Diseño y seducción.

Te propongo un pequeño juego. Cuando acabes de leer este párrafo levanta la mirada de estas letras y mira a tu alrededor con atención durante un minuto más o menos.

Venga, va…

¡Estupendo, muchas gracias por colaborar en dar un poco de dinamismo a este artículo!

Ahora te hago un par de preguntas: ¿cuántos de los elementos que hay en el espacio en el que te encuentras recuerdas?¿por qué crees recuerdas esos elementos, y no otros?

¿Tienes la respuesta? Yo me la voy a jugar y voy a darte mi opinión. Puedo equivocarme, claro, pero estoy casi seguro que aquellos elementos que han permanecido en tu memoria fueron diseñados para eso, para llamar la atención, para destacar frente a otros. De hecho si esos elementos están en tu casa es porque, en algún momento, ganaron la batalla frente a otros artículos similares y consiguieron meterse (o que decidieses meterlos) en tu bolsa de la compra. En cualquier caso, consiguieron que alguien los adquiriese frente a sus competidores.

Sí, aunque te pueda parecer extraño, esos artículos fueron capaces de seducirte en un instante puntual, aunque ya ni siquiera recuerdes cómo ni porqué. Lo justo para que tú (o alguien) los comprase.

Pero todo esto tiene truco y se llama DISEÑO.

El diseño es el ingrediente mágico de la poción, el que nos engatusa y nos seduce tanto que lo último que haríamos sería dejar esos zapatos tan maravillosamente diseñados en la estantería de la tienda o no contratar a esa empresa que me acaba de mostrar sus servicios en un video cuidado y de tanta calidad que parece que lo hubiera creado sólo para mí.

Porque sí, por lo menos para mí, diseñar es seducir.

Y podemos seducir diseñando prácticamente en cualquier ámbito que se nos ocurra.

Diseñando un embalaje atractivo podemos seducir a un cliente de un supermercado para que elija a ese producto y no el de al lado en el lineal de un supermercado.

Diseñando un buen currículum vítae podemos seducir a la persona que selecciona el personal de la empresa de nuestros sueños y conseguir que nos contrate.

Diseñando una web de calidad, fácil de usar y confiable, podemos seducir a muchos clientes para que usen nuestra plataforma y no otra para hacer sus compras online.

Diseñando un vídeo y unas fotos promocionales de calidad podemos seducir a muchos turistas y que lleguen a la conclusión de que nuestra casa rural es el destino idóneo para pasar ese pequeño viaje de desconexión que están preparando.

Diseñando un escaparate original y sorprendente podemos seducir a cualquiera para que entre y compre ese regalo que tanto quiere su pareja en nuestra tienda y no en la competencia.

Diseñando un plato, con una mezcla estratégica de formas y colores, podemos seducir a nuestra hija pequeña para que lo coma aunque odie las verduras.

Diseñando una conversación infalible podemos seducir a la persona que nos gusta desde hace tanto tiempo y conseguir que nos de esa cita con la que arrancar nuestra historia compartida.

Todo esto y mucho más se puede conseguir con un buen diseño.

Pero nada de lo anterior tiene valor alguno si el producto con el embalaje tan atractivo es de mala calidad, si hemos colado mil trolas en nuestro currículum, si nos retrasamos en los envíos desde nuestra web, si nuestra casa rural tiene hormigas y no funciona el agua caliente, si no atendemos bien a esa pareja que entra en nuestra tienda de escaparate fascinante, si las verduras de ese plato tan bonito están en mal estado o si hemos mentido en la conversación con la que conseguimos a nuestra media naranja.

En este juego de seducción, la forma, el diseño, es importante para que se produzca el primer chispazo, para que aparezca de la nada el hilo de seda casi invisible que nos conecte de forma instantánea con el producto o con el servicio que nos ofrecen. Pero es el fondo, su contenido, su esencia, lo que va a dar sentido a su existencia y hacer posible su pervivencia.

A mí me encanta el diseño y puedo enamorarme en menos de un segundo de un diseño alucinante pero vacío. Eso sí, la seducción dura poco más de esos segundos iniciales e igual de rápido que aparece, se va.

Por eso, mis favoritos son los diseños de calidad, mejor si son sorprendentes o incluso disruptivos, pero siempre construidos sobre unos principios, unos valores, un contenido y una intención clara que los sustenten.

Suena un poco obvio, ¿no? Pues basta con darnos una vueltecita por la redes sociales para ver cómo no es algo tan evidente; estamos inundados por millones de ejemplos de forma sin fondo y cutrerío máximo.

Y a mí, desde luego, eso no me seduce. ¿Y a ti?

Adelante!

Fernando Barrena
Director de Proyectos de Emprendedorex.
C.E.O. 2pescados diseño gráfico.

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