Escenarios de futuro, desafíos emergentes y reconfiguración del orden mundial en el horizonte de 2050.

Para avanzar hacia el futuro como personas y organizaciones necesitamos realizar un ejercicio de prospectiva, que nos ayude a trazar nuestra hoja de ruta desde donde elaborar nuestros planes. Para actuar con sentido y criterio en la vida necesitamos tener una visión integral (holística) y en perspectiva de hacia dónde se mueve el mundo. Aunque el futuro no lo podemos adivinar, sí podemos analizar sus tendencias y proyectar diferentes escenarios en función de los cuales diseñar nuestros proyectos de vida. Y todo ello sin olvidar que el mundo es contingencia y cambio, por lo que debemos actuar con flexibilidad y estar dispuestos a variar el rumbo en función de unos acontecimientos que cada día son más inciertos e imprevisibles.

Los desafíos globales que van a condicionar el futuro.

El cambio climático y los desplazamientos masivos, unido al crecimiento demográfico de los países de emisión, serán fuente de nuevos conflictos y alimentarán los sentimientos nacionalistas e identitarios en los países de destino, reviviendo los movimientos fascistas y de extrema derecha que pondrán en jaque las democracias.

Las Tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial van a transformar la economía, la producción y el mercado de trabajo. Muchos trabajos y profesiones desaparecerán, mientras aparecen otras. La productividad se disparará. Será necesario un nuevo contrato social para redefinir el reparto de la riqueza y establecimiento de nuevas relaciones laborales.

La convergencia tecnológica NBIC (nanotecnología, biotecnología, infotecnología, cognotecnología) nos van a traer una aceleración de la innovación sin precedentes y disrupciones en todos los campos y actividades humanas.

Fusión del metaverso, la realidad aumentada y la Inteligencia Artificial. Desembocarán en la emergencia de un mundo no físico en torno al cual se va a crear una economía descomunal y un nuevo mundo digital donde la mayor parte de la humanidad va a trasladarse a vivir y desarrollar sus actividades, trabajos y empresas. Una deriva que nos trasladará a una nueva era (Virtuceno) como prolongación histórica del Antropoceno.

Crecimiento global de la población y concentración en megalópolis. Generando desequilibrios entre el mundo rural y el urbano, despoblación de grandes áreas con su consiguiente degradación y proliferación de enjambres humanos en ciudades de un tamaño gigantesco, con el desafío de la movilidad, el tráfico, la contaminación, gestión de residuos, alimentación, inversiones en infraestructuras, etc. En el mundo del futuro, las ciudades irán ganando protagonismo e influencia a los Estados, propiciando nuevas relaciones de poder a escala planetaria.

Presión sobre los recursos naturales al crecer la población y aumentar su nivel de renta y capacidad de consumo. Cuestión que supondrá un reto añadido a la lucha, ya de por sí gigantesca, contra el cambio climático.

Sustitución de fuentes de energía contaminantes por las renovables y abandono de los combustibles fósiles. Una transición energética que va a generar nuevas oportunidades y fórmulas de colaboración ciudadana. En gran medida, el problema del agua y la provisión de fuentes de agua dulce mediante la desalinización estará íntimamente vinculada al desarrollo de las renovables y la disminución de sus costes de producción.

Nueva gobernanza global. La resolución de problemas complejos exigirán nuevas fórmulas y estrategias para abordarlos, lo que implica un cambio de paradigma en la política basada en la cooperación internacional, flexibilidad institucional e inclusión social.

Cambios de gran calado en la geopolítica global, nuevos actores, y relaciones de poder.

En el horizonte de 2050 vamos a asistir a la creación de un nuevo orden mundial que ya se está gestando. El papel de EEUU como única superpotencia hegemónica se va a ver alterado por la emergencia de nuevos actores que exigirán un mayor protagonismo en la escena internacional. Nos deslizamos a un nuevo equilibrio de poderes en un mundo multipolar donde el centro de gravedad se desplaza de Occidente a Oriente (del Atlántico al Pacífico). Y como en la gestación de todo nuevo orden, asistiremos a nuevas tensiones y conflictos.

