¡No mires arriba!

Por Urbano García, Juan Carlos Casco y ChatGPT.

Dos astrónomos descubren que un meteorito va a chocar con la Tierra. Ante la inminencia del impacto y la destrucción total, las autoridades optan por pedir a la gente que ignore la catástrofe y no mire al firmamento. Este argumento de la película “¡No mires arriba!”, aunque parodia sutil no es sino símil de lo que está ocurriendo en el final de este 2022 ante los avances de la llegada de la Cuarta Revolución Industrial (sobre todo en inteligencia artificial o robótica).

Es justo ahora, en plena “IARRUPCIÓN” cuando instituciones educativas, viejas corporaciones y refractarios al cambio nos piden que demos la espalda a este tsunami, sigamos remando en nuestra pequeña barca analógica de remos, desechemos los utensilios digitales y neguemos la evidencia de lo que se avecina.

2022, la “IArrupción”.

A los humanistas tecno-optimistas no nos fascina la tecnología per se, sino las nuevas posibilidades que esa tecnología nos ofrece. Desde el verano de 2022 han irrumpido nuevas herramientas de inteligencia artificial al servicio del creador de contenidos, bien para complementar a la ausencia de musas inspiradoras o bien para sustituirlas, directamente.

A estas alturas ya deben saber que han surgido IAS disruptivas en imagen generativa (como Dall-E 2 / Midjourney o StableDiffusion) que han volteado nuestro concepto de lo que es o no creatividad. 

Pero no se preocupen, nuestro cerebro sigue siendo la máquina más compleja que existe, aunque nada ni nadie pueden impedir que surjan otros sistemas equiparables o superiores en complejidad o desempeño. De igual manera que estas herramientas nos permiten convertir texto en imágenes, otras facilitan el paso de texto a vídeo, de texto a audio, de texto a texto, de texto a movimiento, de imagen a texto, de audio a texto, de audio a audio, de cerebro a texto, de visuales a anuncios, de texto a código, de texto a 3D o de texto a NFT. 

Todas las novedades descritas comparten dos características: nos resultan muy sorprendentes/llamativas y andan aún en pañales, recién nacidas, por lo que estamos en los albores de la gran mutación.

La joya en la corona disruptiva, desde comienzos de diciembre, es ChatGPT, difundida por OpenAI, con una capacidad desconocida para “razonar”, escribir código, responder a preguntas, redactar textos… pero también generar una aplicación desde cero o completar artículos-capítulos-libros-series. Vale, que no tiene conciencia de sí misma, pero argumenta y desborda más coherencia, lógica y sentido común que muchos individuos.

A media que la IA avanza en tareas que antes solo eran realizadas por seres humanos, es importante recordar que esta tecnología debe ser desarrollada de manera ética y en beneficio de toda la sociedad. Debemos ser conscientes de sus posibles efectos en nuestra vida diaria y trabajar juntos para asegurarnos de que su desarrollo sea positivo y no nos perjudique a largo plazo. Es fundamental continuar investigando y desarrollando la IA de manera responsable y cuidadosa para afianzar que su impacto en nuestras vidas sea beneficioso.

El cambio va mucho más lento de lo que quieren sus defensores y mucho más rápido de lo que temen sus detractores. Con todo, lo preocupante no es que las máquinas piensen como las personas, sino que las personas piensen como las máquinas.

Impacto de la IA en la educación y el papel del profesor.

La IA está comenzando a tener un impacto significativo en la educación y está cambiando la forma en que se enseña y se aprende, pudiendo ayudar a personalizar la educación de cada estudiante y proporcionar una retroalimentación en tiempo real para mejorar el rendimiento académico. Sin embargo, también existen preocupaciones sobre el papel del profesor en un mundo cada vez más dominado por la IA.

A medida que se desarrolle y se utilice cada vez más en la educación, es probable que cambie el papel del profesor. En lugar de ser el principal proveedor de información y guía para el aprendizaje, los profesores pueden convertirse en facilitadores y mentores que ayuden a los estudiantes a utilizar la tecnología de IA de manera efectiva y a aprender a pensar críticamente. Esto requerirá que adquieran nuevas habilidades y se adapten a un entorno educativo en constante cambio.

El impacto de la Inteligencia artificial en los medios de comunicación tradicionales

A los medios de comunicación, que ya deambulaban por el filo del abismo de la irrelevancia, se les avecina el meteorito que puede acabar con su existencia. Y ahí siguen, tan tranquilos, sin mirar hacia arriba. Ya temblones ante la nueva Economía de los Creadores de Contenidos, ahora temen perder el tradicional papel de intermediarios que se les otorgaba.  

