La Era de la Desmaterialización. ¿Cuándo perdemos nuestro cuerpo? Es sólo cuestión de tiempo.

Descorporización, inmaterialidad, bits, ubicuidad, dimensión  cuántica… Vivimos una ascendente donde lo físico y tangible y está siendo sustituido por lo inmaterial e intangible. La virtualidad que es un rasgo común de la deriva civilizatoria que estamos construyendo acabará por proporcionarnos una existencia individual basada en ceros y unos. En el futuro seremos una especie sin cuerpo o al menos que episódicamente habita y cambia de cuerpo.

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El dinero, el trabajo, las reuniones, las conversaciones, las comunicaciones, el sexo, los servicios, la atención médica, el ocio, la educación, el juego… Es solo un botón de muestra de cómo lo virtual está sustituyendo a lo físico, y cómo todo este movimiento está avanzando imparablemente a la sofisticación.

De hecho el consumo avanza de manera imparable a la compra de experiencias memorables, una evolución de los productos a los servicios y de los servicios a las experiencias. Los servicios presenciales tradicionales están siendo sustituidos por la computación. Y así evolucionan las actividades humanas en todas las esferas.

Y claro, todo este fenómeno, trae consigo un replanteamiento de los temas cruciales que abordamos en nuestro blog, un reposicionamiento desde el liderazgo, la educación y el emprendimiento que nos permitan construir y habitar las nuevas realidades.

El futuro de la humanidad se encamina hacia la pérdida de la parte física de las cosas y del propio ser humano, estamos construyendo realidades que se replican en soportes virtuales y a esa lógica no escapa el ser que las crea.

Ya estamos en la senda imparable de crear reproducciones de nuestras propias mentes, un proceso en el que vamos a superar nuestra dimensión química y física para convertirnos en criaturas cuánticas, y liberadas ya de nuestra frágil realidad corporal, nos convertiremos en seres ubicuos en condiciones para expandidos por el Universo.

Mucho es el camino que nos queda por recorrer, comenzando por la sustitución del agotado paradigma científico actual, con el que no podemos dar respuesta a muchos de los retos planteados (los postulados científicos actuales no nos permiten conseguir los deseos que excitan nuestras mentes). El paradigma naciente se enfrenta a cuestiones como la inmaterialidad y la superación de la naturaleza física y química de las cosas.

La ciencia actual, aunque en fase embrionaria, ya está trabajando en la réplica de soportes virtuales de nuestro cerebro. La neurociencia y sus conexiones con la biotecnología, nanotecnologia y la computación, ya están trabajando en el desarrollo de dispositivos virtuales de almacenamiento que sean réplicas de nuestro cerebro donde poder migrar nuestra mente (recuerdos, conciencia, emociones, conocimiento…).

Hasta hacer un trabajo fino en esta nueva industria, todavía habrá que conocer más a fondo la complejidad del cerebro. Como en toda nueva tecnología, los primeros dispositivos serán caros y  básicos; se cometerán errores y algunas copias que realicemos de nosotros mismos serán defectuosas, yéndose al carajo algunos de los pioneros que realicen la primera migración (al igual que lo hicieron muchos marineros, exploradores y astronautas cuando decidieron adentrarse en la conquista de nuevos mundos).

Pero estamos ya en una espiral imparable de desmaterialisacion, de pérdida de la forma e identidad física. Solo así podremos desplazarnos a otros mundos, recorrer distancias abismales, adquirir una naturaleza cuántica y convertirnos en seres ubicuos.

La inmaterialidad no ha hecho nada más que comenzar y está aquí para quedarse, en un proceso de perfección, sofisticación y perpetuación en todas las facetas de la vida. No podemos adivinar el futuro, pero esta es su trayectoria imparable.

En poco tiempo existirá una nueva humanidad, en su inicio marginal, pero que se irá abriendo paso de manera rápida en nuestra cotidianidad de seres corporales antiguos, la hibridación ser humano/máquina no tiene vuelta atrás.

Existen proyectos de prestigiosas universidades e iniciativas privadas que ya están trabajando en trasladar la mente humana a una computadora y cuando eso se consiga, será posible hacerlo a cualquier otro dispositivo (robot humanoide), una solución menos “evolucionaria” para aquéllos nostálgicos de su cuerpo (materialidad); aunque ya puestos, una vez que elijamos cuerpo, mejor el de Brad Pit o Angelina Jolie que la imperfecta carcasa que habitamos la mayoría.

Para el doctor Ken Hayworth (neurocientífico del Instituto Médico Howard Hughes en Virginia) que está centrado en el proyecto de trasladar su propia mente a una computadora,  la dificultad está en las conexiones neuronales. Según él, la clave está en el conectoma (mapa de conexiones neuronales que codifica toda la información y nos hace genuinos a cada uno). Aunque es algo de lo que no tenemos plena seguridad, pese a ser la línea de investigación más plausible.

Nuevamente, con cada respuesta que vamos dando a las preguntas trascendentales, irremediablemente vienen un cúmulo de nuevas preguntas que en lugar de aliviar nuestra presión existencial, vuelven a excitar nuestra mente y a lanzarnos a una frenética búsqueda sin fin (¿qué es el alma? ¿Y la mente? ¿Dónde está la química del amor? ¿Dónde reside el sentido de la belleza? ¿Y del odio?…).

