Liderazgo y felicidad.

El diseño de un nuevo liderazgo para conducirnos a la felicidad.

liderazgo

¿Para qué sirve el liderazgo?
El liderazgo solo tiene sentido si trabaja para conducir al ser humano a la felicidad en la doble vertiente individual y colectiva. El objetivo con mayúsculas de la vida es ser feliz, y el liderazgo puede llegar a ser una palanca esencial para elevar al ser humano a su plenitud.

¿Y qué es la felicidad?
Desde las primeras civilizaciones, la felicidad ha estado en el epicentro del pensamiento y la acción humana. Para Aristóteles constituía el objetivo entre objetivos. Epicuro señala a la filosofía como forma de alcanzar la felicidad a través de la autonomía personal y la tranquilidad emocional (autarkeia y ataraxia), neutralizando el miedo como elemento que atenaza al ser humano en sus cuatro manifestaciones (miedo a los dioses, miedo a la muerte, miedo al sufrimiento y miedo al fracaso).

Desde la antigüedad el debate sobre la felicidad ha estado relacionado con el placer y su satisfacción. La corriente del hedonismo que propugnaba la felicidad a través de la búsqueda y exposición inmediata y repetitiva al placer se ha abierto paso hasta nuestros días, adueñándose de la agenda pública y privada.

 ¿Las condiciones para la felicidad están dentro o fuera del ser?
¿La felicidad se debe a factores externos? Por ejemplo a la posesión de bienes materiales, o por el contrario está en el interior de la persona ¿Está en el gozo interior o en la exposición a estímulos externos?

Estuviere donde fuere, en todo caso marca las dos grandes corrientes  culturales y de pensamiento del mundo. y por ende la influencia sobre el resto de facetas y manifestaciones del ser humano que quedan sujetas a una u otra agenda.

Los modelos de liderazgo no son ajenos a la tradición cultural en la que surgen, en la nuestra en concreto, el patrón de liderazgo funciona como las neuronas espejo, conectado con las demandas de satisfacción de los anhelos y aspiraciones materiales y  basado en los factores externos de exposición al placer. Sus resultados se ven reflejados en un perfil mediocre de liderazgo en la empresa, la política, la cultura…. La calidad del liderazgo es fiel reflejo de la calidad humana que lo sustenta, porque en realidad es una expresión de los valores colectivos ¿Qué liderazgo se puede esperar de una sociedad cuya aspiración colectiva es la satisfacción inmediata y sin contemplaciones de sus deseos?

Demostrado está que el índice de felicidad no se corresponde con el PIB, la renta per cápita y otros indicadores de consumo y capital. La desmoralización colectiva, el suicidio y la depresión habitan entre la opulencia.

Necesitamos un liderazgo transformacional que nos ayude a desarrollar otras formas de realización individual y colectiva, y no se trata de esperar la llegada de ningún mesías, es más bien un cambio de valores y principios que lo sustentan, simplemente porque los actuales no crean las condiciones de un mundo más feliz.

Cambiar por dentro  (transformación interior) y cambiar las condiciones externas (transformar el mundo).
El énfasis en las condiciones exógenas para la felicidad contrasta con la tradición oriental que lo pone en el interior del ser. Ambas coinciden en que la condición de la mente humana es similar a un mono inquieto, el cerebro es un torrente agotador de pensamientos e interpelaciones, se comporta como un niño egoísta, arbitrario y pedigüeño. La actitud hedonista de nuestro mundo occidental trabaja para darle al niño lo que pide en cada momento, mientras que la tradición oriental trata de apaciguarle.

¿Cómo proyectar el liderazgo? ¿Escuchando y satisfaciendo con rapidez las emociones y los deseos? ¿Entrenando la mente para disolverlos? Las respuestas a éstas preguntas están en relación al lugar donde ubicamos la fuente de la felicidad: las condiciones externas o el interior del ser.

El liderazgo que requieren los desafíos actuales de la humanidad ha de conjugar ambas facetas. Por un lado, trabajar la dimensión interior del ser humano para poner el control de la felicidad en uno mismo, y por otro, transformar el entorno para que las personas alcancen un nivel de desarrollo material que les permita  vivir con dignidad. Tender un puente entre oriente y occidente para conciliar estas dos posturas en torno a un estilo de dirección humana (liderazgo) que armonice la acción transformadora del mundo con la dimensión contemplativa.

