Si tú me concedes 10 minutos para que trabajemos juntos sobre los juicios y las afirmaciones. Yo te prometo que descubrirás un valor nuevo para tu vida.

Aprendiendo a manejar los juicios y afirmaciones. Afirmar y emitir juicios fundados es esencial para encauzar tus acciones. Tu efectividad, emprendimientos, liderazgo y felicidad dependerán en gran medida de tu maestría para elaborar y gestionar afirmaciones y juicios.

afirmaciones-juicios

Este post contiene una mirada desde la experiencia personal en los trabajos que llevamos a cabo desde Emprendedorex para el desarrollo del liderazgo en las organizaciones, los aportes dede la ontología del lenguaje de Rafael Echeverría y la obra de Fernando Flores.

– ¿Qué es una afirmación y qué es un juicio?

Una afirmación es la verbalización de un hecho constatable, en el cual, otra persona presente puede sostener de la misma manera su veracidad.  Esto se opone a los juicios de valor los cuales son interpretaciones personales que tenemos de un determinado hecho o acontecimiento. Sin embargo, en nuestro entendimiento tradicional  confundimos lo que son los juicios con las afirmaciones (tomamos los juicios como si fueran afirmaciones).

Si una persona dice: el termómetro marca 22ºC, y otra manifiesta: hace calor. La primera está haciendo una afirmación y la segunda un juicio.

– Casi todo lo que hablamos son juicios.

Las conversaciones transitan por una danza desbordante de juicios, las cuales necesitan una modulación para que sean efectivas.

En el lenguaje coloquial, las afirmaciones las  asociamos al concepto de “verdad”, mientras que los juicios viven en la persona que los declara (no son “verdad” ni “mentira”).

Cuando confundimos los juicios con las afirmaciones (ver los juicios como afirmaciones), estamos restringiendo nuestras posibilidades y sometiéndonos a un sufrimiento innecesario.

Un desempeño idóneo  con las afirmaciones y los juicios nos permite diseñar de manera efectiva las decisiones que vamos a tomar de cara al futuro y encauzar nuestra vida y nuestras organizaciones de manera óptima.

Si observas tu diálogo interior podrás descubrir un torrente de pensamientos que enjuician la realidad, y por ende, los actos propios y de otras personas. Lo mismo ocurre en las conversaciones sociales  que se remiten a una cascada de juicios donde esporádicamente aparece alguna afirmación. La inmensa mayoría de las cosas que decimos son juicios y una ínfima porción son afirmaciones. Nuestro conversar universal es similar a una tertulia radiofónica donde se ponen de manifiesto las miserias humanas a través de los juicios que hacemos.

La naturaleza y precisión de nuestros juicios y afirmaciones determinan nuestra identidad y nuestras posibilidades de impactar en el mundo.

– Aprender a fundar correctamente afirmaciones y juicios.

Cada vez que realices una afirmación susténtala en una certeza, en una verdad comprobable; cada vez que realices un juicio susténtalo en una serie de afirmaciones que puedan fundarlo; no realices afirmaciones y juicios a la ligera.

 – Los juicios que hace una persona revelan su identidad.

Los juicios que una persona hace acerca del mundo y los demás revelan su verdadera naturaleza: las personas nos desnudamos cuando hacemos juicios; nuestros juicios, antes que de los demás hablan de nosotros mismos, son el espejo de nuestra alma. Por eso ¡Ten cuidado con los juicios que haces! Pon en cuarentena tus juicios negativos, puede que estés destruyendo tu propia identidad.

– El hablar no es un acto inocente. Abre y cierra posibilidades.

Dependiendo de las afirmaciones y los juicios que hacemos estamos transformando la realidad, condicionando y tratando de encauzar el futuro. Cuando emitimos juicios o afirmaciones estamos preparando la acción para que el futuro ocurra en un determinado sentido y abriendo o cerrando posibilidades.

Si digo: el presidente es incompetente, estoy abriendo la posibilidad de ocupar su puesto. Todo hablar modifica el mundo de lo posible. El habla actúa como un interruptor automático que está abriendo la puerta para que unas cosas ocurran y otras no.

– Cuando afirmamos nos comprometemos a decir verdad.

Hemos dicho que las afirmaciones se circunscriben a lo existente y verificable, cuando afirmamos nos comprometemos a ofrecer evidencias de lo afirmado, podemos remitir a un testigo que observó lo mismo. En nuestro mundo, las afirmaciones gozan de consenso social: hora, día, metros, kilos…

Las afirmaciones que hacemos pueden ser verdaderas o falsas. Si optamos por el último supuesto, no podremos construir lazos de confianza, nuestra identidad quedará dañada y nuestras posibilidades reducidas.

