
RESUMEN DEL ARTÍCULO
Llevo años defendiendo la Inteligencia Artificial para desarrollar el talento, crear riqueza y mejorar nuestras vidas. Cuanto más trabajo con ella, más creo en sus posibilidades. Pero también me preocupa que estemos dando por seguros unos beneficios que todavía no existen.
Cuando hablo con mi hija Claudia sobre los mercados, coincidimos en ese peligro. La experiencia de las puntocom nos dejó una lección: Internet transformó el mundo, pero muchas empresas que prometían enriquecernos desaparecieron.
Hoy las inversiones en IA alcanzan a la energía, la industria y millones de negocios en todo el mundo. Un pinchazo podría golpear a trabajadores y ahorradores que nunca participaron en esta carrera.
Me niego a aceptar que necesitemos una tragedia para reaccionar. Quiero que sigamos investigando, emprendiendo y creando oportunidades. También que los gobiernos exijan seguridad, vigilen los riesgos financieros y cooperen para proteger nuestro futuro.
La grandeza de esta revolución se medirá por su capacidad para mejorar la vida de las personas.
Aunque solo hubiera una bala en el revólver, ¿apretaría usted el gatillo apuntando a su familia?
Yo, desde luego, no.
Adelante!!!
ARTÍCULO COMPLETO
Llevo años defendiendo las posibilidades de la Inteligencia Artificial para desarrollar el talento, crear economía y mejorar nuestras vidas. Cuanto más trabajo con ella, más convencido estoy de su poder transformador. Y también me inquieta que estemos levantando a su alrededor una burbuja bursátil basada en expectativas financieras que no se corresponden con ingresos reales. Una preocupación que comparte el FMI, cuya directora, Kristalina Georgieva, ha advertido recientemente sobre el riesgo de una corrección bursátil vinculada a la IA.
La mayor inversión financiera de la historia en torno a la IA
Cuando hablo cada semana con mi hija Claudia sobre la evolución de los mercados y la marcha del fondo de inversión que gestiona, de las pocas cosas en las que coincidimos a la primera es en el peligro del calentamiento de las bolsas con la IA de fondo. Ella lo ve desde las cuentas de resultados de las empresas y el análisis de los movimientos geopolíticos en torno a la carrera por su dominio; yo, desde los cambios que estamos viviendo al trabajar en mi empresa con esta tecnología.
Las cantidades que se están comprometiendo desbordan nuestra capacidad para imaginarlas. El FMI recoge previsiones de inversión relacionada con la IA de 3,4 billones de dólares hasta 2029. La Unión Europea anunció su intención de movilizar 200.000 millones de euros mediante InvestAI. Son un botón de muestra de las inversiones previstas, pero dan una idea de la dimensión de la apuesta.
Ante la mayor movilización de capitales e inversión financiera de la historia, lo que me pregunto es cuántos beneficios estamos dando por seguros antes de que se produzcan.
La experiencia de otras burbujas bursátiles producidas en otros momentos de la historia
Tengo 62 años y no pude vivir el crac de 1929, pero en mi vida he conocido las crisis del petróleo, el lunes negro de 1987, las crisis asiáticas, el desplome de las puntocom, la debacle financiera de 2008, la crisis de deuda europea y la pandemia. Acontecimientos diferentes que me han enseñado hasta qué punto podemos pasar de la confianza al miedo en una fracción insignificante de tiempo.
La experiencia de las puntocom resulta especialmente esclarecedora por sus características y paralelismo. Internet cambió el mundo, pero muchas empresas que prometían enriquecernos con aquella revolución quebraron y desaparecieron. La transformación era cierta. Los beneficios que se daban por descontados, no.
El economista Hyman Minsky explicó cómo los periodos de prosperidad pueden alimentar una confianza excesiva y un apetito inversor dispuesto a asumir un riesgo creciente. Cuando leo sus trabajos, encuentro motivos para observar con preocupación lo que está ocurriendo.
No sabemos con certeza si una crisis de la IA sería más profunda que las anteriores. Dependerá, entre otras cosas, de cuánto dinero prestado haya detrás y de quién tenga que responder cuando los balances no casen con las expectativas.
Las alarmas que nos hacen pensar en la posibilidad elevada de una crisis
Desde mi entender, la principal alerta está en la gran brecha entre el dinero que se invierte y los ingresos necesarios para recuperarlo. La carrera sin frenos en la que estamos inmersos exige quemar hoy cantidades enormes de dinero para conseguir una posición dominante mañana. Pero todas las empresas no podrán ganar esa carrera, la contienda dejará una larga lista de ángeles caídos y un exiguo podio de campeones tecnológicos.
Tampoco sería riguroso decir que todo el sector pierde dinero: Nvidia obtiene beneficios extraordinarios. Lo que está por demostrar es que quienes compran sus equipos puedan recuperar sus inversiones con la misma facilidad.
Me preocupa, además, que unas empresas financien a otras que después se convierten en sus clientes. El FMI ha advertido del riesgo de contagio asociado a esas relaciones. Si una pieza falla, puede arrastrar a quienes invirtieron en ella, le prestaron dinero o contaban con sus compras.
Por muchos usuarios que tenga una aplicación, alguien tendrá que pagar la factura. Y todavía estamos averiguando quién, cuánto y durante cuánto tiempo.
Las inversiones en IA y sus implicaciones en otras industrias y sectores
La industria de la IA se extiende por los centros de datos, la fabricación de chips, la investigación, la producción de energía, las redes eléctricas y la construcción. Basta recordar que la Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos prácticamente se duplique entre 2025 y 2030.
