Manual de resistencia para sobrevivir al coronavirus.

El reto que tenemos las personas de los países que vivimos en cuarentena es salir indemnes física y mentalmente del encierro. Y todo parece indicar que además de pagar un alto precio en vidas humanas, muchas personas van a sufrir graves trastornos emocionales que amenazan con convertirse en un problema de salud pública sobrevenido.

Por todos es sabido que las noticias negativas venden mucho más que las positivas. Guerras, atentados, robos, asesinatos, desastres naturales y pandemias son el maná de los medios de comunicación para ganar audiencia. El problema severo comienza cuando el bombardeo mediático se hace omnipresente.  Si no ponemos filtros y hacemos un consumo razonable de la información, quedaremos expuestos a otro gran riesgo: la pandemia del miedo y sus efectos colaterales para la salud. 

“El elemento que más batallas ha ganado al ser humano a lo largo de la historia ha sido el miedo”.

Emerson

El comportamiento de la mente humana.

La mente es una máquina que no deja de generar pensamientos de manera automática, y está comprobado que los pensamientos negativos que producimos son más numerosos y duraderos que los positivos. Los científicos sostienen que es fruto de un proceso de selección natural, un automatismo de defensa para hacer frente a los peligros. Pero el dato está ahí, y eso nos genera un problema de estado de ánimo porque detrás de cada pensamiento negativo se genera una emoción negativa ante la cual nuestro organismo produce sustancias tóxicas como el cortisol que acaban afectándonos a la salud.

La mente humana es fácilmente “hackeable”, cualquiera que quiera acceder a ella sabe que tiene un defecto de seguridad, una ventana para penetrar en ella a través de las noticias negativas y el chismorreo.

Si al bombardeo “interior” de pensamientos y emociones negativas, que ya de por sí nos dominan, le añadimos el impacto brutal que recibimos del exterior (medios de comunicación y redes sociales) y a todo esto le sumamos una situación de confinamiento que es totalmente anómala para nuestra condición gregaria, quedamos expuestos a un estrés descomunal que va a desencadenar episodios de crisis emocional a millones de personas, que también se van a somatizar y producir dolencias físicas, añadiendo más presión aún sobre el sistema sanitario.

Y es que la mente es como una ardilla nerviosa que salta de rama en rama, de pensamiento en pensamiento sin darse tregua. Una exposición adicional a noticias negativas retroalimenta las imágenes negativas que pasan por nuestra mente y nos hacen sentirlas como vivencias personales y reales, nos crean una película de la que se nos hace difícil salir. Por ejemplo: cuántos de ustedes han sentido en los últimos días algún pequeño síntoma relacionado con un ligero dolor de garganta, cierta dificultad a la hora de respirar, malestar corporal o un poco de febrícula… 

Con este alegato no estoy quitando importancia a un gran problema, al que considero que hay que prestar mucha atención, pero si no somos capaces de poner filtros y dosificar la información que consumimos, vamos a quedar expuestos a una tensión descomunal. Consumir sin control televisión e información en redes sociales durante muchas horas en los días de reclusión puede jugarnos muy malas pasadas.

En estos momentos, una cosa es informar y otra es aprovechar la situación para conquistar audiencias, jugando con la propensión humana a consumir información catastrofista. Por ejemplo, en los principales informativos de estos días, se repiten las imágenes de féretros saliendo de los tanatorios. ¿Es ético y moral este tratamiento de las noticias?, júzguenlo ustedes mismos.

La información es necesaria, pero ha de estar balanceada. En España, por poner un ejemplo,  la gripe en la campaña 2017-2018, dejó casi 800.000 casos, 52.000 ingresados y 15.000 muertos. Por otro lado, en 2018 hubo 427.721 defunciones, por enfermedades del sistema circulatorio 28,3%, tumores 24,12 %, enfermedades del sistema respiratorio 11,49 %…  Se suicidaron 3.539 personas , caídas accidentales 3.143, ahogamiento 3.090, accidentes de tráfico 1.896.

Se imaginan ustedes que los medios de comunicación, que por otro lado están en todo su derecho, dedicaran un tiempo importante de la programación a retransmitir en directo cada día la progresión de esas muertes y los episodios de dolor asociados, mostrándonos en un marcador y contabilizando cada 12 horas las bajas por cáncer, infartos, accidentes… Seguro que a día de hoy, de las personas expuestas a tal esquizofrenia, habría muy pocas mentalmente sanas.  

Desgraciadamente cuando referimos la muerte de una persona, por ejemplo, un famoso que ha muerto por el coronavirus, es una tragedia, cuando pasa de cientos de miles es una estadística.

Sin duda, detrás de esta pandemia van a quedar muchas cosas señaladas, pero una de las principales será nuestro consumo de información y el impacto en nuestra salud. En el futuro seremos más cuidadosos con la toxicidad que dejamos penetrar en nuestro cerebro a través de los fallos de seguridad de nuestra mente.

La crisis que se avecina va a poner a prueba nuestra fortaleza emocional, aprendiendo también a poner nuestra atención en otras cosas que el día a día no nos había permitido, como componer una melodía, escribir un libro, pintar un cuadro, crear una nueva oferta… Muchas de las  grandes creaciones del arte y la literatura universal han surgido de periodos de reclusión de sus autores.

La crisis también nos va a enseñar el valor de cosas importantes que habíamos pasado por alto: tomar un café, hablar con el vecino, dar un paseo, ver a la gente por la ventana, disfrutar de la libertad de movimientos…  Un buen momento para resetear la mente, recuperar el sentido de lo que nos une como especie y empezar de nuevo sin tener miedo al futuro. 

Adelante!!!

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