Yo lidero mi vida. Yo participo en el liderazgo de mi comunidad.
En esta lógica, el liderazgo pasa a ser una actividad más de cada persona, una dimensión más del aprendizaje a lo largo de la vida. Estamos  rompiendo con un entendimiento desgastado del liderazgo para que cada individuo lo ponga en práctica y lo cultive en el día a día de su existencia, primero para aprender la difícil tarea de conducirse a uno mismo y alcanzar la necesaria paz interior y luego para responsabilizarse en las tareas de la comunidad.

Concedamos una oportunidad al liderazgo.
Lo que parece claro es que el desarrollo material, como hipótesis de trabajo y hoja de ruta para alcanzar la felicidad ha sufrido una derrota sin paliativos. Tampoco nos han salvado los avances científicos y del conocimiento (epistemología), toda una civilización con una tradición de más de 25 siglos no ha logrado una agenda para la felicidad. Por otro lado las religiones con implantación en occidente, pese a sus raíces humanistas y filantrópicas, han sido el mayor agente de destrucción e infelicidad jamás conocido, auténticos buques insignia de la guerra, el genocidio y el odio.

Ante este panorama desalentador tenemos que conceder una oportunidad al liderazgo sustentado en tres fundamentos: coliderazgo (dotar de capacidades para liderar al conjunto de la sociedad para que lo ejerzan al menos en una faceta de su vida), revolución interior (alcanzar el control personal buscando la plenitud dentro de uno mismo), y transformación (cambiar las condiciones del entorno para apalancar la felicidad desde el bienestar colectivo).

Desarrollemos nuevos líderes que ayuden a la introspección.
La felicidad se alcanza cuando el ser hace una inmersión en su interior y se conecta con su pasión, cuando descubrimos nuestro medio, aquello en lo que nos encontramos realizados, cuando nos conectamos a “lo divino”. Necesitamos líderes especialistas en conectar a las personas consigo mismas para que descubran su potencial y lo desarrollen. Ayudemos a descubrir las vocaciones individuales y cambiaremos las vidas de las personas.

Desarrollemos nuevos líderes que ayuden a descubrir los principios.
Si tienes claros tus principios es muy fácil saber lo que tienes que hacer en cada momento. A menudo confundimos los términos principios y valores. Los primeros son universales y están presentes en las culturas y tradiciones milenarias (filantropía, compasión, libertad, solidaridad…), los valores tienen un carácter más residual y temporal (el nazismo también estaba sustentado en valores). Necesitamos líderes que nos conecten con los principios fundamentales y ayuden a la comunidad a conducirse por ellos.

Desarrollemos nuevos líderes que nos ayuden a entender el universo y al ser humano como un todo.
Como es adentro es afuera, como es arriba es abajo. Basta una mirada a lo más grande (universo) y a lo más pequeño (átomo) para entender que todas las cosas pertenecen a una misma realidad (no hay entes aislados). Epicuro señalaba que el átomo es la unidad que todo lo forma, una persona es una extremidad minúscula y constitutiva de un cuerpo que se llama humanidad. El ser humano no es una realidad individual, formamos parte de un todo y estamos interconectados por profundos vínculos en principio invisibles (atómicos y subatómicos). No podemos alcanzar la felicidad por separado, individualmente podemos sentir por momentos una vaga sensación o alucinación de felicidad pero no es nada más que un espejismo. Nadie puede alcanzar felicidad duradera entre miseria e injusticia. La búsqueda de la felicidad individual sólo es un acto reflejo de inseguridad ante la exposición a los miedos epicúreos. Necesitamos líderes que trabajen desde una visión social del ser humano en aras a la felicidad universal.

Desarrollemos líderes que ayuden a encontrar dirección y sentido en la vida de los individuos y su comunidad.
Igual que no hay viento favorable para el que no sabe a dónde va, no hay realización ni felicidad duradera para la persona que no tiene marcada la hoja de ruta de su vida. La felicidad precisa de un sentido de la acción y de una dirección para el disfrute del camino a recorrer, que va más allá de coronar la meta (la felicidad está en el camino aunque se necesita la referencia del punto de llegada). Necesitamos líderes que ayuden a las personas a buscar sentido en sus vidas desde el respeto a la libertad individual, y a la vez dar sentido de dirección trascendente a las comunidades.

Concedamos una oportunidad para un nuevo liderazgo enfocado en el objetivo global de la felicidad humana.

Un pensamiento en “Liderazgo y felicidad.

  1. Pingback: El camino de la felicidad. | El blog de Juan Carlos Casco

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