Y es que, empoderada por la tecnología, la ciudadanía/audiencia ha decidido saltar por encima de los intermediarios, crear comunidades de fascinación en torno a un interés común y generar la autocomunicación de masas que sustituya a los medios de masas preexistentes.

Como afirma Mauricio Cabrera, con ChatGPT llega el sueño del contenido infinito a la carta. O lo que es lo mismo, la pesadilla de los creadores.

Es cierto que, con la tecnología actual, cualquier persona puede producir contenido o documentar hechos noticiosos con un smartphone. Sin embargo, ser un buen periodista va más allá de, simplemente, tener acceso a la tecnología necesaria. Un buen periodista debe tener habilidades como el razonamiento crítico, la investigación, la comunicación y la ética para poder producir contenido de calidad. La IA puede ayudar a los periodistas en su trabajo, pero no puede reemplazarlos completamente.

En ese contexto, siempre habrá quienes no puedan, no quieran o no sepan generar contenido. Pero, a todos ellos, incluso en sus momentos menos productivos, les bastará con dar unas instrucciones a la Inteligencia Artificial y que ésta arranque su trabajo. Ahí llega la pregunta, ¿el resultado final será propiedad del creador o de la IA que lo ha generado? . Derechos de autor y propiedad intelectual serán algunos de los grandes debates.

No hay duda de que estamos en el momento de la Inteligencia Artificial. Están sucediendo demasiadas cosas, y de forma visible, como para ignorarlas o no pensar acerca de ellas: ha llegado una nueva era en la producción de contenido en la que hay herramientas que escriben, o generan imágenes a partir de textos, como si fueran personas. De modo que nuestros rivales en la generación de contenidos ya no son -solamente- otros generadores, sino las máquinas en sí. Para diferenciarnos, nos quedan nuestros rasgos más humanos: empatía, inteligencia emocional, asertividad, emoción, originalidad.

El trabajo de los medios se volverá más oscuro. Ser curador de contenidos que generan otros, editor de la propia inteligencia artificial, corrector de tipografías ajenas.

Los comunicadores estamos en ese momento lúdico y divertido que propicia escribir un par de párrafos y que una máquina complete el resto del artículo. Pero detrás viene la reflexión y el propósito de todo un conjunto de medios “legacy” y profesionales a la antigua usanza que ven desmoronarse los cimientos de su apoltronado status. O nos adaptamos o morimos. Pero nos da pereza (y miedo) asomarnos al precipicio de entregar nuestra alma creativa a un artilugio y tener la obligación de entendernos y complementarnos con él. Seguimos viendo en la IA más una amenaza que una oportunidad. No nos queda otra que ser más integrados que apocalípticos.

El impacto de la Inteligencia Artificial en el empleo.

Andábamos pseudoconfiados en que la Inteligencia Artificial y la Robótica “sólo” iban a asumir trabajos mecánicos, rutinarios y repetitivos. Generalmente, relacionados con lo físico. Es más, hasta ahora, cada mejora tecnológica se vinculaba (casi exclusivamente) a esos ámbitos.

Es cierto que la IA y la robótica están cambiando la forma en que realizamos nuestro trabajo, y es posible que en el futuro veamos desaparecer algunos trabajos y transformarse otros de manera radical. Sin embargo, es difícil predecir exactamente cómo será el mundo laboral en 20 años, ya que dependerá de muchos factores que aún desconocemos. Lo que sí sabemos es que debemos estar preparados para adaptarnos al cambio y buscar nuevas oportunidades en un mundo en constante evolución.

Ahora descubrimos que las IAS realizan, automáticamente y por primera vez, tareas vinculadas a la creatividad, al razonamiento, a la argumentación, a la reflexión, a la deducción. Ejemplo: ChatGPT.

Ante este cambio de paradigma vuelve la división entre apocalípticos e integrados que ya planteó Umberto Eco. Los primeros son negacionistas y auguran el oscuro futuro del ser humano. Los segundos tienen la capacidad de interpretar que estamos ante algo más que un mero motor de búsqueda -tipo Google- y nos enfrentamos a un instrumento de gestión del conocimiento que puede arrasar con las webs y propulsores de pesquisas tradicionales.

Pues eso, que quien hoy es un niño, en 20 años trabajará en una labor que aún desconocemos y de una forma radicalmente diferente a como lo hacemos en la actualidad. Muchos trabajos van a desaparecer y otros a transformarse a ultranza. Es posible, incluso, que las profesiones que persistan en el tiempo -en contra de lo creído hasta ahora- sean las más alejadas de la tecnología y el software. Justo las que llevan implícito mayor trabajo físico.  Para algunos, en 50 años puede que no sea necesario que los humanos trabajen, debido a la alta generación de valor propiciada por los avances. En esa situación, para otros, se impondría una especie de Renta Básica Universal y estaría en cuestionamiento el encaje y el sentido de la raza humana en el futuro, con todo lo que conlleva este apunte desde los prismas social y político.

