La paz amenazada. El mundo al borde de una tercera guerra mundial tras la invasión de Ucrania.

Escenarios y claves para la paz.

Quienes hemos vivido unas décadas sin sufrir una guerra en carnes propias, tendemos a creer que la paz es una normalidad y la guerra es una anomalía. Y nada más lejos de la realidad, en el pasado, lo normal era que una generación viviese al menos una guerra en su país o en otro con el que se mantenía el conflicto, por lo que en cualquier familia había personas muertas, mutiladas y otras víctimas causadas por sus efectos (hambrunas, enfermedades).

La paz es una rareza histórica que hay que construir y preservar con uñas y dientes. A lo largo de los últimos 5000 años ha habido miles de guerras en todo el mundo y se han firmado más de 8000 tratados de paz. La historia de la humanidad la podemos definir como una interminable secuencia de guerras con breves periodos de paz entre ellas.

Y sin embargo, los pocos privilegiados que hemos vivido unas décadas en el paraíso de la paz no le damos el suficiente valor a este bien escaso, tendiendo a pesar que se trata de un derecho adquirido y sin retorno. Una fantasía propia de quienes desconocen la historia.

Vivimos en la época histórica más pacífica, aunque con los desafíos más colosales.

El momento actual, pese a los conflictos abiertos que hay en el mundo, lo podemos considerar como el más pacífico, pero a su vez el más peligroso y desafiante por la sofisticación de las armas, su capacidad de destrucción global, crisis climática, migraciones, globalización, etc.

Si analizamos la situación por continentes, América está libre de guerras, al igual que la zona del Pacífico (aunque con conflictos y escaramuzas en India, Paquistán, China, Corea del Norte y Corea del Sur, Mar de China Meridional…), que concentra la mayor parte de la población mundial, así como Europa hasta la guerra de Ucrania. Por contra, la mayor parte de conflictos se acumulan en Oriente Medio y África. Pese a las guerras en Siria, Libia, Israel y Palestina, Etiopía, Yemen, Mozambique o Ucrania, vivimos en un mundo más pacífico, aunque con grandes incertidumbres en el horizonte por el desajuste en los equilibrios surgidos después de la Segunda Guerra Mundial, la crisis del viejo orden mundial, el surgimiento de una nueva bipolaridad dual (Estados Unidos – Europa / China – Rusia), la proliferación del terrorismo yihadista, etc.

En los últimos siglos, el epicentro de las guerras ha sido Europa, precisamente la Unión Europea se fundó con el objetivo principal de construir la paz en el continente, una misión que hoy nos parece sin retorno, pero que con un poco de perspectiva no es una realidad irreversible, la prueba está en la guerra de Ucrania o la pujanza de partidos fascistas en muchos de nuestros países que amenazan con disolver la Unión y volver a las andadas bélicas del pasado.

El periodo más duradero de paz en Europa solo tiene una historia de 65 años, desde 1957 con la firma del Tratado de Roma que inaugura la Comunidad Económica Europea. Por tanto, somos los nacidos en este breve  periodo los únicos privilegiados que hemos conocido una paz tan duradera, aunque en este tiempo, en el seno de Europa, ha habido varías guerras (Balcanes, Albania, Transdniestria, Crimea y Donbas, Ucrania). Todo esto nos demuestra que la paz es muy frágil, y que incluso en unas décadas de tregua, la guerra no ha dejado de rondarnos hasta amenazarnos con devolvernos a la casilla de salida ante el peligro real de iniciarse una tercera guerra mundial en las fronteras mismas de la Unión.

De la paz a la guerra hay un suspiro.

Cuando la ciudadanía y las sociedades no se implican en la construcción de la paz duradera, el tránsito al conflicto y a la guerra es rápido. Por ejemplo, después de la Primera Guerra Mundial llegó la euforia de os felices años veinte, donde la población vivía en la fantasía de un periodo largo de paz y prosperidad. Nada más lejos de la realidad porque a la vuelta de la esquina se estaba gestando la mayor catástrofe de la historia.

La guerra es un mal que se incuba rápido, dejando atónitas a unas sociedades que se ven arrastradas al conflicto tras una escalada vertiginosa y, de pronto, sus vidas quedan envueltas en una tragedia sin retorno. En medio de tanto horror se instala una “nueva normalidad” y a la mente humana no le queda otra que relativizar la barbarie. Parafraseando a Stalin, una muerte es una tragedia, un millón de muertes es una estadística.

La historia nos enseña que sin justicia no hay paz duradera. Necesitamos recuperar a Kant para iniciar un nuevo rumbo.

Cuando un pueblo reduce a otro por la fuerza y le somete a la tiranía, en ese momento se está incubando la próxima guerra, una tregua con fecha de caducidad. La paz duradera solo es posible desde la justicia, el respeto y la empatía.

En este momento no nos queda otra que rescatar el ideal kantiano a través de su obra Sobre la paz perpetua, no estaría mal que los Estados, líderes mundiales, gobiernos, instituciones, organizaciones ciudadanas y personas a título individual, retomásemos su doctrina:

  • Ningún estado debe inmiscuirse por la fuerza en la constitución o el gobierno de otro estado.
  • Ningún estado debe, durante la guerra con otro estado, permitir tales actos de hostilidad los cuales hagan que se vuelva imposible la confianza mutua en la paz futura.
  • La ley de las naciones debe estar fundada en una federación de estados libres.
  • La ley de la ciudadanía mundial debe estar limitada a condiciones de una hospitalidad universal.
  • Ningún tratado de paz en el cual esté tácitamente reservado un asunto para una guerra futura será valido.
  • Los ejércitos permanentes deberán desaparecer por completo con el tiempo.

Recuperar a Kant nos ofrece el camino para la construcción de la paz, no solo en el marco de acción de las instituciones y los gobiernos, sino también desde el punto de vista de la moral y la ética personal, ayudándonos a dar respuesta a las preguntas trascendentales que nos formuló: ¿Qué es el hombre? ¿Qué puedo esperar? ¿Qué debo hacer?

El viejo sueño de Platón de un gobierno de los mejores (filósofos) fue retomado por Kant, al menos para rescatar una pragmática de la utopía basada en que los gobiernos, antes de tomar dramáticas decisiones, se vieran auxiliados por la opinión de los filósofos.

Como el ideal platónico nos parece a día de hoy inalcanzable, siempre tendremos incertidumbres para la seguridad ante la emergencia de gobernantes todopoderosos que arropados en el poder puedan cometer tropelías fuera de control. Frente a eso, solo nos queda la educación para la paz y el contrapoder de la acción ciudadana como mecanismo de presión a los gobernantes.
La Paz la crean los pueblos desde la educación y los principios, como único contrapoder a los intereses de las élites y gobernantes que anteponen su bienestar al de la ciudadanía global.
Adelante!!!

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