El talón de Aquiles de la democracia.

Aunque la democracia no es perfecta, es el menos malo de los sistemas de gobierno, un razonamiento que no debía hacernos caer en la complacencia, sino más bien en un estímulo para perfeccionarla, porque de ello dependerá nuestro futuro y el de las próximas generaciones. Necesitamos revisar las costuras por las que se desangra y plantear un nuevo contrato social para actualizarla.

Los vicios y las malas prácticas que están socavando los cimientos de la democracia:

  • “Democracias gallinero”: una deriva donde una mayoría ciudadana reduce el papel de la democracia a opinar de todo aunque no se tenga ni idea de lo que se está opinando. Esto genera con el tiempo un ruido ensordecedor, donde cada cual se siente en posesión de la verdad desde sus opiniones sin que importe lo más mínimo si son fundadas o no.
  • “Democracia como fuente infinita de reivindicación de derechos”: como si la democracia se redujera a un espacio para la reivindicación permanente de los derechos, una actitud que repetida en el tiempo genera una cultura de pedigüeños eternamente insatisfechos haciendo ostentación de la queja y el escaqueo de responsabilidades.
  • “Democracia del cortoplacismo”: enfoque en el regate corto, pensar en el futuro y trabajar para las futuras generaciones no es rentable, porque el capital en disputa y único objetivo es pescar votos fáciles prometiendo prebendas y regalando el oído con demagogia barata; haciendo lo que se pueda inaugurar en cuatro años aunque sea una mala inversión. El resultado: nadie se ocupa del futuro, de las cosas importantes (educación, medio ambiente, modelo económico…). No hay manera de planificar, no hay manera de poner en la agenda política lo importante delante de lo urgente… La consecuencia: tirar para adelante dando una patada a los problemas y pensando en las próximas elecciones, hacer lo “políticamente correcto” y endosar la deuda de nuestra incompetencia a nuestros hijos, nietos y biznietos (como mínimo).
  • “Democracia de las conversaciones prohibidas”: a los gobernantes exhaustos del “gallinero mediático diario” no les queda energía para enfrentar los desafíos importantes. El cambio educativo, el modelo productivo, el mundo del trabajo, la crisis climática… se convierten en temas tabúes de los partidos políticos (“eso no toca ahora porque nos quita votos…”). De los temas importantes no se ocupa nadie porque son fuente de conflicto, los dirigentes prefieren esperar a que los solucione el tiempo.
  • “Democracia asamblearia”: el ser humano es asimétrico por eso no prospera en organizaciones simétricas. Todos los intentos de perfeccionar la democracia hasta convertirla en una gran asamblea permanente han fracasado a lo largo de la historia. Toda organización asamblearia evoluciona hacia formas de representación delegada o desaparece. Los intentos de democracia asamblearia tienden rápidamente a la “democracia de gallinero” y, de ahí, al conflicto y la disolución.
  • “Democracia para votar a cada momento”: Ciertas corrientes nos han hecho creer que perfeccionar la democracia es pulsar la opinión de la gente a cada momento y sobre cualquier asunto. Y eso no es democracia, es una locura que pone en riesgo el propio contrato social en el que se sustenta el sistema. Las emociones de la gente son fácilmente manipulables y los propios mecanismos de la democracia llevados a su extremo son la puerta de entrada a la tiranía. Se puede manipular la democracia para que la gente derroque la democracia, la democracia es fácilmente “hackeable”.
  • “Democracia del consenso”: se deja el abordaje de los grandes desafíos para cuando haya un acuerdo unánime de las partes (a sabiendas que nunca llegará), lo que se constituye en una ventaja y hasta en patente de corso para que las fuerzas conservadoras mantengan el statu quo. El consenso se convierte en el blindaje contra el cambio en aspectos tan trascendentes como la educación (nada se mueve por falta de consenso y se perpetúa el juego de lo que uno hace el otro lo deshace). El único recurso para avanzar ante el bloqueo por la falta de consenso es el liderazgo, y en democracia el liderazgo es un bien escaso porque supone tomar decisiones difíciles que son impopulares y no rentan adhesiones inmediatas.

La democracia no es un bien eterno que se nos entrega para que podamos realizarnos individual y colectivamente, es un sistema “no perfecto” altamente “hackeable”, un bien que tenemos que cuidar cada día, con enormes ventanas de seguridad para quienes intentan debilitarla o destruirla.

Los vicios de la democracia no solo son achacables al espíritu acomodaticio de los partidos políticos, es un problema de ciudadanos inmaduros y caprichosos que nos hemos creído que tenemos derechos infinitos sin asumir responsabilidades, merecedores de que se nos entregue el cielo sin dar nada a cambio, pensando que la democracia al final va a colmar todas nuestras necesidades y deseos sin esfuerzo.

El mal uso que estamos haciendo de la democracia ha derivado en una cultura de la dependencia, donde las personas nos enfocamos en pedir en lugar de dar y prometer. Una “cultura democrática” basada en la reivindicación del “dame algo” y “qué puedes hacer por mí”, en lugar del “qué puedo ofrecer a los demás”.

Por desgracia, la democracia crea grandes bolsas de “personas pobres de espíritu”. Y pese a todo ello, la democracia sigue siendo un bien escaso, un bien que nos convoca a ser responsables para preservarla y perfeccionarla, un ejercicio que nos exige alcanzar la mayoría de edad como ciudadanos.

Vivimos en un momento crítico que nos va a exigir altura de miras, ante una normalidad que va a ser la incertidumbre y la crisis permanente, una responsabilidad que han de secundar los gobernantes y los partidos políticos: sacando de los cajones las cosas importantes, abandonando el sucio espectáculo diario de la confrontación, mirando a los ojos a la ciudadanía y proponiendo un nuevo camino para transitar juntos.

Mejorar la democracia nos va a convocar a un nuevo contrato social, que solamente se puede plantear desde un nuevo liderazgo que se haga cargo de los desafíos monumentales que enfrentamos, un nuevo liderazgo que pueda reparar sus costuras, líderes que aborden las conversaciones prohibidas de la política sin tapujos, líderes que nos miren a los ojos y nos hablen de los grandes problemas que tenemos, líderes con un proyecto de futuro en su cabeza, líderes que piensen en las futuras generaciones antes que en las próximas elecciones, líderes que nos convoquen a la acción… Solo así vamos a fortalecer la democracia, dispuestos a ofrecer nuestro esfuerzo y sacrificio, abandonando la queja por la acción… Solo así podremos sortear los peligros que la acechan y a los buitres que esperan hacerse con sus despojos.

Adelante!!!

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