Resignificar y fortalecer el papel de las organizaciones sociales y del tercer sector en 7 pasos.

Este artículo forma parte del plan de trabajo que estamos llevando a cabo con organizaciones sociales y del tercer sector para fortalecer su influencia y liderazgo, desde la construcción de nuevas propuestas de intervención con la ciudadanía que se hagan cargo de los grandes desafíos del siglo XXI. Sirviendo a su vez de documento marco de trabajo para su puesta en común con gobiernos y organizaciones políticas para el rediseño de las políticas públicas, programas y actividades que llevan a cabo las organizaciones del tercer sector.

Las organizaciones sociales y del tercer sector (asociaciones, fundaciones, ONG, sindicatos, fundaciones…) viven un momento crítico, sumidas en una profunda crisis, desconectadas de su masa social, sin poder de convocatoria y atrapadas en su zona de confort. En las últimas décadas han perdido buena parte de su influencia, debido a que no han sido capaces de renovar sus ofertas a la ciudadanía y a la campaña de desprestigio orquestada por sus detractores.

Aunque tienen una importancia capital para el bienestar de los países y las comunidades locales, al cubrir unas necesidades básicas (asistenciales, defensa de los derechos, culturales, educativas, humanitarias, tecnológicas, cooperación internacional…), al llegar donde las instituciones y el mercado son ineficientes, se enfrentan a dos grandes desafíos: volver a conectar con su base social y evitar la embestida del neoliberalismo que apuesta abiertamente por su desaparición.

Reconectar a las organizaciones sociales con sus clientes y base social.

En la actualidad asistimos a una desconexión entre las personas y las organizaciones que nacieron para mejorar sus vidas. Aunque antaño alcanzaron una gran prestigio y reputación, hoy se encuentran denostadas y en crisis, por lo que es necesario repensarlas, resignificarlas y refundarlas para fortalecerlas e impulsarlas.

Renovar las ofertas a la ciudadanía.

Aunque el mundo ha cambiado mucho en las últimas décadas, y con él las necesidades de las personas, éstas organizaciones apenas han renovado sus propuestas, siguen desarrollando las mismas actividades y ofreciendo los mismos servicios, lo que provoca una descompensación entre las necesidades de la gente y las ofertas que reciben, al punto que asistimos a una pugna por conseguir usuarios para cursos, actividades y eventos de todo tipo que no tienen demanda. Y este es el argumento perfecto para quienes quieren terminar con ellas.

Cuáles son los nuevos desafíos y qué le preocupa a la gente.

Además de la lucha contra la pobreza y la exclusión social, que seguirán siendo el objeto principal de su trabajo, están apareciendo nuevas necesidades sociales para ser atendidas, las cuales han de constituir el objeto de de su dedicación, como el cambio climático, las migraciones, la transición ecológica y energética, el reto demográfico, las transformaciones del mercado laboral, la educación y adquisición de nuevas competencias, la Cuarta Revolución Industrial y sus tecnologías emergentes, nuevos modelos de desarrollo y cooperación internacional, etc.

La irrupción de estas nuevas realidades, es fruto de nuevas oportunidades: liderar la transición energética desde la ciudadanía, apropiación masiva de las competencias clave para el siglo XXI, adaptación a las nuevas necesidades laborales, alfabetización digital y aprendizaje de las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, desarrollo de nuevos modelos de participación ciudadana, etc.

Las nuevas ofertas han de ser significativas y relevantes para las personas.

En su hoja de ruta ha de estar presente el desarrollo de nuevos mecanismos para observar los cambios y las disrupciones cada vez más vertiginosos que ocurren en el mundo, y explorar las tendencias y los avances en la ciencia y tecnología, al objeto de  renovar permanentemente sus ofertas a la ciudadanía.

Para ello, han de escuchar recurrentemente las necesidades de la gente y ofrecer nuevas propuestas y soluciones, aunque esto suponga dejar de hacer muchas de las cosas que hacen ahora e intentar otras nuevas para adaptarse a la nueva realidad. Y para que puedan trabajar en esta senda hay que dotarlas de mayor flexibilidad y autonomía por parte de las propias administraciones que regulan sus funciones y financian sus actividades.

Dirigir la acción y participación ciudadana hacia cuestiones prácticas para resintonizar con la sociedad.

La gran desazón en la que viven las organizaciones sociales y del tercer sector es que la gente no participa en los programas y actividades que llevan a cabo, incluso muchas de ellas confunden el objeto de la participación como un fin en sí mismo, cuando no es otra cosa que un medio para transformar la realidad.

Cuando la gente no participa, el problema no está en la gente, sino en la falta de atractivo de lo que se ofrece. Para volver a tener influencia y capacidad de convocatoria, hay que resintonizar con las necesidades, preocupaciones y aspiraciones emergentes. Cuando la gente no participa es porque lo que se le ofrece no le interesa.

Para volver a ser significativo hay que situarse en lo relevante y escuchar de manera dinámica lo que le preocupa a la gente, como pagar la factura de la luz, poder llegar a fin de mes, cuidar de sus familiares, la salud mental de los jóvenes, acceso al empleo, formación de calidad orientada al trabajo, nuevas formas de ocio….Y desde ahí ajustar las propuestas que se hacen a las nuevas necesidades para reconectar a las organizaciones con su público.

Es el momento en que las organizaciones se replanteen lo que llevan haciendo siempre, porque está claro que muchas cosas de las que hacen ahora no  funcionan. Si queremos resultados diferentes tenemos que intentar cosas nuevas. Ya no vale decir “esto lo hacemos así porque así se ha hecho siempre”.

