Las 6 Preguntas para avanzar hacia un nuevo contrato social.

Cuando creíamos tener todas las respuestas nos cambiaron las preguntas.

Hasta ahora, cuando las personas perdíamos el norte en algún momento de nuestra vida y nos preguntábamos ¿qué debo hacer?, automáticamente teníamos una serie de respuestas válidas y aceptadas desde un consenso general: estudiar, esforzarse, aprender un oficio, ser un trabajador obediente… Si las recetas se aplicaban correctamente,podíamos aspirar a un trabajo seguro y una vida digna, contribuyendo a su vez al desarrollo del conjunto de la sociedad. El problema ha llegado cuando esto ha dejado de funcionar, obligándonos a cambiar las preguntas y buscar nuevas respuestas.

Venimos de un mundo de certezas y entramos en otro de incertidumbres, cuestión que nos genera una profunda sensación de zozobra, desazón y desasosiego. Y esto no supone que en el futuro vayamos a gozar de menos oportunidades que en el pasado. Claro está, si sabemos reformular las preguntas que han de dar sentido a nuestra vida y replantear las respuestas.

Vivir con certezas no significa tener mejor vida.

Nuestros antepasados vivían con más certidumbres que nosotros. En la Edad Media, por ejemplo, una persona desde su nacimiento tenía la certeza de lo que iba a ser en el futuro (siervo, noble o religioso). Nuestros padres y abuelos, aunque en menor medida, también tenían cierta seguridad de lograr un trabajo de por vida si se esforzaban en el estudio o aprendían un oficio. Sin embargo esto ya no funciona para la mayor parte de nosotros y de nuestros hijos.

Las preguntas y las respuestas que nos formulábamos para buscar la seguridad.

El ser humano por naturaleza es refractario al cambio, busca la seguridad y le incomoda lo desconocido. Para construir nuestros proyectos vitales nos formulábamos preguntas como estas: ¿Qué puedo hacer? ¿Qué necesito aprender? ¿Cómo debo comportarme? ¿Qué es la vida?… Y en torno a ellas elaboramos respuestas certeras: esforzarse en el estudio, conseguir un título universitario, aprender un oficio, desarrollar disciplina laboral (interpretar instrucciones y ejecutarlas), ser obediente, dedicar 1/3 de la vida a formarse, 1/3 a trabajar y 1/3 a la jubilación…

6 Preguntas y respuestas para vivir en la incertidumbre.

Pero el modelo que funcionó razonablemente bien durante mucho tiempo y concitó un acuerdo social amplio, necesita la reformulación de sus preguntas respuestas fundamentales

1. ¿Qué es la vida? 

¿Cómo me replanteo la vida? 

Respuesta. Ya no me puedo plantear la existencia dividida en tres partes, la nueva realidad me obliga al reciclaje continuo y al aprendizaje a lo largo de la vida.

2. ¿Qué es el ser humano?

¿Cuál es la naturaleza del ser? ¿Una realidad fija e inmutable o una realidad inacabada?

Respuesta. La tradición metafísica que determina nuestro entendimiento del ser humano tiene 25 siglos (Presocráticos, Sócrates, Platón, Aristóteles, Escolástica…), definiéndonos como realidad fija, eterna e inmutable, y cerrándonos al aprendizaje, el crecimiento y el emprendimiento. Necesitamos una nueva concepción del ser como realidad inacabada y en permanente construcción, un entendimiento del individuo como compendio de cuerpo (biología), lenguaje y emociones (filosofía del lenguaje), un ser abierto al aprendizaje, el crecimiento y el emprendimiento.

3. ¿Qué permiso me doy para actuar? 

¿Qué automandato tengo? ¿Me autorizo para actuar de forma autónoma o solo sigo consignas? ¿Cómo me hago cargo de mi existencia? 

Respuesta. El timón de nuestra vida lo delegábamos en otros (el gobierno, la empresa, la familia…). Ahora, estamos obligados a asumir el control, dándonos permiso para hacer otras cosas, abriéndonos a la exploración de nuevas posibilidades y convirtiéndonos en responsables de nuestra propia existencia.

4. ¿Dónde estoy y dónde quiero llegar? 

¿Qué puedo lograr? ¿Quién soy? ¿En quién me quiero convertir? ¿Qué puedo ofrecer a los demás? ¿Qué tengo para lograrlo? ¿Qué me falta?

