La Inteligencia Artificial comienza a ejecutar tus objetivos

RESUMEN DEL ARTÍCULO 

La Inteligencia Artificial comienza a realizar por sí sola nuestros proyectos. Primero preguntábamos; después encargábamos tareas. Ahora podemos dirigir agencias de agentes que investigan, planifican y trabajan coordinadamente para materializar nuestros objetivos.

El ejemplo de la puesta en marcha de una granja de huevos ecológicos en Villamesías permite comprender el salto: mientras un agente estudia el mercado, otros diseñan instalaciones, buscan financiación, desarrollan la web o preparan trámites. Las tareas avanzan en paralelo, bajo una dirección compartida y con las autorizaciones y revisiones necesarias.

Desde 2017, Emprendedorex explora este horizonte, concretado en Sirius y desarrollado mediante SIRIUS II. Su alcance desborda la productividad: amplía la capacidad de emprender y abre oportunidades para personas, empresas y territorios.

La conexión entre agencias, robótica y sensores anuncia una disrupción profunda y alimenta la posibilidad de avanzar hacia la Inteligencia Artificial General, todavía sin una fecha científicamente establecida.

El desafío humano consiste en aprender a declarar objetivos, ejercer criterio y asumir responsabilidades. La ejecución será cada vez más delegable.

La lámpara de Aladino empieza a estar en nuestras manos. Es tiempo de recuperar sueños, pensar en grande y ayudar a los jóvenes a construir su futuro con imaginación, coraje y responsabilidad. La transformación está aquí.

Adelante!!!

Por Juan Carlos Casco, Fernando Barrena y Damián Pérez

ARTÍCULO COMPLETO

Cuando todavía estábamos poniendo el foco en aprender a conversar con la Inteligencia Artificial, ahora tenemos en nuestras manos un poder que parece de ciencia ficción: declarar y formular nuestros objetivos a la IA y darle la orden para que los alcance. Esto significa en la práctica que la tecnología ha puesto la lámpara de Aladino en nuestras manos para hacer realidad nuestros sueños. Mientras millones de personas siguen entretenidas haciendo tareas menores con la IA, otros ya la estamos  utilizando para transformar nuestra manera de trabajar, emprender y construir el futuro. 

La secuencia es vertiginosa. Primero preguntábamos. Después encargábamos tareas sencillas. Más adelante diseñábamos nuestras propias automatizaciones y agentes especializados. Ahora comenzamos a coordinar esos agentes en agencias de IA: sistemas que reciben un objetivo, distribuyen el trabajo, utilizan herramientas, contrastan resultados y reorganizan sus actuaciones. El siguiente movimiento ya está tomando forma: agencias que interactúan con otras agencias y coordinan procesos entre organizaciones. ¿Estamos entrando en la terra incógnita de la Inteligencia Artificial General?: Todo parece indicar que sí.

Durante los próximos años esta evolución puede desencadenar una ruptura mucho mayor que la primera expansión de la IA generativa. Como afirma Urbano García, está surgiendo un nuevo paradigma. Vamos a pasar de disponer de inteligencia que nos asiste a dirigir estructuras capaces de actuar. Y cuando esas estructuras se conecten con empresas, administraciones, organizaciones, individuos, máquinas y sensores, cambiará la escala de lo que una persona puede proponerse y lograr.

Desde 2017, el equipo de Emprendedorex viene explorando ese horizonte. En diciembre de 2018 lo proyectamos en Sirius, el chatbot que hará de ti una persona emprendedora: un asistente que investigaría mercados, diseñaría ofertas, encontraría colaboradores y ayudaría a materializar empresas. Aquella visión continúa en SIRIUS II, la agencia de agentes especializados que está desarrollando nuestro equipo. Durante años hubo que adaptar nuestros deseos y aspiraciones como humanos a la tecnología disponible. Ahora toca revisar esas “fantasías” porque la tecnología empieza a  crear las condiciones para materializarlas. ¡Si tienes un sueño, ten cuidado, porque la IA puede hacerlo realidad”.

De pedir tareas a fijar objetivos

Los primeros trabajos que realizábamos con la IA nos provocaban fascinación. Al pedirle un plan de empresa, por ejemplo, aparecía una secuencia de razonamiento asimilable al procesamiento mental de un profesional experto: recopilar información, organizar datos, establecer relaciones, calcular costes, redactar conclusiones. Ante nuestros ojos incrédulos, en la pantalla, se desplegaban las explicaciones que evocaban los razonamientos humanos, a sabiendas de que no respondían exactamente al funcionamiento interno del modelo.

