Nuestra vida se consume entre conversaciones vacías.

Un truco para producir oro con tus conversaciones.

Nos pasamos la vida hablando y cuando analizamos las conversaciones que tenemos nos damos cuenta que son infructuosas. Como norma general para que una conversación sea efectiva y produzca resultados, al menos tienes que hacer una declaración que tenga fuerza para movilizar a la otra persona, una promesa con la que te comprometes a hacer algo para ella, o un pedido. Cuando haces esto, produces acción y pones en marcha la máquina del futuro.

Nuestro estilo de conversar condiciona los pobres resultados que obtenemos.

Nuestra vida social es cada día más pobre, buena prueba de ello es el rastro que dejamos en las redes sociales, donde nos limitamos a hacer juicios, criticar y chismorrear. Cuando estas prácticas degradantes se apoderan de nuestras conversaciones, sentimos que nuestra vida se estanca, que no producimos resultados, que los demás no nos toman en serio, que cada día somos más irrelevantes… deslizándonos hacia un círculo vicioso del que nos resulta muy difícil escapar.

La mayor parte del valioso tiempo que dedicamos a hablar lo empleamos para decir huevadas, hablar mal de otras personas cuando no están presentes, del tiempo, del fútbol… Una espiral de conversaciones pobres que crean pensamientos pobres y una vida pobre, hasta encallar cada día un poco más en la miseria.

Al final, nuestras conversaciones se limitan a un hablar por hablar descuidado que daña nuestra identidad, desde donde evitamos a toda costa cualquier compromiso, una situación que termina desembocando en el individualismo, la desconfianza y el nihilismo.
Nuestro estilo de conversar se ha convertido en una especie de partida de póker donde el único interés es ganar al otro aunque sea con ardides y faroles. Una actitud que nos puede llevar a ganar alguna mano, pero con la que tenemos garantizada la pérdida de la partida de la vida.

Cuando caemos atrapados en la desidia, achacamos nuestra mala fortuna a que la suerte no me acompaña, mientras mi empresa pierde clientes, los votantes no confían en mí, mi pareja me rechaza… Y buscamos culpables en el destino, la ingratitud de los clientes, la inconsciencia de los electores o la deslealtad de las personas que queremos…

Sin embargo no somos capaces de mirar para dentro y observar la miserable proposición que hacemos a la vida, una propuesta que queda retratada con precisión en las cosas que hablamos, lo que decimos en nuestras conversaciones, aquello que verbalizamos. Y en consecuencia, la manera de actuar y estar en el mundo que deviene de esa actitud.

La conversación es una mina de la que puedes sacar oro.

Si cuando hablas, declaras algo importante para el otro, estás provocando una movilización para que algo nuevo ocurra; cuando prometes algo valioso, estás inventando un futuro inédito, un valor nuevo y un vínculo con la otra persona; algo similar que cuando pides algo a cambio. El mundo cambia cuando declaras, prometes y pides cosas valiosas.

Sin embargo no basta con formular declaraciones, promesas y pedidos; hay que hacerlo de manera impecable.  Las personas con las que hablas, aunque no te lo digan, se están preguntando: ¿Tú me quieres? ¿Yo soy importante para ti? ¿Tú me puedes ayudar?… Tu interlocutor está intentando escrutar y conocer tus propósitos, esforzándose por corroborar si tus intenciones casan con sus intereses.

Si quieres ser influyente para la otra persona y crear un vínculo y un futuro con ella, habla a sus intereses, no pierdas el tiempo pavoneándote o fardando de lo maravilloso que eres. Si lo que quieres de verdad es producir valor con el otro, céntrate y conversa en torno a lo que le interesa de verdad, y para averiguarlo no te queda otra que escuchar sus necesidades, preocupaciones y aspiraciones.

El ejercicio. Define 1 declaración, 1 promesa y/o 1 pedido que vas a hacer en tus conversaciones.

Ahora, si quieres que tus conversaciones produzcan resultados, antes de iniciarlas, prepáralas a conciencia y formula de antemano las declaraciones, promesas y pedidos que vas a realizar.