– Los juicios son subjetivos y tienen una intención por quien los emite.

Los juicios no proporcionan evidencia, responden a una interpretación del que los realiza, generalmente con una determinada intención de influir sobre el futuro. Otra persona que haya observado el fenómeno lo puede interpretar de otra manera.

Los juicios son declaraciones, su intencionalidad cambia el curso de las cosas y su identidad. Si declaro: Antonio es una persona digna de confianza, estoy allanando su futuro y la forma como le ven los demás. Posiblemente en el juicio subyace un interés en mi persona para que Antonio sea el director.

Solemos utilizar los juicios con una intencionalidad para encauzar en una determinada dirección los acontecimientos (generalmente a favor de quien los declara).

– El juicio vive en la persona que lo formula.

No vive en el entendimiento ni en el consenso global. La validez de los juicios reside en la autoridad que la comunidad confiere a quien los realiza. La opinión de mi madre o de mi jefe es muy influyente, frente a la de un vecino o el tendero de la esquina; el valor del juicio depende de la autoridad que le doy a la persona que lo declara.

Cuando una comunidad otorga a una persona la autoridad para hacer juicios (lo mismo ocurre con las declaraciones), los juicios que realiza son válidos, aunque en ello siempre hay un espacio legítimo para la discrepancia.

Para verbalizar un juicio o realizar una declaración hemos de estar seguros que tenemos la autoridad para hacerlo si queremos que sea efectivo. Esta posición se ve reforzada cuando a la persona se le ha otorgado autoridad que todo el mundo reconoce (juez, árbitro, presidente, madre….).

– Los juicios pueden ser fundados o infundados.

Los juicios son también fundados o infundados dependiendo de si encajan o no con una determinada tradición. Por tanto sus categorías son: válidos e inválidos, fundados e infundados.

– Los juicios remiten al pasado y nos sirven para tomar decisiones de futuro.

Cuando digo: Luis es una persona prudente, estoy remitiendo a una trayectoria y unas observaciones de su pasado, pero a la vez quiero influir sobre su futuro (como apuesta para que ocupe un cargo de responsabilidad).

Con los juicios formamos la identidad de las personas, cuando emitimos un juicio remitimos a una observación en el pasado, comprometiéndonos a fundar ese juicio sobre afirmaciones.  También implica el poder anticipar cuestiones que van a ocurrir en el futuro (Luís será ponderado en su actuar), nos aporta cierta seguridad acerca de lo previsible que pueda ocurrir, nos permiten tomar decisiones y acción (ese juicio apoya la decisión de dar el cargo a Luís).

– La máquina de los juicios. Hacemos juicios de manera automática y constante.

Nuestra mente es una maquina incesante de hacer juicios: cuando se nos presenta una nueva situación, cuando conocemos a alguien, cuando viajamos, cuando trabajamos, cuando pensamos,  cuando dormimos… Hacemos juicios permanentemente, y fundamentalmente porque nos inquieta el futuro. En este sentido los juicios están vinculados a las evaluaciones que hacemos del futuro.

– La validez de un juicio no es eterna, es cambiante. Los juicios han de reevaluarse constantemente.

Los juicios han de ser sometidos a revisiones constantes, los líderes y las personas que dirigen han de evitar ser prisioneros  de sus juicios del pasado y han de mostrar una disposición permanente a su reinterpretación, esto también rige para el conjunto de personas de la organización. Ello influirá automáticamente en la reapertura de posibilidades: alianzas, mejora del estado de ánimo, nuevas oportunidades, zanjar conflictos, cicatrizar viejas heridas, relanzar las relaciones…

Ahora piensa en cómo un juicio que tenías de una persona ha enquistado una relación durante mucho tiempo, y las oportunidades perdidas por ambas partes. Reflexiona acerca de los momentos de tu vida en los que retomaste una vieja relación a través del perdón, y cómo a partir de esa apertura se abrió un nuevo horizonte de posibilidades.

También puedes pensar en cómo un juicio infundado o malintencionado ha cerrado un camino que podría haber generado grandes oportunidades y valor.

En resumidas cuentas, si realizas una reinterpretación y reformulación de tu entendimiento del juego de los juicios, claramente te llevará a ser una persona más efectiva ¿cuántas veces un juicio malintencionado te ha privado de una relación fructífera?

