad.

Para la felicidad es muy importante aprender a conjugar el efecto Galatea con el efecto Pigmalión, pues es altamente productivo trabajar desde la autoconfianza y la motivación extra que nos proporcionan las opiniones y expectativas positivas de otras personas. Lo ideal es que ambos efectos se retroalimenten.

Tener autoestima también genera bienestar, decirte a ti misma que eres una persona de valor en igual medida que los demás: “Soy capaz de hacer cosas tan bien como la mayoría de la gente”, crea una disposición positiva para la acción (motivación) potenciando la autoestima frente a la autopunitividad. Sin embargo, si nos fijamos metas excesivamente altas puede generar a la postre una actitud negativa hacia el yo.

Según Bandura, un concepto muy importante en psicología que podría entenderse bien con la autorregulación es el auto-concepto (mejor conocido como autoestima). Si a través de los años vemos que hemos actuado más o menos de acuerdo con nuestros estándares y hemos tenido una vida llena de recompensas y reconocimientos personales, tendremos un auto-concepto agradable (autoestima alta). Si, de lo contrario, nos hemos visto siempre como incapaces de alcanzar nuestros estándares y nos hemos castigado  por ello, tendremos un pobre auto-concepto (autoestima baja). Lo que seas en la vida depende en gran parte de ti, siempre tienes la posibilidad de hacer que las cosas sucedan (al menos sobre las que tienes control).

El reconocimiento y aceptación de buenas y de malas cualidades y tener una visión positiva de la vida pasada genera bienestar.

En conclusión, como seres humanos tenemos una aspiración legítima al bienestar y a la felicidad, ello nos convoca a aprender a mirar hacia nuestro interior, trabajar y perfeccionar nuestra personalidad, modificando las prácticas y las conductas que pueden bloquear el proceso.

Una actitud positiva ante la vida, sustentada en la autoconfianza y la búsqueda de una influencia positiva de otras personas, nos abre el camino a la felicidad desde el esfuerzo y el aprendizaje en un proceso de crecimiento a lo largo de la vida.

“Te convertirás en aquello en lo que piensas constantemente. Cada día, cada minuto, cada segundo de tu vida, estás construyendo tu futuro en tu manera de pensar”. Earl Nightingale.

El fin último del liderazgo es desarrollar disciplina interior para conducirse a la felicidad, como paso intermedio para hacer lo mismo con una comunidad de personas.

Pongamos el rumbo de nuestra vida hacia la felicidad. No hay tiempo que perder.

Este post lo hemos realizado con la colaboración de Victoria Casco. Gracias por su contribución.

Adelante!!!

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3 pensamientos en “El camino de la felicidad.

  1. Manuel

    Es un gran artículo, pocas veces hablamos del estado emocional feliz necesario para alcanzar satisfactoriamente nuestras metas y de lo agradable que resulta la vida cuando el estado emocional de la felicidad está vivo en nosotros.
    Solo tenemos que imaginar una generación que pudiésemos etiquetar como generación feliciana, identificados porque nacieron felices, se educaron felices y se desarrollaron en la vida felices, saldrían grandes profesionales y artistas identificados por cualidades naturales e innatas, las mismas que a lo largo de la historia identificaron a grandes genios. Visto así, la conciencia de la personas sería más justa, nuestra responsabilidad con el planeta estaría a la altura, la sociedad estaría más estructurada para seguir avanzando con dignidad, las amenazas actuales no existirían y cuando educáramos a nuestros hijos la felicidad estaría diagnosticada en todas las etapas de su vida.
    Estaría bien identificar como séptimo sentido la felicidad.
    Las emociones podemos provocarlas, entre ellas esta la tristeza, la alegría, la felicidad, el aburrimiento, etc… , sin embargo somos poco proclives a trabajar sobre la felicidad, sin tener en cuenta el motor que representa.
    Desde que llegaron los grandes inversores a Silicon Valley, establecer un entorno donde estimular este estado emocional de felicidad fue imprescindible para ayudar a los jóvenes a desconectar y conectar con sus proyectos en un estado emocional feliz, ya que de esta manera dosificaban con mejores resultados sus capacidades para alcanzar los objetivos, teniendo en cuenta que esto no es un experimento ya que está probado, como es que en la educación primaria de nuestros tiempos no se empieza a establecer este modelo, orientando a los jóvenes hacia sus capacidades naturales con libertad y apoyo, respetando sus inclinaciones para el futuro, no a las impuestas por un sistema que los desvía de su camino, se cargan la felicidad, las capacidades individuales y en cuantos casos el futuro de verdaderos genios.