El puzle que tenemos que componer para alcanzar la inmaterialidad plena es extraordinariamente complejo, como en su día fue levantar del suelo el primer avión, pero ese paso fue necesario para que la especie humana pudiese visitar todos los planetas del sistema solar e incluso poner una nave no tripulada en el espacio interestelar. Todo  reto es cuestión de que como monos inquietos que somos, nos lo propongamos. No hay fuerza más imparable que la voluntad humana, y ya hay pioneros que han dado el primer paso, la única duda es la fecha de materialización de nuestra inmaterialización; los más entusiastas lo sitúan en unas décadas, los menos optimistas lo ven un poco más lejano, lo que no deja dudas es que ocurrirá.

Desde mi propia visión analítica considero que el proceso será largo (tal vez de un siglo) para alcanzar un estándar óptimo de los primeros seres inmortales inmateriales, un hito que se conseguirá cuando se complete el primer clon que grite emocionado desde el ordenador: ¡soy yo! Una vez que haya ratificado que está ahí con todos sus recuerdos, sus amores, su alma, sus miedos, su carácter y hasta con toda su “mala leche”.

Para ese momento, desde la filosofía nos habremos puesto de acuerdo en ciertos debates que mantenemos hace milenios (¿qué es la mente? ¿Qué es alma? ¿Y la conciencia? …). Entonces sabremos mucho más de las complejas relaciones que nos configuran en el momento que vamos a dar un salto existencial sin parangón hacia la inmaterialidad, en una evolución imparable que no sabemos adónde nos lleva, abriendo un espacio nuevo para reformular y reconducir nuestras antiguas disciplinas donde residía el conocimiento y la conducta humana (filosofía, ética, religión, derecho, medicina, historia…).

A mí me encantaría algún día pasar de mi versión física a virtual (lo digo por si algún centro de investigación necesita un conejillo de Indias); aunque me gustaría que la tecnología estuviese un poco más avanzada y el entorno virtual en el que fuera a vivir tuviera ya algunos “extras” (recreación de paisajes naturales con todos los detalles, conector universal, sala familiar, agujero de gusano…). Que me permitiera organizar mi tiempo (bueno, tiempo es un decir, porque ya no existiría ese concepto como lo entendemos ahora): por la mañana paseo por la dehesa en el mes de abril con los aromas a poleo de agosto y sonido de las grullas de diciembre… Luego comida virtual con la familia…  Conexión para planificar tareas con los amigos de Latinoamérica… Ejercicio virtual aeróbico con descarga de dopamina… Y por la tarde (bueno es un decir también porque realmente no hay tardes), unas dosis de adrenalina y visita a las colonias de Alpha Centauri…

De hecho, estos mundos virtuales ya los estamos creando, forman parte de la nueva Economía de la experiencia (Pine y Gilmore), solo tenemos que poner a trabajar juntos a equipos y disciplinas que lo están haciendo por separado (neurocientificos, programadores, creadores de experiencias virtuales, diseñadores de videojuegos…).

Muchos desafíos actuales podrán encontrar respuesta (no necesitaremos comer ni consumir recursos finitos), podremos viajar sin fronteras espaciotemporales, habremos alcanzado la ilusión de explorar el Universo, ser ubicuos e inmortales, podremos terminar con el dolor físico que nos produce nuestras imperfectas carcasas (cuerpo), superar las principales causas del sufrimiento (borrar recuerdos de manera selectiva, desbloquear los mecanismos del miedo, la resignación o el resentimiento).

Pero en el camino surgirán nuevos desafíos y preguntas existenciales. En nuestra propia concepción de nosotros mismos y nuestra existencia, que en esencia está definida por nuestro destino inmediato (la muerte). Nuestros esquemas existenciales se vendrán abajo y tendremos que construir nuevas identidades, narrativas y causas por las que vivir y luchar. Tendremos que buscar y dar un nuevo sentido a nuestra existencia de seres inmortales. Estaremos ya en una humanidad intangible llena de preguntas y conflictos nuevos.

Qué derroteros tomará el futuro, no lo sabemos, es posible que durante mucho tiempo conviva un mundo de seres físicos y virtuales, es posible que se peleen entre ellos, quizá la vida virtual-inmaterial se convierta en una dimensión existencial para las élites del mundo… Lo que sí es imparable y ha venido para quedarse es la progresión acelerada a la desmaterialización.

Y además ¿qué constituye al mundo? ¿El mundo qué es, energía o materia? Desde mi interpretación, el mundo es energía, la energía crea la materia (Higs), cuestión que relega a la materialidad a una forma “impura”, subsidiaria e inestable de la dimensión energética. La fuerza de la creación universal nace del verbo (¿conciencia?), “primero fue el verbo” es un mensaje presente en muchas cosmogonías si penetramos en ellas desde la hermenéutica. El observador crea el mundo, luego el mundo existe en cuanto un observador da cuenta de él.

Estamos dando un salto descomunal en el proceso de hominización, equiparable a todo lo recorrido en 2 millones de años en una fracción insignificante de tiempo. Pero eso no contribuye a apaciguar nuestra mente, más al contrario, los futuros nuevos que inventamos, nos abren a su vez más incertidumbres y nos traen preguntas aún más retadoras.

La inmaterialización es un proceso que nos coloca en una existencia más esencial, que nos eleva hacia una nueva categoría donde está presente el relativismo, chocando con la intransigencia de los fundamentalismos ideológicos y religiosos de nuestro tiempo.

En todo caso, hemos de interiorizar esta deriva civilizatoria para rediseñar nuestra posición en el mundo, desde el liderazgo, el emprendimiento y la construcción de una nueva educación que se hagan cargo de las nuevas realidades subyacentes en aras a la construcción de un mundo más rico, justo y solidario.

No hay tiempo que perder. Adelante!!!
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