Las premisas básicas para reflotarlas es que vuelvan a empatizar con la sociedad en torno a las preguntas que su público se formula de ellas: ¿Qué me puedes ofrecer? ¿En qué me puedes ayudar? ¿Yo soy importante para ti?. Ahora es el momento para pararse, repensarse y reinventarse en torno a éstas preguntas.

Una guía para reconquistar el poder y la influencia perdida.

De manera muy resumida, estos son los 7 pasos que sirven de base a nuestra innovación.

  1. Analizar el contexto, los nuevos desafíos y tendencias de la sociedad.
  2. Reflexionar sobre si las ofertas que se están realizando son satisfactorias con la nueva realidad.
  3. Elaborar una pequeña lista tentativa de nuevas propuestas que podrían casar mejor con las necesidades de las personas usuarias de la organización.
  4. Preguntar a las personas usuarias (clientes) porqué no les interesa participar en las actividades que oferta la organización y cuáles son sus necesidades y preocupaciones.
  5. Diseñar nuevos programas y actividades con las personas que van a participar y ser usuarias de las mismas. A veces este ejercicio es complejo porque implica también un trabajo de articulación y sintonización, por lo que se puede utilizar la lista elaborada con anterioridad.
  6. Desarrollo de acciones piloto. Sin que la organización deje de hacer lo que viene haciendo, poner en marcha nuevas actividades experimentales, invitando a las personas a la nueva actividad y  convocándolas a la acción, a hacer una cosa concreta para resolver un problema en la práctica. Los cambios ocurren en pequeños oasis. Si pretendemos transformar la organización de manera abrupta no funcionará, el cambio hay que hacerlo poco a poco, poniendo semillas, diseñando acciones nuevas a microescala para que capilaricen y permeen lentamente, haciendo visibles sus ventajas y prácticas a las personas de la organización y sus usuarias.
  7. Una vez que la innovación esté consolidada, podemos centrarnos en otra propuesta y proceder de la misma manera, transfiriendo los resultados al resto de la organización.
    La transformación en las organizaciones ocurre en los cambios de sus prácticas culturales, que una vez instaladas, si son eficaces, se contagian al resto por imitación.

Desarrollar líderes que impulsen el cambio.

Para reflotar nuestras organizaciones sociales y del tercer sector, necesitaremos formar a sus líderes y cuadros dirigentes para que puedan pilotar estos procesos. Todo intento de cambio será infructuoso sin unos líderes que encarnen las nuevas prácticas.

En un mundo volátil en constante cambio y transformación, las organizaciones tienen que convertirse en flexibles, adaptándose de manera permanente a las nuevas necesidades, desde una reflexión/acción/innovación en torno a  estas tres preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Quiénes queremos llegar a ser? ¿Qué oferta podemos ser para los demás?

Desarrollo de 15 competencias para transformar las organizaciones.

Para trabajar el cambio es necesario la incorporación de una serie de prácticas nuevas entre el personal y los trabajadores de las organizaciones que hagan posible reconectar con su público y renovar permanentemente sus ofertas, todo lo cual se puede trabajar desde  los 6 Dominios y 9 Niveles de excelencia del Modelo 6-9 (escuchar, declarar, afirmar, enjuiciar, pedir, prometer, dirección, relaciones internas, relaciones externas, trabajo, aprendizaje, renovación, emocionalidad, planificación y evaluación).

Aprender a trabajar de manera flexible y a reinventarse de manera permanente para convocar a las personas y ponerlas a trabajar juntas.

Comprometerse con el cambio y las necesidades de los demás nos exige un ejercicio de esfuerzo, escucha y aprendizaje permanente incompatible con la permanencia en nuestra zona de confort. 

Por ejemplo, una organización que lleva realizando las mismas actividades desde hace décadas para sus usuarios (en función de unas necesidades del pasado que no han sido revisadas), podría llevarse una sorpresa al preguntar a los mismos por sus necesidades actuales.

Posiblemente la respuesta podría ser que su preocupación actual es el encarecimiento del recibo de la luz. Si esta organización es inteligente, ahí encontrará un tesoro, porque podrá liderar una estrategia de participación ciudadana para promover una comunidad energética, orientando sus actividades de participación en torno a ese tema, ofreciendo formación en consecuencia, llevando a cabo acciones de sensibilización, buscando las alianzas y recursos financieros, etc.

El camino a la participación se abre desde la convocatoria a la acción en torno a la realización de cosas prácticas que solucionen un problema. Se trata de dar poder a la gente para que sea protagonista de su futuro, sintiendo que forman parte de un selecto club con capacidad de decisión e influencia.

Un nuevo Libro Blanco para las organizaciones sociales y del tercer sector. 

Sin duda, el tercer sector necesita un nuevo Libro Blanco que marque su camino al futuro en torno a sus grandes desafíos (cambio permanente de las necesidades, reducción de los presupuestos públicos, cambios permanentes en las prioridades sociales, dependencia y debilidad financiera, falta de estrategia y planificación a largo plazo, falta de una visión y misión compartida des por las entidades, competencia entre entidades, pelea permanente por los usuarios, ausencia de especialización y trabajo colaborativo y en red, especialización inteligente, la participación y la movilización social…).  Un ejemplo en el que se puede inspirar es el Libro Blanco de las Universidades Populares.

Libro Blanco de las Universidades Populares – FEUP

El objeto último de las organizaciones sociales y del tercer sector es la transformación social haciéndose cargo de las necesidades y preocupaciones de la gente. Si no pueden cumplir ese fin, deberían refundarse o disolverse y dejar paso a otras.

Adelante!!!

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