    Sir Ken Robinson redacta muy bien en su libro EL ELEMENTO como sendero hacia un estado emocional feliz:
    El Elemento

    Encontrar tu Elemento es importante para:

    conseguir el bienestar y el éxito a largo plazo,
    adquirir el potencial para alcanzar mayores logros y satisfacciones
    utilizar las capacidades naturales de forma integral

    Al inicio del libro el autor narra cómo tres personajes famosos alcanzaron el éxito profesional, trás descubrir su “Elemento”. Tal es el caso de Matt Groening, creador de la serie Los Simpsons, que decidió no seguir los consejos de aquellos que le decían que tenía que dedicarse a una carrera «de verdad», en lugar de pasarse el día dibujando e inventarse historias cómicas para divertirse.

    Es fácil encontrar ejemplos de personas exitosas en la vida que si supieron encontrar su Elemento. Sin embargo, “el camino marcado” tanto por el sistema educativo como por el sistema empresarial suele ignorar este aspecto.

    Tal es la situación actual en el sistema educativo, que gran parte de los estudiantes nunca llegan a explorar todas sus capacidades e intereses. En lugar de desarrollar nuestras habilidades naturales y capacitarnos para que nos abramos paso en la vida, los refrena, haciendo mella en la motivación y sobretodo en la creatividad individual.

    En cuanto al sistema empresarial, muchas personas dejan a un lado su vocación y se dedican a cosas que no les interesan en aras de la seguridad económica. Olvidándose de sí mismos en puestos que les inhiben de toda creatividad y de la posibilidad de desarrollar sus talentos.

    Pero ¿qué es el Elemento?

    El Elemento es el punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales. Cuando una persona ha encontrado su Elemento hace lo que le gusta y al hacerlo se siente realmente ella misma: el tiempo transcurre de manera diferente y se siente más viva, más centrada y llena de vida que en cualquier otro momento.

    Cuando una persona está en su Elemento establece contacto con algo fundamental para su sentido de la identidad, sus objetivos y su bienestar. Experimenta quién es realmente y qué debe hacer con su vida.

    El Elemento tiene dos características principales: la capacidad y la vocación. Y hay dos condiciones para estar en el: actitud y oportunidad.

    La capacidad: Capacidad es la facilidad natural para hacer una cosa; es una percepción intuitiva o una comprensión de qué es algo, cómo funciona y cómo utilizarlo.
    La vocación: Para estar en tu Elemento necesitas: apasionarte. Las personas que están en su Elemento encuentran gran deleite y placer en lo que hacen.
    La actitud: Es la perspectiva personal que tenemos de nosotros mismos y de nuestras circunstancias, es decir, el ángulo desde el que miramos las cosas, nuestra disposición.
    La oportunidad: Las aptitudes no llegan a hacerse patentes a menos que tengamos la oportunidad de utilizarlas. Descubrir nuestro Elemento depende mucho de las oportunidades que tenemos, de las que creamos, de si las aprovechamos y de cómo lo hacemos. A menudo, estar en tu Elemento significa relacionarte con otras personas que compartan las mismas aficiones. Esto significa tratar de encontrar oportunidades que te permitan explorar tu aptitud en campos diferentes.

    La secuencia es más o menos así: lo entiendo -> me encanta -> lo quiero -> ¿dónde está?

    Responder
  2. Pingback: Los efectos narcotizantes del éxito. | El blog de Juan Carlos Casco

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