Aprendimos a proporcionar instrucciones y contexto: qué actividad desarrollar, dónde, con qué recursos y para qué clientes. La máquina elaboraba el documento y después llegaba nuestra curación de contenidos y revisión profesional. Había que trasladar sus resultados a otras herramientas, preparar nuevos encargos y recomponer las piezas. La IA trabajaba, pero nuestro equipo profesional seguía dirigiendo el proceso de una tarea a otra.

Más adelante comenzamos a diseñar agentes y automatizaciones. Uno buscaba ayudas. Otro analizaba documentos. Otro preparaba propuestas comerciales. Se había ganado velocidad, pero todavía era necesario coordinar buena parte de sus actuaciones desde las limitaciones de la inteligencia humana.

El salto actual consiste en encomendar también esa coordinación a partir de declarar un objetivo «crea y pon en marcha una empresa para mí» y proporcionar un contexto de instrucciones mínimo. A partir de ahí, el sistema debe averiguar qué necesita hacer, dividir el objetivo, movilizar herramientas y agentes, ejecutar tareas autónomamente y avanzar hasta producir los resultados.

El futuro descrito está al alcance de la mano a través de modelos como GPT-6 Astra que realiza funciones como: procesos de varios pasos entre aplicaciones, delegación en subagentes y operaciones asíncronas que permiten continuar trabajando mientras otras herramientas están ocupadas. Claude Fable 5.1, de Anthropic, y Gemini 3.6 Flash, de Google, avanzan también a pasos agigantados en funciones agénticas.

Lo decisivo es comprender la magnitud de los trabajos que comienzan a delegarse. Una cosa es encargar una tarea. Otra es disponer de una estructura que organice su construcción junto con todas las demás. La unidad de trabajo comienza a ser el proyecto declarado como objetivo.

Una granja de huevos ecológicos en Villamesias (Cáceres)

Para entenderlo, vamos a a bajarlo a tierra a través de un ejemplo concreto. Situémonos en una dehesa extremeña. Un terreno de 25 hectáreas en Villamesías, acceso a agua y un propósito: crear una granja de huevos ecológicos. Un proyecto real  en torno a una actividad productiva, un paisaje y una persona que quiere ganarse la vida en su pueblo.

Hasta ahora, emprender ese camino exigía reunir innumerables recursos: conocimientos de ganadería ecológica, instalaciones, mercado, gestión económica, financiación y procedimientos administrativos. El promotor tenía que aprender de todo, adquirir conocimientos, localizar especialistas y conseguir que el trabajo de toros encajara con el propósito. Muchas iniciativas se quedaban por el camino antes de vender el primer producto por la cantidad de tareas que había que completar.

Imaginemos ahora una agencia de IA configurada y conectada para trabajar en ese proyecto. Un agente estudia el territorio, la finca y las condiciones de implantación. Otro diseña las instalaciones y manejo para su revisión técnica. Un tercero investiga la demanda y otro construye el plan económico. Mientras ellos avanzan, el agente comercial diseña la marca, desarrolla la web, genera la pasarela de pago y prepara los materiales para presentar la futura oferta.

El agente de compras localiza proveedores de equipamiento, alimentación y embalajes. Compara precios, condiciones y plazos. El de ventas identifica comercios, restaurantes y distribuidores; organiza contactos autorizados y recoge sus respuestas. El financiero rastrea ayudas, comprueba requisitos y prepara memorias. Otro reúne la documentación necesaria para solicitar crédito, comparar propuestas bancarias y apoyar la negociación.

Al mismo tiempo, el frente administrativo analiza alternativas jurídicas, prepara las altas empresariales y de Seguridad Social que correspondan, ordena las solicitudes y sigue su tramitación. La explotación necesitará cumplir los requerimientos técnicos y sanitarios establecidos por la Administración regional, las condiciones ambientales y de actividad aplicables y el régimen de control ecológico. La agencia puede organizar y ejecutar actuaciones autorizadas por el promotor accediendo a datos sensibles; las firmas, validaciones profesionales y resoluciones siguen correspondiendo a quienes tienen competencia para realizarlas.

Todo esto se realiza en paralelo y avanzando desde diferentes planos. Mientras un proveedor responde, puede continuar el estudio comercial. Mientras se prepara un expediente, puede desarrollarse la web. Y si los compradores consideran excesivo el precio, ese hallazgo vuelve al agente económico para revisar costes, escala o propuesta de valor. El coordinador distribuye el trabajo y mantiene una versión coherente del proyecto.

