Valores: ¡El problema supremo de la humanidad!

El gran desafío que enfrentamos como sociedad es poner los valores en el foco central de la acción de las personas y organizaciones. El compromiso de luchar contra la pobreza y por la igualdad, el cumplimiento con los Objetivos del Desarrollo Sostenible, nuevamente nos convocan a un cambio profundo en la educación y a la responsabilidad que como instituciones, organizaciones, empresas y personas individuales tenemos para dar lo mejor de nosotros mismos, y así iniciar el cambio que queremos ver en el mundo.

En el mundo actualmente existen grandes contradicciones: por un lado, exorbitantes riquezas, pero altamente concentradas; según un informe publicado por Oxfam Internacional, tan sólo ocho personas (8) poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas.

Todo esto convive con avances inimaginables, vertiginosos y exponenciales de la ciencia y la tecnología (biotecnología, nanotecnología,  infotecnología, cognotecnología, ciencia espacial); mientras millones de personas en el mundo padecen de hambre, pobreza y extrema pobreza, desnutrición o mal nutrición, migraciones, racismo, xenofobia, violencia en sus diversas expresiones, niveles, tipos y consecuencias; injusticia, inequidad, desigualdad (esto inclusive en los países llamados desarrollados, aunque en menor grado que en los países llamados subdesarrollados o del tercer mundo).

A la lista además hay que sumar el cambio climático que afecta a la humanidad entera, las cruentas guerras fundadas en su mayoría en falsos argumentos, pero que en la realidad la mayoría de ellas son para apropiarse de los recursos naturales y para generar enormes e inhumanas ganancias a la industria militar, así como terrorismo, el narcotráfico y crimen organizado, que son males que carcomen al mundo más la proliferación de armas nucleares que mantienen amenazadas a millones de personas y al planeta entero.

A la misma vez, en el mundo actual la internet y las redes sociales son una fuente casi ilimitada de conocimientos e información de gran utilidad para todos los ámbitos de la vida, cuyo acceso y uso adecuado son imprescindibles para mejorar la cobertura, calidad, pertinencia y eficiencia de la educación y la calidad de vida de las personas; pero también pueden ser una fuente peligrosa de antivalores a los que están expuestas las personas de todas las edades, principalmente los niños y las niñas,  siendo utilizadas también “muy eficientemente” para la guerra, para promover odio y violencia, el terrorismo, para el narcotráfico, para el crimen organizado, para hacer estafas ya no sólo reales, sino también ciberestafas y cometer múltiples y diversos ciberdelitos. 

Asimismo la tendencia homogeneizante en el mundo es contraria a la necesaria diversidad y a la naturaleza y esencia multiétnica y pluricultural de la humanidad. Es importante conocer, respetar   y aprender de las diferentes tradiciones y culturas del mundo, pero hacerlo con orgullo y dignidad en lugar de ocultarlas, negarlas y hasta sentir vergüenza de ellas; cuando se trata más bien de rescatarlas, desarrollarlas, difundirlas y promoverlas. En otras palabras, abrirse al mundo, pero con orgullosa identidad para promover en la práctica la Unidad en la Diversidad. 

La promoción del consumismo ilimitado, interminable e irracional genera más angustias que bienestar. Gastamos, y sobre todo nos endeudamos para comprar con frecuencia bienes y productos suntuarios no acordes a nuestra realidad económica y que nos dan algunas veces más comodidad, pero comprometen nuestra tranquilidad; esto es una realidad a todos los niveles económicos y sociales. Existen famosos acaudalados (artistas, deportistas, empresarios, etc.) que viven una lucha interminable o competencia ilimitada para tener los carros más lujosos y en la mayor cantidad, las mansiones más caras y majestuosas, los aviones, yates más modernos y “mejores” que los que tienen otros famosos.  

Las crisis y conflictos en el mundo están también muchas veces relacionados a la lucha por el poder económico, político, e incluso en el ámbito religioso.

Lamentablemente podemos decir también que es muy frecuente y fácil para muchas personas el criticar, atacar, denigrar, hasta odiar o promover el odio, pero les resulta difícil escuchar, comprender, apoyar, perdonar, así como dar y promover el amor, el respeto y la tolerancia.  “Pedir perdón es de inteligentes, perdonar es de nobles y perdonarse es de sabios” (Anónimo).

El problema supremo que vive el mundo no es la falta de recursos, sino un problema de valores morales y humanos que, entre otras cosas, genera una enorme desigualdad social, de condiciones, de oportunidades, etc. Y al igual como el cambio climático, afectan a toda la sociedad sin distingos de ubicación geográfica, posición económica o social, color de la piel, cultura, nivel académico, credo, religión o ideología; aunque sin duda, sus causas y efectos son enormemente variables. 