Respuesta. El logro personal y profesional ha de partir del valor que podemos crear para los demás, de la calidad de las ofertas que podemos producir, para lo cual es necesario descubrir cómo soy ahora y en quién me quiero convertir, abriéndome al aprendizaje.

5. ¿Qué necesito aprender ? 

¿Qué plan de formación voy a seguir? ¿Cómo me voy a hacer cargo de mi aprendizaje? 

Respuesta. Para convertirme en quien quiero ser y ofrecer al mundo mi potencial (alcanzar la mejor versión de mí mismo) debo aprender de manera diferente a la tradicional.
También tengo que abrirme al aprendizaje de nuevas competencias (aprender a declarar, prometer, pedir, hacer ofertas, dirigir, trabajar en equipo, planificar, desarrollar fortaleza emocional…)

6. ¿Cómo tengo que comportarme? 

¿Qué es para mí lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, lo lícito e ilícito…? ¿Cuáles son mis principios y valores?

Respuesta. Para conducir mi propia existencia  debo construir mi propia ética, definiendo los principios y valores irrenunciables por los que tengo que conducirme. Si tengo claros mis principios, sabré como tengo que actuar en cada momento (aunque sea en contra de mis propios intereses).

Como decía Benedetti: cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas.

En torno al buen funcionamiento de las preguntas y respuestas tradicionales llegamos a fundar un contrato social sobre el que descansaba nuestro modelo de convivencia, un acuerdo tácito que tenía un apéndice en un contrato social educativo que nos proponía: “tú estudia, esfuérzate, haz una carrera o aprende un oficio, sé un ciudadano ejemplar que cumple las normas… y a cambio tendrás un trabajo digno con el que ganarte la vida”.

El problema viene cuando las cláusulas del contrato dejan de cumplirse y las personas se quedan sin referentes, horizontes y esperanza; un campo abonado donde se hace presente el fascismo y el populismo con sus consignas. Valiéndose del enfado de la gente que cumplió su parte y el sistema no hizo lo mismo con la suya.

O cambiamos las preguntas y ayudamos a construir nuevas respuestas para ayudar a las personas a construir sus vidas, o nos espera un camino con mucho sufrimiento y una enorme tensión existencial, una peligrosa senda donde encuentran su nicho unas ideologías excluyentes sin escrúpulos para manipular el sufrimiento de la gente, expertas en buscar culpables y chivos expiatorios (extranjeros, minorías étnicas), manipuladoras de la realidad, simplificadoras de los problemas complejos mediante recetas irrealizables que nos invitan a la vuelta a un “pasado mejor” que solo vive en sus mentes delirantes, mientras se apropian de los símbolos de la patria, evocando permanentemente el pasado y desentendiéndose del futuro. Una peligrosa deriva hacia el sufrimiento, la guerra y la destrucción de las sociedades con la promesa del restablecimiento del viejo orden, una quimera solo realizable en sus mentes enfermizas.

Estamos ciegos si en este momento no abordamos como sociedad la fundación de un nuevo contrato social para vivir juntos en la nueva era de la incertidumbre, un contrato social cuyo primer paso ha de iniciarse con la reformulación de las preguntas y respuestas que sustentaban nuestra convivencia. Y como apéndice, necesitamos de otro muy concreto, otro que refunde nuestra educación (Tercer Contrato Social de la Educación).
Ahora más que nunca vamos a necesitar desempolvar nuestros grandes referentes del pensamiento,, reivindicando una filosofía basada en el bien común y la paz perpetua, donde las preguntas kantianas tienen hoy más vigencia que nunca, como base para reformular el nuevo contrato social (¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? ¿Qué es el hombre?).

Estamos ante un cúmulo de riesgos, pero también ante un horizonte de grandes posibilidades y oportunidades, en un cambio de paradigma en toda regla. ¿Estamos dispuestos a cambiar nuestras preguntas y a elaborar nuevas respuestas? Si es así, nos exigirá repensarnos, rediseñarnos y refundarnos como seres humanos; cambiar en definitiva. Esa es la cuestión ¿estamos dispuestos?

Adelante!!!

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1 comentario en “Las 6 Preguntas para avanzar hacia un nuevo contrato social.

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