Reflexiona sobre el efecto de un juicio negativo que alguna vez te hizo una persona a la que tenías conferida autoridad, por ejemplo: tú nunca lo lograrás. Piensa las consecuencias que ha tenido en tu vida, del efecto demoledor que esos juicios tienen para nuestro devenir  y el de de nuestras organizaciones.

Una vez más podemos observar que el lenguaje no es neutro ni inocente, en el fondo del mismo debemos instalar una ética en la que el juego se centre en la apertura de posibilidades a los demás (no puedo permitir dar autoridad a alguien que me desanima y achica, igual que yo no puedo obrar de la misma manera con otros).

–  ¿Cómo puedo cambiar los juicios que otras personas tienen de mí?

Hemos sostenido que los juicios se pueden cambiar, pese a una interpretación incorrecta que nos decía que si una persona piensa mal de mí, lo hará siempre, de esta manera incubábamos resentimiento y cerrábamos cualquier posibilidad de futuro con ella.

En el devenir de nuestra vida y nuestras organizaciones, en muchas ocasiones necesitaremos cambiar los juicios negativos, ya sean fundados o infundados,  que otras personas que son relevantes para nosotros, tienen de nosotros. Para lograrlo debo cambiar las acciones que produjeron los juicios. La forma de desenquistar una relación que te interesa reactivar es cambiar las acciones que afectan a esa persona, para que te perciba de otra manera y reevalúe sus juicios hacia ti.

Los juicios se fundan en las acciones del pasado, cuando cambiamos nuestras acciones, cambiamos los juicios que los demás tienen de nosotros y nuestra historia identidad.

– Qué sentido tienen los juicios, por qué los emitimos y cómo los fundamos.

Emitimos un juicio con una intencionalidad de abrir o cerrar una posibilidad, detrás del juicio hay una intencionalidad clara de cara al futuro.

Hacemos juicios con respecto a unos determinados modelos o estándares que no son los mismos en todas las culturas ni en todas las épocas. Por ejemplo, el juicio: esta mujer es gorda, al observar un cuadro del Barroco, no corresponde con el juicio de una persona de esa época que lo asociaba al ideal de belleza. Y esto rige en todos los órdenes.

Emitimos juicios cotejándolos con un conjunto de estándares para juzgar el comportamiento de las personas, los estándares (bello, bueno, correcto, legal…); cambian, son variables. Además tienen una validez diferente según la cultura y la época histórica. El juicio: hay que alimentar bien a los esclavos, era correcto en la antigua Roma, hoy no tiene validez, ni sustento ético, moral, legal.

No es una buena práctica generalizar los juicios que hacemos de una persona de un dominio a otro. Y tendemos a hacerlo con demasiada frecuencia para influir la opinión de nuestro interlocutor. Si digo: Antonio no es habilidoso conduciendo y eso influye en como dirige al equipo. Podríamos considerarlo como un juicio infundado.

El fundamento correcto de un juicio se sustenta en afirmaciones (cuantas más mejor). Podemos sustentar un juicio en afirmaciones, pero si tenemos un número mayor de afirmaciones en sentido contrario, podemos decir que el juicio no está fundado.

No aprender a fundar los juicios ni distinguir entre juicios fundados e infundados, lleva a una existencia sin rumbo, a la sensación de fracaso y al resentimiento.

– Los juicios dan sentido a la existencia humana y constituyen la ética.

Los juicios nos ayudan a dar sentido a la existencia, como forma de evitar el nihilismo, en este sentido la ética es una brújula que nos señala la forma correcta de vivir (vivir con sentido y distinguir el bien del mal). Nuestros juicios configuran nuestra ética. Los juicios en una determinada comunidad establecen la ética en torno a lo bello, bueno, bien, mal, cierto… Definen las virtudes y los vicios en la forma de vivir en una determinada comunidad (moral).

Dependiendo como nos manejemos con los juicios que nos hacemos sobre nosotros mismos, los juicios que hacemos a otros, y los que nos hacen los demás, así será nuestra vida.

Lo primero que una persona debe establecer es la autoridad que confiere a otros para que sus juicios sean válidos. Si concedemos de manera indiscriminada esa autoridad nuestra vida irá a la deriva de los juicios que esas personas hacen de nosotros, quedando sometidos a un tobogán emocional que va de la alegría a la tristeza, según el sentido de su opinar. De esta manera perdemos el control sobre nuestra vida y lo ponemos fuera de nosotros, exponiéndonos al sufrimiento.

Piensa en lo que has sufrido en los últimos años por dar importancia a las opiniones que otras personas tienen de ti. Analiza cómo has pasado temporadas de tu vida como una pelota de tenis golpeada por los juicios de otras personas.