Se habla, incluso, de que muchas de las profesiones del futuro serán aquellas encargadas de recrear el pasado y apelarán a la nostalgia. Vamos, unos Revival Jobs.

Pero seamos prácticos. Ocupaciones que tengan que ver con el cómputo, la observación de patrones, tendencias, predicciones, analítica… pueden ser, directamente, automatizadas por una IA especializada. Labores relacionadas con las artes visuales y la creatividad, como el diseño gráfico o la ilustración serán complementados con IAs capaces de generar ideas y resultados aproximados. Trabajos vinculados con el código y la programación serán suplementados con IAs capaces de darnos documentación, depuración, respuestas y fragmentos de código. Esto hay que asumirlo, sí o sí.

Otros trabajos que requieren un alto grado de destreza y habilidades manuales, realizados por profesionales como electricistas, albañiles, fontaneros, mecánicos, montadores… estos no pueden ser reemplazados por IAS, al menos a corto plazo, hasta que se produzca la hibridación de la IA y la robótica.

Ante este panorama, hemos de ser flexibles, actuar en entornos de gran incertidumbre, fomentar el trabajo en equipo, la creatividad y el liderazgo, la responsabilidad…es decir, que las llamadas “soft skills” o habilidades blandas serán más importantes que las competencias técnicas y las digitales juntas.

Disrupción, cambio y resistencia.

En este momento, como en otros de cambios radicales ocurridos a lo largo de la historia de la humanidad, habrá grandes movimientos que se opongan al progreso. Y no se trata de sacralizar lo nuevo ni repudiarlo, porque toda irrupción trae oportunidades y problemas. Es cuestión de trabajar en beneficio del ser humano, incorporando sus ventajas y minimizando los riesgos.

En todo caso, lo que no podemos hacer es mirar para otro lado, porque lo que está ocurriendo va a transformar nuestro mundo en los próximos años, en todos los ámbitos y facetas de nuestras vidas (educación, trabajo, empleo, cultura, economía, salud, ocio…). Y esto nos exige un cambio de paradigma y esquemas mentales, en definitiva, convertirnos en nuevos seres para habitar un nuevo mundo.

Igual que DiCaprio vivió en la ficción el hundimiento del Titanic mientras su orquesta tocaba ajena a la tragedia, o la destrucción del planeta por un meteorito mientras el público miraba para otro lado. Esperemos que no tenga que protagonizar otro argumento cinematográfico de pesadilla en el que la sociedad actual no supo ver el tsunami de la Inteligencia Artificial.

Adelante!!!

*Nota: este artículo que firmamos Urbano García y Juan Carlos Casco, no solo lo hemos elaborado los dos. Una parte ha sido generada por ChatGPT, adivinen qué parte es.

Urbano García Alonso es Director de Innovación y Digital de RTVE.

5 comentarios en “¡No mires arriba!

  1. Juan Manuel

    No está nada mal , si no habéis corregido a IA , pues parece que a menudo repite o usa de forma reiterada el mismo concepto en párrafos cercanos , tales como importante u otros similares de uso común , diría que la parte referida a educación y el nuevo papel del profesor es de IA , ya me dirás , abrazo
    Nota. Es divertido .

    Responder
    1. Jua Carlos

      Hola Juan Manuel, efectivamente ChatGPT nos ha escrito cosas sobre educación en el artículo. Entendemos que toda nueva tecnología es un proceso escalable y de mejora continua. Lo de menos ahora es los errores que pueda cometer. Lo importante es el cambio de paradigma que introduce. Un fuerte abrazo y Adelante!!!

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  2. Quim Marqués

    Muy adecuado, e innovador, que la autoría incluya también ChatGPT, un software de inteligencia artificial. Algunas redacciones, cuando utilizan periodistas-robot (en realidad programas informáticos capaces de crear noticias), ya firman con el nombre del ‘robot’. Heliograf en The Washington Post, o Quakebot en Los Angeles Times.

    Responder
    1. Jua Carlos

      Hola Quim!
      Creemos que muy pronto asistiremos a un boom de contenido híbrido entre IA e inteligencia humana. Habrá debate en torno a todo esto. Seguro que aparecerán millones de textos y libros generados por IA. Y con ello, acalorados y apasionados debates propios de los cambios de época.

      Un fuerte abrazo y Adelante!!!

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