Los 10 tipos de silencio y su poder. Una mirada desde la filosofía del lenguaje.

El hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras.

ARITÓTELES.

La palabra es fuente de influencia y  de creación de nuevas realidades. “Primero fue el verbo” es una visión compartida por diferentes cosmogonías. Pero ¿y el silencio? ¿Cuál es su poder? ¿Cómo podemos utilizarlo? A menudo nos han enseñado a usar las palabras y a hablar, pero ¿y a callar y manejar nuestro silencio? Nadie nos ha instruido en esta disciplina pese a su importancia.

El manejo del silencio.

Las palabras, como las balas, una vez disparadas, no tienen retroceso. Y como las balas, pueden matar, herir o infligir sufrimiento; pero también pueden tranquilizar, provocar calidez, inspirar y movilizar.

El antídoto para no causar daño con las palabras es el silencio, una fuerza que bien utilizada es fuente de crecimiento y creación de confianza. De hecho, el silencio es una propiedad que pone el universo a nuestra disposición para lidiar con las contingencias de la vida, reparar el alma, evitar exponernos al mal, comprender al otro u ordenar la dispersión de nuestra mente. Como toda fuerza de la naturaleza, podemos convertirlo en nuestro aliado, constituyendo una divisa esencial al servicio para las personas prudentes y cabales.

La comunicación humana es una transacción permanente entre quien habla y quien escucha. Admitiendo que siempre existe uña brecha entre ambos (nunca un mensaje va a ser interpretado por el receptor de la manera que vive en el emisor), el manejo del silencio es una herramienta para estrecharla. El lenguaje humano es imperfecto, y el silencio es un recurso para mejorarlo.

El lenguaje humano como el universo se componen de sonidos y silencios.

A veces podemos llegar a decir más cosas y ser más influyentes desde el silencio que desde las palabras. Cuando la comunicación y la conversación se limitan solo a sonidos, estamos ante un problema (conflictos, descoordonación, desconfianza, ruido, desidia…).

El lenguaje humano es imperfecto, hasta que la comunicación telepática lo mejore, la mayor parte de nuestras conversaciones se limitan a un diálogo de besugos donde uno dice lo que dice y el otro escucha lo que escucha, siendo el silencio bien utilizado, la única tabla de salvación para que nuestras conversaciones no descarrilen y se conviertan en un acto improductivo.

El mundo lo inventamos al escuchar, hacer declaraciones movilizadoras, fundar juicios que sustenten nuestras acciones, realizar promesas significativas y pedir algo a cambio. El silencio es necesario para escuchar al otro y sintonizar con él, para discernir un juicio de una afirmación, para que una declaración pueda tener consecuencias, o que una promesa o un pedido puedan surtir efecto… El silencio es la transición necesaria entre la palabra y la acción.

La realidad y las cosas que creamos los seres humanos nacen de nuestras conversaciones, un proceso que surge entre las intenciones del que habla y los intereses del que escucha, en cuya intersección es necesario el acto del “silencio activo”.

El silencio nos da y nos quita poder. Los 10 tipos de silencio.

El manejo del silencio está sujeto a un difícil equilibrio. Es una posición que permite al que calla, si aprende su disciplina, ver más que el que habla y desde más ángulos. De la misma manera que nos ayuda a construir una buena reputación o salvarla en situaciones complicadas. En definitiva, nos da poder e influencia. Pero también puede restarnos poder, si hacemos del silencio un acto pasivo y una posición descomprometida con la vida.

Cuando abrimos la boca para hablar nos comprometemos con otros, y al prometer cosas, ponemos en marcha la “máquina del futuro”, ahí reside la magia donde ocurren las cosas en el mundo, el paso de la potencia al acto, de la tesis a la síntesis, del no ser al ser. Y todo esto nos otorga un poder descomunal, pero tiene un “inconveniente”, ya que al comprometernos, empeñamos nuestro tiempo consagrándolo a los demás, obligándonos a hacer cosas para otras personas, cuestión que nos exige dedicar tiempo, esfuerzo y sacrificio.

Ahora veamos 10 formas de practicar el silencio:

  1. El Silencio cómplice (comprometido). A través de él manifestamos conformidad activa y comprometida con el otro, nos abre a la confianza y a la acción.
  2. El Silencio mentiroso. Nos servimos de él para dar a entender al otro que estamos comprometidos, cuando nuestra intención es otra; nos cierra al crecimiento, resta posibilidades de futuro y deteriora la reputación.
  3. El Silencio descuidado. Lo utilizamos para entretener nuestros compromisos con los demás y movernos en la ambigüedad; debilita la confianza de los demás en nosotros.
  4. El Silencio sistemático. Lo utilizan aquellas personas que han descubierto que al abrir la boca se comprometen y deciden vivir cómodamente con la boca cerrada sin hacer nada por los demás; lleva directamente al aislamiento y la soledad.
  5. El Silencio cortés. Cuando callamos aquello que pueda molestar al otro. Nos ayuda a no crear enemigos de manera innecesaria y a respetar al otro como diferente y legítimo.
  6. El Silencio prudente. Cuando evitamos la confrontación en el esencial juego vital de conseguir el máximo número de aliados y el mínimo de detractores, evitando arriesgar nuestra reputación ante la única recompensa en forma de una victoria pírrica.
  7. El Silencio evasivo (tacticista), solo hablar lo necesario y contestar lo que conviene desde una estrategia calculada; su uso continuado erosiona nuestra identidad.
  8. El Silencio de ocultación, está dentro del compendio de las malas artes de la manipulación y las medias verdades que son más dañinas que las mentiras.
  9. El Silencio de incitación o silencio paciente, uso del silencio para descubrir las intenciones del otro; permite desnudar a la otra persona alimentando su ego, provocando un ataque de verborrea para allanar el camino a nuestros intereses.
  10. El Silencio administrativo, es la forma de ejercer la arbitrariedad desde el silencio, poniendo de manifiesto que “aquí mando yo” y puedo ser “magnánimo contigo”, legitimando incluso mi desidia y pereza.    

Si reflexionas un poco acerca de las personas que admiras, es posible que te sorprendas al descubrir que su influencia nace más de la calidad de sus silencios que de lo que hablan. La confianza vive más en el silencio que en la verborrea.

Hay personas que no saben cuando hablar y cuando callar (miedo escénico al vacío), viéndose obligadas a pagar un alto precio por ello. Las palabras solo nos dan poder cuando son más valiosas que nuestro silencio.

Adelante!!!

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