Vivir con autenticidad es vivir con los juicios propios y el contraste de los mismos, cuando tú lo decides, con los de otras personas merecedoras de tu confianza a las que otorgas autoridad en sus apreciaciones.

Ya sabemos que cualquier juicio puede ser discrepante para otro observador, y esto, además de ser legítimo es enriquecedor. Si no acepto este juego y elevo mis juicios a categoría de verdad, abrazo la bandera del fundamentalismo y la intolerancia, niego la legitimidad al otro, y allano el camino a la violencia abriendo la caja de Pandora de los males que desangran nuestra civilización. El manejo efectivo de las afirmaciones y los juicios y su trascendencia, va mucho más allá de tu efectividad como líder, gerente o persona con responsabilidad en una organización; la ausencia de prácticas en este campo está en la raíz de las guerras y los grandes conflictos que subyacen en nuestras sociedades, su trascendencia es enorme.

Guiarse por el torrente de juicios automáticos que produce nuestra mente es quedar sometidos a otra deriva de sufrimiento, pese a que aparecen sin nuestro permiso, sí podemos ponerlos en cuarentena, sometiéndolos a crítica (mis juicios me pertenecen pero no me gobiernan). Es revelador como Descartes experimentó esta sensación, que de hecho limita el potencial del ser humano: mi vida estuvo llena de desgracias, la mayor parte de las cuales nunca llegaron a suceder.

– Dolor, sufrimiento y juicios.

El dolor ocurre fuera de nuestro control, pero el sufrimiento no, ya que en gran medida está producido por las interpretaciones de lo que nos ocurre, de los juicios, que pueden ser trabajados o educados en una determinada dirección y de esta manera, mitigar el sufrimiento humano. La medicina es muy efectiva contra el dolor, pero ha hecho muy poco en el combate contra el sufrimiento, que es un hito insoslayable para la felicidad.

La muerte en algunas culturas orientales es interpretada como una liberación. Esto me puede ayudar a reinterpretar mi actitud y entendimiento sobre los aconteceres de la vida para modular mi sufrimiento. El juicio: la muerte es una liberación, y el contrario: es una desgracia. Tienen la misma validez, sin embargo sus consecuencias para el sufrimiento humano y, por ende, para la felicidad de quien los interpreta son diferentes. A ti te corresponde la interpretación, hazlo teniendo en cuenta tu felicidad.

Vivimos en una deriva existencial, como señalaba Bertrand Russell, el cinismo (pérdida de valor de la palabra) ha invadido nuestra sociedad. La forma de reconstruir la confianza para crear valor pasa por una nueva ética sustentada en el aprendizaje del manejo de las afirmaciones y los juicios, como apertura al emprendimiento, el liderazgo y la felicidad humana.

El manejo de los juicios y las afirmaciones es uno de los 6 Dominios básicos, que con los 9 Niveles de excelencia y los Saberes críticos  constituyen la base del modelo para el desarrollo del emprendimiento, liderazgo, dirección y gerencia de Emprendedorex, así como la base de las competencias genéricas que operan sobre la innovación y la efectividad de las personas y las organizaciones.

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No hay tiempo que perder, necesitas reinterpretar tu mirada y tus prácticas en el manejo de tus afirmaciones y juicios para ser una persona más efectiva y feliz.

Adelante!!!

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5 pensamientos en “Si tú me concedes 10 minutos para que trabajemos juntos sobre los juicios y las afirmaciones. Yo te prometo que descubrirás un valor nuevo para tu vida.

  1. Antonio Fuentes

    Muchas gracias, Juan Carlos, por tan excelente trabajo y, sobre todo, por compartirlo. Abordas el tema de forma minuciosa, constructiva e inspiradora para el trabajo con uno mismo y con otros; generando la necesidad/oportunidad de profundizar en las habilidades claves de la Inteligencia Emocional: Auto-Conocimiento, Asertividad, Diálogo, etc.

    Subrayo: “Dependiendo como nos manejemos con los juicios que nos hacemos sobre nosotros mismos, los juicios que hacemos a otros, y los que nos hacen los demás, así será nuestra vida.”

    Saludos y Energía Positiva!

    Responder
  2. Juan Carlos Casco

    Gracias Antonio por tus motivadoras palabras, es un placer que podamos crecer juntos. Un fuerte abrazo y Adelante!!!

    Responder
  3. sari

    Antonio que bonitas palabras, lo llenan de energía para salir adelante. muchas agracias y no pares de motivar las personas.

    saludos

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