China surge como nueva superpotencia en pugna con Estados Unidos, Rusia aspira a recobrar su antiguo poder haciendo valer su arsenal nuclear y poderío territorial, países como India o Pakistán entran en escena para hacer valer su peso demográfico, el mundo árabe lucha por extender su influencia mientras que el conflicto entre Israel y Palestina continúa su espiral de violencia. La Unión Europea sumida en una crisis de identidad pierde poder en el mundo. América Latina sigue sin encontrar su camino en su integración para hacerse oír con una voz única en la escena internacional. África cobrará un nuevo protagonismo al convertirse en la gran potencia demográfica que dará el relevo a China y la India en las próximas décadas.

Nuevos focos emergentes de tensión.

Todos los movimientos tectónicos que se están produciendo en la correlación de fuerzas y ordenación multipolar, van a sembrar el mundo de nuevas tensiones y enfrentamientos, algunos de los cuales llevan décadas incubándose. Son decenas los focos de conflicto en la pugna por un trozo de la tarta en el reparto del poder e influencia, de cuya muestra ofrecemos un botón:

Conflicto en el Ártico y Antártico por los recursos naturales y la conquista de nuevos espacios habitables favorecidos por los efectos del cambio climático y el calentamiento global. Por ejemplo, el deshielo en el Ártico desata una competencia por los recursos naturales y las rutas de navegación. Rusia, China, Estados Unidos y Canadá compiten abiertamente por su control, abriendo un nuevo foco de hostilidades en la región.

Asia Meridional y pugna en el Océano Índico entre Estados Unidos, India, China y otras potencias regionales. La competencia por el control de las rutas marítimas, la seguridad energética y la influencia geopolítica abre un escenario de tensiones en forma de alianzas y contraalianzas.

Oriente Medio sigue siendo un foco de tensión y conflicto por la posición geoestratégica y acceso crítico a reservas de combustibles fósiles.

Fronteras de la Unión Europea con Rusia, como foco de tensión por el control de la energía y sus infraestructuras de distribución. Los intentos expansionistas de la OTAN hacia Oriente y el surgimiento de un fuerte sentimiento nacionalista en Rusia amenazan con convertir la zona en un avispero y extender la Guerra de Ucrania a otros países.

Ciberseguridad y guerra digital. Los futuros conflictos en la era del Virtuceno se iniciarán en Internet. La ciberseguridad y el manejo de la propaganda se convierten en un nuevo frente de guerra. La guerra digital emerge como arma crucial para socavar la estabilidad del adversario.

Los conflictos abiertos en el mundo. 

Las tensiones geopolíticas descritas tienen su consecuencia en guerras, algunas de las cuales latentes hace décadas, otras activas que se recrudecerán en los próximos años y otras nuevas que aparecerán.

Guerra en Siria, desencadenada por la Primavera Árabe.

Guerra en Yemen que involucra a actores regionales, con Arabia Saudita liderando una coalición contra los rebeldes hutíes respaldados por Irán. 

Guerra de Ucrania entre Ucrania y Rusia, reabriendo un nuevo foco de tensiones entre Rusia y Occidente.

Guerra Civil en Libia entre dos facciones tras la caída del régimen de Gaddafi en 2011.

Conflicto en la República Centroafricana fruto de las tensiones étnicas y religiosas, que se trasladan a desplazamientos masivos y muerte.

Conflicto en Sudán del Sur, tras su independencia como país, vive en una guerra interna.

Conflictos en el Sahel, región sumida en la inseguridad al convertirse en teatro de operaciones de numerosos grupos terroristas.

Tensiones en el Mar de China Meridional que implica a múltiples países, incluidos China, Vietnam, Filipinas y Estados Unidos.

Conflicto en Afganistán, atizado por la retirada de las fuerzas estadounidenses.

Enfrentamientos en Cachemira que enzarza a dos potencias con arsenal atómico (India y Pakistán). 

Tensiones  entre China y Taiwán por la disputa histórica sobre la soberanía de Taiwán y la entrada en escena de Estados Unidos como actor desestabilizador de la zona.

Conflicto en Nagorno-Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán.

Guerra abierta entre Israel y Hamás que amenaza con un conflicto a gran escala.

Prospectiva sobre nuevos focos de fricción en el horizonte de 2050.

