¿Quieres conspirar conmigo?

Se buscan conspiradores para un nuevo contrato social.  Los cambios de época como el actual no son tranquilos, vienen precedidos de un tsunami que afecta a todos los órdenes de la vida (políticos, sociales, legales, económicos, laborales…); preparémonos para vivir transformaciones de gran calado que removerán por completo los cimientos de la civilización en la que nacimos y crecimos. Vienen tiempos apasionantes y puedes vivirlos como actor y protagonista o como sufridor. Tú eliges.

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EL FIN DE UN CONTRATO SOCIAL Y EL NACIMIENTO DE UNO NUEVO.

Vivimos el final de un contrato social y nos dirigimos a otro nuevo.

La sociedad de cada época histórica se ha organizado en torno a un Estado, lo ha hecho mediante un acuerdo de sus miembros en el que se han repartido derechos y deberes.

La convivencia parte de la idea de que la inmensa mayoría de los miembros del grupo están de acuerdo con el contrato social, en virtud de lo cual admiten la existencia de una autoridad, de unas normas morales y de unas leyes a las que se someten.

El origen del contrato social según Rousseau es el siguiente: para vivir en sociedad, los seres humanos acuerdan un contrato social implícito que les otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad de la que dispondrían en estado de naturaleza. Siendo así, los derechos y los deberes de los individuos constituyen las cláusulas del contrato social, en tanto que el Estado es la entidad creada para hacerlo cumplir.

La sociedad puede cambiar los términos del contrato si así lo desean sus miembros, o algunos se lo proponen retando a la autoridad del Estado, que suele ser el más refractario al cambio. Por tanto, el ordenamiento social, y por ende, los derechos y los deberes no son inmutables (aunque para las personas que viven en el estado de cosas de una época así se lo parezca).

Actualmente, la sociedad comienza a removerse y replantearse el estado de cosas que había aceptado ante los cambios ocurridos en la economía, la tecnología, el empleo… Veamos esto con más profundidad desde una perspectiva histórica.

En los albores de un cambio histórico de grandes dimensiones.

Desde la teoría marxista, la infraestructura es la base material de la sociedad que determina la estructura social. La estructura social que define a una época histórica y su ordenamiento está definida por las fuerzas productivas y las relaciones de producción.

A partir de la infraestructura se configura la superestructura (conjunto de elementos de la vida social dependientes de la base o infraestructura): formas políticas, jurídicas, filosóficas, religiosas.

Infraestructura y superestructura definen las formas de organización de cada momento histórico (reglas que vinculan a sus miembros, y el modo de organizar la producción de bienes y servicios).

Es obvio que el terremoto que estamos viviendo en la infraestructura (revolución tecnológica y del conocimiento, globalización, deslocalización, desempleo….); va a traer cambios trascendentales en la superestructura (ordenamiento político, social, laboral…). Y además, vamos a asistir al espectáculo en vivo y en directo.

En cada época histórica la infraestructura y la superestructura resultante se han regulado en torno a un contrato social, que ha permanecido estable durante el tiempo que se han mantenido las condiciones productivas y las fuerzas de producción. Cuando cambia la infraestructura, cambia la superestructura, y en el momento actual asistimos a un cambio sin precedentes en la infraestructura, no necesitamos mucha imaginación para entender los cambios radicales  que se avecinan en la superestructura.

Una mirada a la historia para entender el tiempo presente.

En la Edad Media, bajo un modelo de producción agrario y artesanal, el contrato social establecía la división de tareas y los privilegios y deberes de la sociedad (oratores, bellatores y laboratores). Unos se dedicaban a producir los bienes y servicios, otros a defender al grupo y otros a rezar. Este orden pervivió durante siglos (de hecho aún conserva reminiscencias en la sociedad actual), creando una institucionalidad, unos estándares de autoridad y estilos de liderazgo.

Cuando la infraestructura que sostenía a la sociedad medieval se desmoronó, dio origen a la sociedad moderna con el nacimiento de los estados-nación, un nuevo ordenamiento político y legal.