Piensa en las conversaciones que mantienes cada día con los demás, y cómo la falta de declaraciones efectivas, promesas y pedidos, están bloqueando la producción de resultados. Analiza y descubre como el valor que has creado en tu vida lo has logrado ejecutando estos 3 actos, de ahí ha nacido tu relación en pareja, tu familia, tu empresa, tu trabajo, tu reputación… y toda la riqueza material e inmaterial que has creado. ¿No consideras importante aprender a hacerlo con maestría?

Una pareja nace de una declaración de amor, de una promesa de fidelidad y de un pedido de correspondencia. Una empresa surge de una declaración, una promesa para crear valor a los clientes y un pedido en forma de pago. Un país nace de una declaración fundacional, una promesa a los ciudadanos y unas obligaciones (pedido)… Todas las cosas valiosas que crea el ser humano las construye en conversaciones donde se declara, promete y pide.

Declarar, prometer y pedir son los actos de libertad de los que disponemos como seres humanos para ejercer nuestra soberanía vital, un conjunto de prácticas que nos dan poder si sabemos ejercerlas, o nos conducen a la pobreza si somos ciegos a ellas.

Cada declaración potente que hacemos es un espacio de futuro que abrimos para otras personas, cada promesa que verbalizamos es una garantía de que algo bueno ocurrirá, algo por lo que podemos llegar a ser recompensados a través de una contraprestación. 

Todo lo que el ser humano puede crear se inventa y proyecta a través del acto de hablar, si no somos capaces de conversar de manera efectiva, difícilmente podremos crear cosas valiosas con los demás  (proyectos, alianzas, colaboraciones, complicidades).

Es cierto que también necesitamos de otras conversaciones donde no necesariamente tenemos que declarar, prometer o pedir. Igual de cierto que hay personas que declaran cosas que no son válidas, hacen promesas aún a sabiendas que no van a cumplir, o solo saben pedir sin dar nada a cambio. 

Igual de cierto es que al declarar y al prometer, comprometemos nuestra identidad y reputación, a la vez que hipotecamos nuestro tiempo y nos obligamos a hacer algo por los demás, cuestión que nos exige dedicación, esfuerzo y sacrificio. Quizá por eso vivimos en un tiempo caracterizado por la falta de compromiso, hemos aprendido a callar o distraer nuestras conversaciones cuando se deslizan “peligrosamente” hacia los compromisos, procurando evitarlos a toda cosa. Sin compromisos, una pareja, una familia, una empresa, una ciudad o un país, no avanzan, se estancan.

La vida tenemos que entenderla como una transacción justa (quid pro quo), un juego de ganar/ganar presidido por la ética. Como norma general, declara cosas importantes con las que te hagas cargo del estado de ánimo de tu gente, haz promesas valiosas con las que crear vínculos fuertes y hónralas, y finalmente, pide algo justo a cambio. Primero dar, luego pedir. 

Tu influencia personal, potencial emprendedor y liderazgo nace de la calidad de las ofertas que haces a los demás (promesas/pedidos). La clave es que las personas que te interesan (tus clientes), te vean como una oferta atractiva, una persona valiosa por las cosas que promete y que cumple. Y para hacerlo tienes que aprender a conversar de otra manera, descubriendo quién eres, en quién te quieres convertir, y qué puedes ofrecer a los demás.

No sabemos utilizar las funciones poderosas del lenguaje.

Tendemos a pensar que la principal función del lenguaje es comunicarnos e intercambiar información, pero detrás del lenguaje hay otras funciones ocultas y mucho más poderosas que nos dan poder, y que por desgracia no somos capaces de manejar con destreza y utilizar a nuestro favor, limitando con ello nuestra capacidad para crear, innovar, emprender y liderar.

En tus manos está utilizar tu poder para crear riqueza revolucionaria en todas las facetas de tu vida aprendiendo a declarar, prometer y pedir.

Si quieres te podemos enseñar, tenemos una tecnología para ayudarte a hacerlo.

Adelante!!!

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