Son decenas de nuevas circunstancias emergentes por las que se entrará en disputa entre los países, que se unen a las descritas con anterioridad, y de las cuales cabe destacar las siguientes:

Aumento de las necesidades de agua dulce en las economías emergentes para atender las necesidades de la población y producción de alimentos. Por situar algún foco podemos citar:  Escasez de agua en Asia Central (China, Rusia) y lucha  por el control de ríos compartidos, como el Amu Darya y el Syr Darya; Medio Oriente donde el recrudecimiento de los efectos del cambio climático en la reducción de precipitaciones y aumento de temperaturas restringe el acceso al agua y atiza aún más las posturas enconadas de un conflicto histórico.

Control de las reservas de minerales estratégicos en África y pugna entre China, Estados Unidos y Rusia; en la lucha por liderar las tecnologías relacionadas con las energías renovables y fabricación de productos electrónicos.

Competencia por las tierras agrícolas en África y América Latina por parte de China y Estados Unido. El aumento de la demanda de alimentos está llevando a países como China a realizar inversiones estratégicas y a la compra a gran escala de terrenos de cultivo en África, convirtiéndose en un foco de conflicto a futuro.

Guerra comercial entre Estados Unidos y China y disputa por el control y supremacía tecnológica.

La carrera por el liderazgo tecnológico, especialmente en inteligencia artificial y redes 6G, constituye ya un foco de conflicto de consecuencias imprevisibles, incluida la guerra cibernética.

Evolución de la población.

En todo este análisis, para tener una mirada en perspectiva, es muy importante introducir en la ecuación, además de los factores descritos con anterioridad, una prospectiva sobre la evolución de la población a escala planetaria, porque su proyección condicionará el resto de variables.

El Planeta rebasó en 2022 los 8000 millones de habitantes, una cifra que nos habla de superpoblación y aumento en el consumo de recursos, cuya capacidad de regeneración ya estaba agotada antes de la explosión demográfica. Pese a ello, el crecimiento de la población se está desacelerando.

Según los datos del último informe de Naciones Unidas, el número de habitantes está creciendo a su ritmo anual más lento desde 1950, por debajo del 1 por ciento en 2020. Partiendo de estos datos, las últimas proyecciones sugieren que en 2030 podríamos llegar a los 8.500 millones de habitantes, mientras que en 2050 alcanzaremos los 9.700. Pero el pico de población mundial está lejos de los 11.000 millones previstos hasta la fecha, entre otros motivos porque al aumentar el nivel de renta y bienestar, también se reduce el número de nacimientos.

Según las últimas estimaciones, alcanzaremos un máximo de unos 10.400 millones de personas durante la década de 2080, permaneciendo en ese nivel hasta 2100, cuando se producirá un crecimiento cero de población.

Más de la mitad del aumento de la población mundial prevista hasta 2050 se concentrará en ocho países: Egipto, Etiopía, India, Filipinas, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo y República Unida de Tanzania, mientras que se espera que los países del África subsahariana contribuyan a más de la otra mitad del crecimiento poblacional previsto para 2050.

Como dato llamativo cabe señalar que en 2050, en torno al 25% de la población mundial será africana y este hecho redefinirá de nuevo los centros de gravedad del mundo (Occidente – Asia – África), condicionando por completo el futuro.

Con la elevada tasa de fertilidad sostenida, África sumará 1.300 millones de los 2.000 millones en los crecerá la población mundial en el horizonte de 2050.

El relevo de la locomotora demográfica que asumirá África repercutirá en la geopolítica, el comercio mundial, las migraciones y casi todos los aspectos de la vida. Por eso debemos volver la mirada a este continente, sobre todo por parte de países como España que compartimos vínculos y fronteras.

Toda esta prospectiva que te muestro  es absolutamente imprescindible para saber hacia donde va el futuro, tener una información básica para poder posicionarnos ante él y poder hacer nuestros propios planes, como ciudadanos, trabajadores, empresas u organizaciones. Toda esta información es clave para decidir qué estudiar, qué idiomas aprender, qué visitar, donde vivir y trabajar, qué fabricar, qué empresa o emprendimiento iniciar, qué ofrecer, qué clientes satisfacer, qué alianzas y vínculos establecer, etc.

El mundo está revuelto pero lleno de millones de posibilidades emergentes  que hay que aprender a descubrir desde una visión integral y holística de la realidad.

Adelante!!!

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