Por lo anterior expresado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la Agenda 2030 aprobados y suscritos en septiembre del 2015 por las 193 naciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas junto con las 169 metas, serán totalmente inalcanzables si no se cambia el modelo y orden de cosas en el mundo. Para lograrlo se requiere no una mejor educación, sino una nueva educación no centrada en la enseñanza sino en el aprendizaje significativo que conlleva, entre otras cosas, aprender a desaprender para reaprender y a una educación integral que es diferente a la simple instrucción. A un papel del maestro o maestra no de trasmisor de conocimientos, sino de facilitador, de mediador, de promotor, de motivador de aprendizajes que incorpore los recursos virtuales.  

Todos y todas, indistintamente del lugar geográfico en que nos encontremos, de nuestra posición económica o social y del tipo de actividades que realicemos, podemos contribuir con la construcción de un mundo mejor para esta y las futuras generaciones, aunque las responsabilidades para hacer este cambio sean de magnitudes y características diferentes. Así por ejemplo, un funcionario o empleado público, desde el cargo más alto, hasta el que ocupa el puesto más sencillo, que no hace su trabajo con disciplina, entrega, dedicación, honestidad, responsabilidad, que no atiende a quien demanda sus servicios con eficiencia y amabilidad, indistintamente su ideología, credo, color de la piel, cultura o posición social y económica, que trabaja para servirse y no para servir, que defiende su puesto de trabajo por defender su status quo y no como el derecho a un empleo para garantizar una vida digna para él, su familia y para servir a la sociedad; no está cumpliendo adecuada y éticamente con su misión humana. Asimismo, un maestro o maestra del nivel educativo que sea, que cumple con los horarios y el programa, pero que no pone un verdadero empeño para lograr aprendizajes significativos en sus estudiantes y en generar el mayor grado de motivación posible, tampoco está cumpliendo adecuada y legítimamente con su misión humana.

A su vez, cuando desde el sector privado se actúa con la única visión de obtener ganancias, lo que es válido y legítimo, pero haciéndolo indistintamente de la calidad de los productos o servicios que se venden o el daño que se pueda hacer a los consumidores, al ambiente y a la sociedad en general; cuando se evade el pago de los impuestos que corresponden,  cuando se colude con otras personas o instituciones del sector público o privado, no se está cumpliendo adecuada y legítimamente con su misión humana.

La biotecnología, la nanotecnología, la infotecnología, la cognotecnología y la ciencia espacial son de gran valor para la salud, la educación, la ingeniería e infraestructura, el medio ambiente, la producción de alimentos sanos e inocuos y en las cantidades requeridas para alimentar al mundo, el comercio y los servicios, la comunicación y el intercambio cultural a nivel mundial, para la recreación, etc.  Pero para que todo esto sea sostenible, se tiene que sustentar el desarrollo con sólidos valores humanos y una visión holística que nos permitan avanzar hacia una sociedad más justa, más equitativa, más solidaria, más pacífica, más sostenible y verdaderamente humana; de lo contrario, todo el avance científico y tecnológico ampliaría las ya enormes e inaceptables brechas de injusticia e inequidad existentes. Por este camino llegaríamos a la singularidad tecnológica, donde las máquinas serían utilizadas para dominar al mundo, sojuzgando a las grandes mayorías de la sociedad.

Ya sea por razones religiosas, espirituales, políticas, ideológicas, económicas, sociales, o por cualquier otra, es necesario que el mundo cambie. Pero no basta con que cada uno, por la razón que sea, quiera o crea que el mundo debe cambiar. NO, el cambio comienza con cada uno de nosotros y debe continuar a lo largo de nuestras vidas, a pesar de que, como lo dijo La Madre Teresa de Calcuta, “a veces sentimos que lo que hacemos es tan sólo una gota en el mar, pero el mar sería mucho menos si le faltara una gota”.

Fe, optimismo, determinación, disciplina, responsabilidad, solidaridad, respeto, humildad, tolerancia, honestidad, alegría, son algunos elementos o valores que cada uno a diario deberíamos fortalecer.

Debes ser el cambio que deseas ver en el mundo” (Mahatma Gandhi).

Francisco Telémaco Talavera Siles.
Entre otros cargos ha sido Rector de la UNA, Presidente del CNU, Ministro Asesor del Presidente de la República de Nicaragua para todos los temas de Gabinete. En la actualidad es un líder educativo de reconocido prestigio internacional.

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