Esa es la fuerza del enjambre agéntico que supone este nuevo paradigma de trabajo: especialización, simultaneidad y coordinación. Las tareas independientes avanzan en paralelo; las que dependen de una decisión anterior se ordenan alrededor de ella. La investigación multiagente de Anthropic ya anticipa esta arquitectura y también sus costes y dificultades de coordinación. El potencial surge de organizar bien el conjunto, no de multiplicar agentes independientes sin un criterio alineado.

Después, cuando existan instalaciones, animales y operaciones reales, el sistema podrá ayudar a gestionar pedidos, emitir facturas, controlar cobros y detectar desviaciones. La granja seguirá necesitando cuidados, trabajo físico y responsabilidad empresarial. Pero la infraestructura intelectual y administrativa que sostiene ese esfuerzo habrá cambiado profundamente.

El siguiente paso amplía todavía más el horizonte. La agencia de la granja se comunicará con la del proveedor de pienso, la del transportista y la de una cadena comercial. Una previsión de demanda activa una consulta de existencias, una propuesta de suministro y una planificación logística. Protocolos como Agent2Agent ya proporcionan mecanismos para que agentes independientes intercambien tareas. La posibilidad de conectar organizaciones mediante sus agentes está a la vuelta de la esquina.

Ahí puede comenzar otra dimensión para el desarrollo de la economía global: redes de ejecución que reduzcan drásticamente el esfuerzo necesario para coordinar producción, servicios e intercambios. Sus beneficios no se repartirán solos. Quien controle esas redes dispondrá de un poder enorme; quien consiga ponerlas al servicio de pequeñas empresas y territorios abrirá una oportunidad histórica. Las personas que sepan leer estas oportunidades se convertirán en emprendedores exitosos.

Qué supone rebasar la frontera del pedir al declarar

Para comprender el calado del cambio hay que adentrarse en la complejidad de la filosofía del lenguaje. Los seres humanos construyen organizaciones mediante conversaciones. Declaran propósitos, hacen pedidos, formulan ofertas y asumen compromisos. Una empresa empieza a existir como proyecto compartido cuando alguien es capaz de movilizar a otros alrededor de una posibilidad.

Austin, Searle y Flores explicaron que hablar también es actuar. Una declaración válida que formula un objetivo, pronunciada por quien tiene autoridad y en las circunstancias adecuadas, modifica una realidad y genera nuevas posibilidades y cursos de acción.

Declarar el objetivo «crea una empresa dedicada a producir huevos ecológicos» no hace aparecer las gallinas. Pero cuando quien lo declara puede comprometer recursos y dispone de una organización para ejecutar su enunciado, esas palabras ponen en marcha un curso de acción. Ese es el sentido del paso del pedir al declarar: adquirir capacidad efectiva para dirigir lo que empieza a suceder después.

Durante siglos, movilizar una organización estuvo estrechamente ligado a poseer capital, ocupar una posición o disponer de una red de relaciones. Ahora una parte de esa capacidad puede ponerse al alcance de muchas más personas. Alguien puede tener una idea y encontrar al otro lado una estructura que investigue cómo realizarla y comience a trabajar.

La gran competencia que emerge es aprender a declarar objetivos transformadores para el desarrollo personal y profesional: establecer el propósito, fijar condiciones, asignar medios y evaluar resultados. Cuanto mayor sea la capacidad de ejecución movilizada, más consecuencias tendrá la calidad del criterio que la dirige.

La lámpara de Aladino está en nuestras manos

Durante milenios, los seres humanos han llenado relatos, obras literarias y textos religiosos de fuerzas capaces de convertir deseos en realidades. La lámpara de Aladino, las palabras que abren puertas, el fuego de Prometeo. Todas esas imágenes hablan de una aspiración persistente: superar los límites de la capacidad humana de actuar.

La IA empieza a dar una forma tecnológica a parte de esa aspiración. Proporciona capacidades que otras generaciones habrían considerado extraordinarias y permite recuperar proyectos abandonados por falta de conocimientos, tiempo o recursos. Una persona puede convertirse en un demiurgo, creadora de pequeños universos: una empresa, una obra, una investigación, un descubrimiento, un emprendimiento.

Y todavía se está viendo una parte del recorrido. La perspectiva que sostenemos desde Emprendedorex es que, en los próximos años, la conexión entre agentes, robótica y sistemas sensóricos puede producir una disrupción más profunda que la conversación con una pantalla. La IA se extenderá por objetos, servicios y dispositivos que las personas llevan encima, ampliando lo que pueden percibir y hacer. Vista, oído, tacto, olfato y gusto constituyen frentes de integración con grados muy diferentes de madurez; el MIT, por ejemplo, ya investiga sistemas de IA que clasifican sustancias mediante sensores de olor.