La industrialización y los cambios profundos en la producción y el trabajo trajeron consigo un nuevo contrato social y con él, un nuevo orden político. La enorme transformación de la sociedad de la información y el conocimiento ha producido un cambio en el sistema productivo sin precedentes, sin embargo, seguimos con el mismo contrato social de la sociedad industrial. Y claro, esto genera una enorme tensión que quedará resuelta con un ordenamiento distinto al que conocemos ahora.

Los rasgos de la nueva economía y las transformaciones en la infraestructura.

De la producción en masa estamos entrando en la producción personalizada con la irrupción de una nueva generación de tecnologías TFE (nanotecnología, microelectrónica, nanoelectrónica, fotónica, materiales avanzados, biotecnología); que incide en una mayor producción con menos personas trabajando, la alteración de las  fuerzas productivas y relaciones de producción. Todo lo cual nos dirige hacia el fin del trabajo humano tal y como lo habíamos conocido hasta ahora (Rifkin).

Los rasgos definitorios de la nueva economía y la producción son la creatividad, la innovación, la flexibilidad, el emprendimiento, la innovación, la aceleración y el cambio. A los que se contraponen los estándares de una Era Industrial que vive sus últimos estertores.

LOS GRANDES TEMAS DEL NUEVO CONTRATO SOCIAL: GOBERNANZA, TRABAJO, EDUCACIÓN, MODELO ORGANIZACIONAL.

Los cambios trascendentales que nos aguardan en la superestructura. Una nueva gobernanza.

La gobernanza global. Los cambios en la infraestructura han volado por los aires los fundamentos del modelo de estado-nación como concepto de contrato social. La globalización arruina los planteamientos decimonónicos del ideal de Estado con el que entramos en la Historia Moderna. Las interconexiones mundiales de la economía y la sociedad hacen necesaria una nueva gobernanza superadora del estado-nación, que como en todo cambio histórico, cuenta con nostálgicos dispuestos a todo por mantener el orden antiguo. Nuevas formas de gobernanza y organización de los estados y las organizaciones globales surgirán para crear una superestructura acorde a los cambios que se están operando en la infraestructura.

La muerte del concepto histórico del trabajo.

Buena parte de las tensiones que se están generando y se generarán en el ecosistema humano antes de la creación de un nuevo contrato social, tendrán su origen en el trabajo.

El trabajo tiene una alta importancia y significado para el ser humano: fuente de realización personal, sentido de la contribución social, reconocimiento, autonomía …. En el trabajo se configura la identidad, se desarrolla la inteligencia humana… El trabajo ha sido fuente de seguridad y sentido de la existencia. El trabajo nos constituye como seres sociales dentro de la comunidad. Para el trabajo nos preparamos desde la niñez y la juventud, en el trabajo construimos nuestra vida adulta, y de los resultados del trabajo alcanzamos la recompensa de disfrutar de una vejez cómoda.

El problema es que la revolución científica y tecnológica, la globalización y la economía del conocimiento, han configurado un nuevo mundo que rompe con el entendimiento del trabajo humano, y con ello, todo el orden social fundamentado sobre el trabajo, se nos desordena de un plumazo.

El trabajo no sólo es importante por haber sido entendido como la forma de obtención de recursos para vivir con dignidad, sino que se ha convertido en el principal soporte para dar significado a la vida. Estamos hablando de una realidad multifocal  y compleja con innumerables derivas (económica, sociológica, sicológica, política, organizativa, metafísica ….). El trabajo forma parte del ADN humano, tanto es así que cualquier tensión en el sistema productivo que afecta al trabajo es fruto de innumerables conflictos. Baste recordar la reacción de los obreros en los albores de la Revolución Industrial cuando las máquinas comenzaron a sustituir a la mano de obra (ludismo), o el origen de muchas guerras.

El nuevo contrato social tendrá su principal caballo de batalla en el trabajo y su marco regulatorio, porque el mundo del trabajo que viene  se parecerá muy poco al actual (tiempos, roles, relaciones contractuales, formas de remuneración…). Preparémonos mentalmente para vivir el trabajo de otra manera porque no volveremos a la época en la que teníamos asegurado el trabajo de por vida.

La muerte de los sistemas educativos de la Era Industrial.