Sin ir más lejos, desde la aparición de la IA generativa, nuestra empresa ha pasado de cero euros de facturación en productos y servicios relacionados con ella a superar el 75%. Este dato no es extrapolable, pero me permite entender desde dentro el cambio que estamos viviendo.
Claudia Casco lo explica desde otro ángulo en Artículo 14: los agentes de IA pueden alterar el negocio de las empresas de software que cobran por cada usuario. La misma tecnología que abre oportunidades está poniendo en cuestión las fuentes de ingresos de otros negocios.
Por eso creo que un pinchazo no quedaría restringido a las bolsas. Su contagio alcanzaría a millones de empresas que ya están organizando su producción alrededor de esta expansión, generando una onda expansiva descomunal.
Factores que pueden desatar el pánico
La economía tiene mucho de estado de ánimo. Lo aprendí cuando estudiaba historia económica en la universidad: cuando perdemos la confianza, dejamos de invertir, aplazamos decisiones y protegemos lo que tenemos. Akerlof y Shiller explicaron en Animal Spirits la importancia de esas emociones en el comportamiento económico.
Una noticia inesperada puede cambiarlo todo. Unos resultados decepcionantes, dificultades para conseguir financiación o una tecnología más barata pueden hacer tambalear valoraciones que parecían sólidas e incuestionables.
También puede hacerlo un incidente grave. Las restricciones estadounidenses a Mythos y Fable, seguidas de autorizaciones posteriores, mostraron que los riesgos de seguridad pueden provocar intervenciones bruscas sobre el negocio.
Los expertos plantean escenarios plausibles a corto plazo como ciberataques o creación de armas para una guerra biológica. Stuart Russell ha planteado recientemente si necesitaremos un accidente comparable a Chernóbil para reaccionar. A mí me cuesta aceptar que tengamos que esperar a una tragedia para hacer lo que ya sabemos que debemos hacer.
Cuanto más poderosa es una tecnología, mayores son sus posibilidades de crear riqueza y también los daños que puede causar.
El impacto que tendría en estos momentos un crack bursátil mundial en torno a la IA
Cuando pienso en las consecuencias, mi preocupación va mucho más allá de quienes compran y venden acciones. Pienso en los trabajadores, los ahorradores y las empresas que podrían sufrir una crisis que no han provocado.
El FMI estima que las inversiones tecnológicas relacionadas con la IA añadieron medio punto al crecimiento de Estados Unidos en 2025, aunque muchos expertos señalan que se quedan muy cortas. Su importancia económica real ayuda a entender las consecuencias de un frenazo.
Menos inversión significa menos pedidos, menos actividad y menos empleo. Si a ello se suman deudas ya contraídas que no pueden pagarse, las dificultades se extienden y una reacción destructiva en cadena parece inminente. No afirmo que ese desenlace sea inevitable. Digo que tenemos suficientes motivos para prepararnos y evitar que los beneficios sean privados y la factura termine llegando al conjunto de la sociedad, como aconteció en la crisis financiera de 2008.
La necesidad de una gobernanza global para la regulación de la IA
No sé a qué distancia estamos de una Inteligencia Artificial General ni si existe un punto a partir del cual perderíamos el control. Sí sé que debemos escuchar a quienes están estudiando y advirtiendo de ese peligro.
Geoffrey Hinton ha estimado entre un 10% y un 20% el riesgo de extinción humana por una IA descontrolada, reconociendo que se trata de una apreciación personal muy incierta. Yoshua Bengio insiste en los problemas de control que plantean sistemas cada vez más autónomos. Son advertencias que merecen una respuesta seria.
Defiendo que sigamos investigando, creando empresas y poniendo la IA al servicio de las personas. También que los gobiernos acuerden límites, exijan pruebas de seguridad y vigilen los riesgos financieros. La lucha por llegar primero no puede eximir a nadie de responder por sus actos y las consecuencias que desencadenan.
Cuando hablo de esto con mi hija, pienso en el futuro que estamos construyendo. Y hay una pregunta que no consigo apartar: aunque solo hubiera una bala en el revólver, ¿estaría usted dispuesto a apretar el gatillo apuntando a la cabeza de su familia?
Yo, desde luego, no.
Adelante!!!
Nota. Para profundizar más en el artículo, accede a los siguientes enlaces:
La IA está entrando en los cimientos de la economía. Por eso, una crisis en torno a sus inversiones podría extenderse al empleo, la producción y los ahorros de millones de personas.
Las posibilidades que anticipan los expertos explican el entusiasmo por la IA. Pero debemos distinguir entre el futuro que podemos construir y los beneficios que los mercados están dando por seguros antes de que lleguen.
Más productividad y más riqueza no garantizan una vida mejor para todos. Necesitamos una acción política que distribuya las oportunidades y evite que la sociedad termine pagando los excesos de quienes asumieron los riesgos.
La historia nos ayuda a comprender la magnitud del cambio que estamos viviendo. El potencial de la IA para multiplicar nuestras capacidades exige preparación y perspectiva, también para distinguir el progreso duradero del entusiasmo pasajero.
Una persona apoyada por agentes de IA podría competir con empresas enteras. Esa posibilidad explica las grandes expectativas, pero también amenaza ingresos y modelos de negocio sobre los que hoy descansan muchas inversiones.
La creación de nuevas actividades convivirá con la desaparición de empresas y profesiones. El progreso tecnológico puede traer costes humanos que debemos anticipar, especialmente si la transformación coincide con una crisis financiera.
Cruzar hacia la IA exige conocer las corrientes y preparar el camino. Dejarnos arrastrar por la euforia puede convertir una oportunidad extraordinaria en una travesía peligrosa para empresas, trabajadores y ahorradores.