Imaginemos ese conjunto: sistemas que perciben, interpretan, planifican, actúan y se coordinan. Ahí aparece la posibilidad de un salto hacia la Inteligencia Artificial General. No hay una fecha científicamente establecida para alcanzarla.

La humanidad podría estar mucho más cerca de una ruptura histórica de lo que sus instituciones y prácticas están preparadas para asumir. Incluso antes de alcanzar lo que se acuerde llamar AGI, una IA capaz de ejecutar una proporción creciente del trabajo cognitivo ya puede transformar las condiciones de creación de riqueza, el empleo y la distribución del poder.

Tenemos más poder en nuestras manos pero tenemos que aprender a utilizarlo

La complejidad de estos sistemas puede generarnos inquietud. Si ya resulta difícil explicar por completo un modelo, seguir las interacciones de numerosos agentes añade nuevas dificultades. Pero esa incertidumbre no debe convertirse en una excusa para permanecer inmóviles.

A nuestro equipo no le paraliza. Una persona puede conducir sin conocer el funcionamiento del motor de explosión. La sociedad utiliza tecnologías cuyo funcionamiento no entiende por entero. Con la IA es necesario desarrollar esa misma cultura: aprender a utilizarla, conocer sus límites y exigir resultados verificables. La utilidad y el control tienen que crecer juntos.

La cuestión central es qué cosas bellas y buenas pueden hacerse con la capacidad que llega a nuestras manos. Qué sufrimientos pueden aliviarse. Qué proyectos pueden recuperarse. Qué oportunidades pueden abrirse para quienes carecían de ellas. La ambición tecnológica debe encontrar una ambición humana a su altura.

Eso exige cambiar la estrategia personal y profesional. Darse permiso para pensar en grande. Volver al cajón donde quedó guardado aquel sueño por considerarlo imposible. Revisarlo con los recursos actuales y atreverse a comenzar.

Los jóvenes necesitan apoyo para realizar ese giro. Aprender a formular objetivos, interpretar respuestas, coordinar capacidades y hacerse responsables de sus decisiones. Prepararse para crear proyectos en un mundo donde la ejecución será cada vez más delegable y donde elegir qué merece hacerse tendrá un valor creciente.

Ese aprendizaje puede comenzar con algo tan sencillo como una hoja de papel. Antes de encender la máquina, escribir qué se quiere hacer y para qué. Después, poner la tecnología a trabajar. Una pequeña práctica que recuerda algo fundamental: ampliar el poder exige mantener despierta la capacidad de dirigirlo.

La humanidad puede estar entrando en una nueva condición de creadores: personas capaces de movilizar recursos intelectuales y operativos que antes necesitaban organizaciones enteras. La transformación ya está en marcha. Ahora toca decidir con qué imaginación, con qué coraje y con qué responsabilidad se va a protagonizar.

La lámpara está en nuestras manos. Ha llegado el momento de tomarnos en serio nuestros sueños.

Adelante!!!

*Nota. Para profundizar más en el artículo, accede a los siguientes enlaces:

En 2018, Sirius anticipaba una IA capaz de acompañar la creación de empresas. Aquella visión conecta con el salto actual: convertir una intención emprendedora en un proceso de ejecución.

SIRIUS II desarrolla esa visión mediante agentes especializados que coordinan funciones alrededor de un proyecto. Una arquitectura que puede acercar capacidades empresariales avanzadas a personas y territorios con menos recursos.

Delegar trabajo en la IA exige transformar nuestros hábitos y aprender a dirigir nuevas capacidades. Cuanto más pueda ejecutar la máquina, más necesario será mantener activos el propósito, el criterio y la responsabilidad.

La lámpara de Aladino expresa el poder de recuperar sueños descartados por falta de recursos. La IA orientada a objetivos puede acercar esas aspiraciones a la acción y ampliar nuestra capacidad de emprender.

El lenguaje permite formular objetivos, coordinar acciones y establecer compromisos. Aprender a declarar, pedir e interpretar adquiere un valor decisivo cuando nuestras palabras pueden activar sistemas capaces de ejecutar proyectos.

La IA que ejecuta objetivos puede reorganizar profesiones, empresas y relaciones de poder. El desafío consiste en convertir esa disrupción en oportunidades para crear valor y ampliar el acceso a capacidades antes reservadas a grandes organizaciones.

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