En función del trabajo y de la infraestructura que lo soportaba nos educamos y constituimos nuestros sistemas educativos, creamos nuestra cultura.

Tenemos una educación cuyos responsables se han atrincherado en las alturas de la superestructura, y haciendo gala de un fundamentalismo trasnochado están impidiendo que las oportunidades del nuevo tiempo lleguen a la sociedad.

Vivimos en el siglo XXI con una educación instalada en el paradigma del siglo XIX que prepara a las personas para trabajar en la economía del siglo XX.

Nuestros sistemas educativos han de ser creados de nuevo, levantados desde un nuevo paradigma coherente con el nuevo contrato social (http://juancarloscasco.emprendedorex.com/construyendo-la-educacion-del-futuro-te-sumas/)

Cambios del modelo organizacional.

Cambio en los modelos de liderazgo, dirección y gerencia (management) de las personas y las organizaciones (económicas y productivas, sociales, políticas, religiosas…). Cuando cambia la infraestructura el modelo de gobierno de las organizaciones se torna obsoleto. Ante la amenaza del cambio, los modelos de poder y autoridad se enrocan y luchan por mantenerse, algunas instituciones y organizaciones residuales conservan su cultura y estatus, pero la inmensa mayoría, si no se adaptan, terminan desapareciendo.

Las organizaciones que quieran mantenerse vivas, y esto incluye a empresas y organizaciones de todo tipo, deberán aprender unas nuevas prácticas de liderazgo, dirección y gerencia. No es posible la adaptación al cambio sin adecuar la “sala de máquinas” de la organización. Esto también afecta al ser humano individual y sus formas de dirigirse y relacionarse con el mundo.

LOS CAMBIOS DE PODER SUBYACENTES EN EL NUEVO CONTRATO SOCIAL.

¿De qué cambios te vas a hacer cargo?

Los cambios de época crean grandes vacíos de poder, mueren economías, empresas, organizaciones… Y generan espacios para que se creen otras nuevas. Las personas que aspiran a protagonizar y liderar cambios se hacen presentes en estas aguas revueltas. De estas personas dispuestas surge el futuro, ellas van configurando las reglas del nuevo contrato social.

Vives el mejor momento de la historia para hacer cosas importantes, pero si quieres hacerlas necesitarás enfrentar la tradición y a las moribundas instituciones que se aferran hasta la extenuación por mantener vivo el tiempo pasado.

El momento de abordar los grandes temas.

La antigua institucionalidad acotó lo que era posible hacer y lo que no, lo que era lícito. La evolución social y los grandes logros históricos se consiguieron porque una persona retó a la institucionalidad. No te cortes, identifica los grandes temas y hazte presente, tienes tanta autoridad para abordarlos como el que más. Crea equipos, reúnete, conspira, plantea cambios y llévalos a cabo. Si no, otros lo harán por ti.

EL APRENDIZAJE DE NUEVAS COMPETENCIAS.

El nuevo contrato social nos lleva a un mundo nuevo, y para habitarlo necesitamos nuevas competencias que necesitamos adquirir cuanto antes para ocupar los millones de espacios de poder y de acción que quedan libres.

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Los 6 Dominios: escuchar, declarar, afirmar, enjuiciar, pedir, prometer.

Los  9 Niveles de excelencia: dirección, relaciones internas, relaciones externas, trabajo, aprendizaje, renovación, emocionalidad, planificación y evaluación.

Es fácil saber cuando estamos en la antesala de un tiempo nuevo porque todo comienza a removerse, aparece el tufo de lo viejo, todo se pone en crisis, las personas comienzan a cuestionarse las bases del contrato social, la institucionalidad reinante pierde su glamour, la tradición comienza a ser retada desde diferentes frentes, la gente comienza a cuestionar el poder y la autoridad, a medida que la autoridad del Estado se debilita. Las normas y costumbres sociales se alteran, las personas se desentienden de las formas tradicionales de representación política y dejan de sentirse representadas por sus instituciones …. ¿Te suena?

El futuro está por escribir. Tú eliges el rol que vas a jugar.

Son buenos tiempos para conspirar (ponerse de acuerdo con otros para hacer buenas cosas). ¿Y tú en qué campo vas a conspirar?

Adelante!!!

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